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Full text of "Montevideo bajo el azote epidémico"

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HEHilCIIO C. FAJARDO 



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%[ 6v. luán llamón t&om ¿j 



Presidente (fe ¿a Sociedad /fe Bene/icencm, í/ Více- Presidente 
de la Jimia Económica ■ A. dminktrathm de la Capital !,■ enejer- 
efeio (fe fe Presidencia. 



^ <w. mt- c/id/in^jti-f/o cmn^i aéno/cz , ' 
4 < 2 ^ ^ mvc/d¿od y ^¿r&n.= 

ct/tr-t/é canrtftconed c/át y rancá-adti a ’u % a * 
Aunumdarta, Ápüe mtt/tf fét/u/amenfe 
Ac /odyut^ac/o en ed/e o^uidc¿iá>/ a W. 
itnia; ae /ad mad mead cijficranzad c/e edet 
Mnemet&n jt oven. , tnle/t^en/e ^ vt^w ( oda 
en Cfue ed¿-r¿/>an /od JvJiorod t/ed/inod e/e 
/k ^ia/.dídj me Jopo- ten c/c/er- en e/ecá>- 
cae edóctd /uyina-ó cama ion e/e'/tf ¿ed¿t= 
manto- c/ef a/¿o a^t recto en aue. / lenyo. 



ESPLICACION 




Aí publicar este opúsculo, me hago un deber en salvar 
los escrúpulos que me asaltan de que pudiera dársele una 
interpretación errónea, suponiéndole pretensiones que no 
tiene y que han estado muy distante de la mente de su au- 
tor al escribirlo. 

No me he propuesto hacer en él la historia de la epide- 
mia que ha enlutado á Montevideo, como pudiera presumir- 
se por su título- — Tampoco la novela. 

Para lo primero, era indispensable el auxilio de profun- 
dos conocimientos científicos que estoy muy lejos de poseer. 
— Para lo segundo, había en la realidad do los hechos que 
me propuse abrazar al escribir estas páginas, demasiado in- 
terés, demasiada novedad para que fuera necesario ocurrir ¿ 
las ficciones romanescas á fin de presentar un cuadro de 
escenas animadas y tipos sobresalientes. 

He tratado simplemente de escribir á la ligera mis propias 
impresiones durante esa horrorosa trajedia de que he sido 
espectador, y que ha tenido por teatro la capital de mi 
patria. 

por otra parte, en esa imponente exhibición han militado 
caracteres tan hidalgos, sentimientos tan nobles, rasgos tan 
filantrópicos y magnánimos, — tanta generosidad, tanja con- 
sagración, tanto beroi sino,— que creo poner estas paginas 



vm 



al abrigo de la critica mordaz, diciendo que su principal 
objeto es salvar aquellos bellos recuerdos del olvido, con- 
signándolos en ellas, .si bicH imperfectamente, á lo menos 
con admiración y gratitud. 

Nada mas fácil,— despúes de la franca esposi^on que de- 
jo hecha mas arriba, y si se tiene en cuenta que la mayor 
parte de este opúsculo ha sido escrita sin el auxilio de mas 
datos que los que me suministraba mi memoria, — nada mas 
fácil, decía, que el que haya involuntariamente incurrido cu 
algunas ligeras inexactitudes ú omisiones. 

Pero— lo repito — jamas me propuse escribir la historia 
de la epidemia, sino unos breves apuntes sin pretensión ni 
consecuencia, como las notas que toma el viajero en su car- 
tera al través de una jornada penosa. 

¡ Que ¡í lo menos los nombres que contienen les sírvan de 
intermediarios para la pública indulgencia 

lEeracllo €. ájanlo* 

Montevideo, /7 de Jumo de 4857* 




ADIOSES DEL PLACER 



Los primeros dias dei mes de marzo de 1S57 deslizaban- 
se halagüeños para la leda ciudad, para la blanca sirena de 

la margen izquierda del gran rio. 

Los postreros calores del estío iban ya cediendo el paso á 

las templadas brisas del otoño. 

Montevideo, irguiéndose donosa sobre su base de granito, 
aspiraba en esas brisas el per tome de sus llores, las ulti- 
mas emanaciones de sus fecundos vergeles. Las espumosas 
olas del magestuoso Plata lamían sus blancos pies con man- 
sedumbre y. amor, que jugaban con ellas negligentes como 
con albos cojines la planta de una odalisca. 

Descuidada y voluptuosa, entregábase en brazos del pla- 
cer, queda arrullaba con cánticos amorosos, con embriagan- 
tes saturnales. 

Teatros, bailes, paseos ; torrentes de harmonía, esponsio- 
nes de dicha cu todas partes. 

En su febril oscitación veíase aun impresa la huella de las 
alegres carnestolendas, que acababan de abrir una ancha vía 
de expansión al público solaz. 



10 — 



Por ci din: — 

Animación insólita en las calles ; 

Movimiento en el comercio ; 

Actividad en la industria; 

Paseos, cabalgatas:— las aceras espaciosas de ja hermosa 

cal I e d c l 18 de Julio, cu a j ad a s d e pa sean tes p o r 1 a la r d e ; 

los caminos de la Union, la Aguada, el Paso del Molino, 
cubiertos de camiages y jóvenes á caballo acompañando gen- 
tiles amazonas. 

Por la noche: — 

La calle del de Mayo despidiendo torrentes de luz de 
su profuso alumbrado á gas, de los hermosos estabeermien- 
tos europeos que la componen, — ofreciendo en sus aceras 
una concurrencia compacta y elegante de ambos sexos, que 
se deleita con las preciosas sonatas que ejecuta la música 
militar; 

Tertulias de disfraz y de particular en varias casas, que 
ofrecen otros tantos centros del mas ameno solaz, del nías 
social pasatiempo ; 

El magnífico teatro de Solís, — nuestro mas helio mo- 
numento arquitectónico,— abriendo nos sus puertas y brin- 
dándonos en su precioso recinto las emociones del drama ó 
los encantos de la ópera: — la seducción física y moral de 
Matilde Duelos, de esa muger encantadora y de esa esco- 
len te actriz, — ó las notas simpáticas, sentimentales y dulces 
de Sofía Vera Loriní; los arranques apasionados, enérgicos, 
sublimes de TamBerlíck, de esa celebridad universal, deesa 
organización privilegiada , de ese Dios de los tenores ; 3a 
voz aterciopelada, embriagadora y voluptuosa, como su gra- 
cia y su ademan, de Annetta Cassaloní, 

La población afluye allí con preferencia, y es de ver como 
rivalizan la hermosura y ü\ lujo de nuestras damas con la 
elegancia y belleza del suntuoso edificio, cuyo rico arleso- 
nado sirve de digno dosel á tanta cabeza regia. 



— lí — 




Todo era animación, todo alegría* 

No parecía sino que aquel generoso pueblo hubiera teni- 
do un vago presentimiento de su pjfócsima catástrofe y die- 
se al placer un adiós, embriagándose en sus febriles emo- 
ciones * t 

Y los primeros dias del mes de marzo de 1857 deslizá- 
banse así para la leda ciudad, para la blanca sirena de la 
margen izquierda del gran rio. 

y ios postreros calores del eslío iban ya cediendo el paso 

á ias templadas brisas del otoño. 

Y Montevideo, irguiéndose donosa sobre su base de gra- 
nito, aspiraba en esas brisas el perfume do sus llores, las 
ultimas emanaciones desús fecundos vergeles* 

Y descuidada, y voluptuosa, entregábase en brazos del 
placer, que la arrullaba coa cánticos amorosos, con embria- 
gantes saturnales* 



De súbito, un terrible escalofrío coge sus miembros, y se 
pinta cu su semblante una mortal palidez. 

Se inmoviliza su mirada y fijase, como el imán, en el ñor - 
Le con una espresion de horror, cual si viera destacarse de 
las negras murallas de las Bóvedas las ígneas letras de su 
Mane Thecel Pitares ! 



Sus labios se contraen en medio de una sonrisa, y suel - 
tan un grito sordo, lúgubre, fatídico, cual si una horrible 

serpienLc se enroscara en su garganta. 

En seguida tambalea, éstínguese el brillo de su mirada y 
tumba en tierra exábime y descompuesta, pero hermosa, y 
simpática no obstante 1 . . . . + 

¡ Qué tienes, Montevideo? ¿ Qué tienes, virgen querida *.*. 
Jamas tu frente se empañara con esas manchas histéricas 



que la envuelven como un sudario* 

Jamas tu cielo, que diera envidia al de Ñapóles, se nubla- 



ra como ahora. 



— 12 — 



■famas pesara en m atmósfera mas que él perfume do fas 
ÍIojts, y los besos amorosos de las auras balsámicas Vlcf 
Plata. „ , . ; 

¿Que tienes, Montevideo? ¿Qué tienes* virgen querida?... 
¡Ay!*., i La epidemia está en tu seno y le desgarra las 
entrañas ! * . . 



EL AZOTE 



ÍJu cambio súbito, y completo, tina transición rápida y 
brusca de la alegría al dolor operóse en la ciudad. 

Una terrible confusión, un doloroso clamoreo estalló en 
lodos sus ángulos. 

Los primeros síntomas de una mortal epidemia* de tur 
azote terrible y misterioso habían sé ya pronunciado hacien- 
do víctimas á cada hora, á cada minuto, á cada instante, 

Montevideo ofreció repentinamente un aspecto de desoía* 
don indescriptible. Rumores diversos y á cual mas aterra- 
dor llevaban el espanto al seno de las familias con Ja velo- 
cidad del pensamiento, con d efecto del rayo. 

tu e r a Ja I i obre a i u a ri 1 1 a i nipor La rl a d e 1 Br a sil por un a íV 
mi lia que había burlado la vigilancia hij¿ánica, desembar* 
cando en la ciudad antes de cumplir la cuarentena pres- 
tir i pta ; 

Ya el tifus ; 

Ya el cólera- niorb us ; 

Ya el vómito negro de la Habana; 



— 15 — 



Ya una dolencia endémica ó local desarrollada en la paite 
iioric de la ciudad, ó barrio de la Dársena, á consecuencia 
de los locos de infección allí estatuados \ 

Ya efecto del alumbrado i gas, ó antes, de la sima- 
don de la Usina en un punto demasiado céntrico de la 
ciudad, y de la existencia de residuos venenosos en el es- 
tanque del gasómetro, 

Y ni faltó quien lo atribuyese, — en las ciases ignorantes y 
supersticiosas, por su puesto,— á Ja corrupción voluntaria 
dé la atmósfera mediante ia-ficionamientos químicos tan ima- 
ginarios como absurdos. 

La confusión, la incertidumbro penetró hasta en la esfe- 
ra áe la ciencia, Es verdad que La enfermedad presentaba 
diversas faces y se manifestaba con síntomas diversos. 

La ¿unta de Hijieno se limitó al principio á publicar mi 
sistema preventivo y curativo para \á fiebre remante , sin de- 
terminar no obstante su carácter, interpelada por la ansie- 
dad general, por el público conflicto, decidióse al fin á ca- 
racterizarla de pebre gástrica grave . 

Pero esta definición tenía tal colorido de in certidumbre é 
inconsistencia, que, habiéndose la población apercibido de 
ello, estuvo muy lejos de satisfacer sus exijencias y de cal- 
mar su ansiedad. 

Entre tanto, el desarrollo de la enfermedad progresaba y 
esta tomaba porporciones aterradoras. 

El número de las víctimas aumentaba cada día, y ¡ des- 
graciados de aquellos á quienes el sórdido flajolé tocaba con 
su mano, porque ya no les quedaba esperanza de salvación, 
y se presentaba desde luego ú sus ojos extraviados la som 
bría perspectiva de la tumba ! . . . ■ 

De diez, uno no escapaba 1 

Los socorros de la ciencia eran insuficientes, y ias mas 
veces estériles. 

La causa no estaba bastante averiguada y los efectos eran 



— U — 



de una inconsistencia y una variedad demasiado infinitas 
para que aquella pudiera ser combatida de frente y eficaz- 
mente. 

La ciencia perdía la cabeza* 

El pueblo, la confianza en sus auxilios* 

Bien pronto la terrible y misteriosa epidemia, como la 
ígnea columna de la biblia, fue ganando terreno y sembran- 
do en todos los ángulos de la ciudad la muerte y el espanto, 
persistiendo sin embargo c©n mayor ensañamiento en la 
parle del norte, donde se había pronunciado y hecho mayor 
número de víctimas* 

Las camillas que conducían á estas al Hospital de Caridad 
cruzaban en todo sentido las calles de la ciudad, y los apes- 
tados que iban en ellas exhalaban aves de dolor que estre- 
ñí ocian hasta Ja últirha libra de ios transeúntes con un ter- 
ror glacial, indefinible L.* 

Los carros fúnebres transitaban en todas direcciones, r á 
todas horas del día y de la noche, cargados de cadáveres y 
en busca de estos, atronando el aire, perturbando el sueño 
agitado de la población y horrorizando el espíritu con su 
ruido monótono y peculiar que el oído percibía, ó antes, 
presentía á cuatro y cinco cuadras de dis Lancia* 

La presencia de la epidemia se hacía sentir cu todas par- 
tes y en todo* 

A la animación habitual de la ciudad, al tránsito de sus 
calles, al ruido de la industria, al tráfico del comercio, ha- 
bía sucedido un silencio sepulcral, una soledad aterradora* 

Todas las puertas y- ventanas, herméticamente cerradas* 
— La mitad de Jas casas de comercio apenas continuaba con 
las suyas abiertas á medias* 

Uno que otro transeúnte apretando el paso y con el ter- 
ror pintado cu el semblante* 

Las casas publicas desiertas. 

La población como soterrada* 



PÁNICO-FUGA 



La mayor parte había huido. 

El pánico, esa dolencia moral que se apodera de las ma- 
sas en presencia de las calamidades do un orjjen descono- 
cido y de una naturaleza morbífica y mortal; el pánico, que 
á su turno es una de las mas grandes calamidades de los 
pueblos, apoderóse del nuestro ú los primeros síntomas de 

la epidemia y aconsejóle una flaqueza: la fuga!. 

Es verdad que la impotencia déla ciencia para combatir 
con éxito los estragos de la peste (Scusaba al principio esta 
flaqueza; pero era de esperar que la esperiencia de algunos 
días demostrarla al fin el verdadero carácter de la epidemia, 
y que entonces aquella sería bastante poderosa para dispu- 
tar á esta sus víctimas y vencerla en lucha hcróica. 

Es verdad que pesaba sobre la ciudad una atmósfera de 
plomo, con corrientes de aire inficionado y de miasmas de- 
letéreos, que sofocaba la- respiración y daba vértigos. 

Es verdad que el espectáculo fúnebre, que pálidamente 
bosquejamos en el capítulo anterior, quebrantaba los ánimos 
mas fuertes y sofocaba todas las voces que no fuesen la de 

la propia conservación. 

Pero Montevideo, la bella y desgraciada Montevideo, he- 
rida de muerte, tenia todos los títulos de madre: tema el 
derecho de exijir la presencia de todos sus hijos ante su 
lecho de agonía, su asistencia cariñosa, sus esfuerzos ince- 
santes por arrancarla de las garras del 11 ajelo e uunp i 

miento dé sus deberes filiales. 

¡Y sus hijos huían, huían al par del estranjero, abando- 
nándola al dolor, al sufrimiento, á la agonía! . 

Pero no huían lodos, felizmente. 



— 16 — 



Bien pronto nos ocuparemos de los que quedaban: con - 
cluyamos con los que se iban. 

Ya liemos dicho que estos eran naturales y adoptivos, 

Y no era estraño que los particulares adoptasen esa me- 
dida irréflecsiva y pusilánime para eludir e¡ alcance del báje- 
lo, cuando muchas de las elevadas categorías oficiales— cuya 
presencia ante el peligro era exigida por compromisos mas 
sagrados — desertaban de su puesto, dándoles el mal ejem- 
plo, desmoralizando la población y dejando á los esfuerzos 
de esta la salvación de la crisis; esfuerzos que se estrellaban 
en la impotencia por carecer de un impulso superior que 
sistemara su empleo, vigorizara su acción y los liiciera fe 
cutidos. 

Por otra parte, la falta absoluta de diversiones públicas 
que distrajeran el espíritu y ahuyentaran de ó! un solo ins- 
tante la obsesión de la epidemia, acrecentaba el pánico que 
irresistiblemente invadió la población, haciéndole insopor- 
table la permanencia en la infeliz Montevideo, que, mas que 
de ciudad, ofrecía cí aspecto de un vasto cementerio. 

¿ Ibais á hacer una visita ? 

— ¡Entrabais en un sepulcro! — 

¿Ibais á ver á un amigo? 

— ¡Encontrabais un cadáver! — 

La emigración se efectuó, pues, en gran escala y con la 
rapidez de las resoluciones estreñías. 

Las familias mas pudientes, abandonaban las comodidades 
de sus casas con la precipitación y confusión del miedo, pa- 
ra transportarse á las pobres, chozas de las cercanías de la 
ciudad, á las estancias y ú los pueblos de campaña, donde 
preferían esperimentar toda clase de necesidades y males- 
tar’, la carencia de los primeros renglones para la subsisten- 
cia y. hasta de los recursos de la ciencia, en el caso muy 
probable de que la peste invadiera la campaña. 

Los hombres abandonaban sus negocios, sus intereses 



mas grandes para seguir a sus familias. 

Algunos de ellos venían por el día á la ciudad á ocupar 
se de sus asuntos, y regresaban por la noche al campo, sin 
comprender que estos cambios frecuentes de atmósfera po- 
día! serles mas funestos que lá permanencia en- la ciudad. 

En el él timo tercio del mes dé marzo, durante todo el de 
abril y parte del de mayo, esta triste emigración no cesó mi 
solo di a de dejarnos un aumento de desconsuelo y abati- 
miento á los que quedamos en la aflijída ciudad, y velamos 
cu aquella despoblación su mas terrible flajolo: el que te" 
nia que traerle consecuencias mas funestas, para su adelan- 
to y bienestar, que el que entonces la azotaba y que bubiu 
rase podido estirpar en pocos dias de su seno con el es- 
fuerzo colectivo do todos sus habitantes. 



Cuántas consideraciones podríamos hacer aquí á este res- 
pecto, si escritores de -mucha mas altura é i ntelijencia— en- 
tre los que resalla nuestro ilustrado amigo y compatriota, 
Br> Jh Juan Caídos Gómez— no las hubiesen ya hedió valer 
en una serie de artículos, con el brío de su talento y la elo- 
cuencia de su palabra, para lustre de su nombre y bien de 
esta tierra querida. 

Volvamos, pues, á encarar la situación do Montevideo ba- 
jo el azote epidémico, que felizmente lia cesado, con la es. 
pera nza muy fundada de que la serie de Urbajos para el me- 
joramiento de sus condiciones liijiénicas y locales — que con 
tanto celo, actividad y patriotismo lleva adelante la Gqnib 
sioú de Salubridad, compuesta de los señores Dr. D. Joa- 
quín Requena, L>. Juan Ramón Gómez, Dr. Ib Ferrnin Fer- 
ré ir a, el ingeniero D. Antonio Montero, y Ib .luán Jaekson — 
garantirá á nuestra bella capital contra la reaparición de ia 
epidemia; y de que si esta llegase desgraciadamente á efec- 
tuarse en lo sucesivo, ninguno de sus habitantes la volverá á 
abandonar ni se dejará dominar por los eseesos del pánico. 




EL HOSPITAL DE CARIDAD 



j Caridad! - . - . fiel compañera de los buenos* celeste 
emanación del corazón humano, balsámica virtud del evan- 
gelio! , . * á ti se debe, oh dulce caridad cristiana, ;i tí, 
que echaras hondas raíces en el pecho ele este pueblo mag- 
nánimo y religioso, á ti se debe la erección de ese benéfico 
establecimiento que abre hoy sus puertas al infortunio do- 
liente, á la indigencia sin asilo, al huérfano sin hogar; á U 
se debe que estos hallen en su seno un lecho para sus 
miembros, nn pan para su hambrienta boca, la salud para 
su cuerpo enfermizo, consuelos para su espíritu, alivio á sus 
sufrimientos ! 

\ Qué consolador espectáculo el que hoy ofreces en medio 
de la pública consternación, oh bienhechora caridad í 

| Cuántas lágrimas enjugas, cuántos dolores lenificas, 
cuántos párpados se cierran dulcemente para dormir el sue- 
ño eterno merced á tu maternal presencia junto al lecho de 
agonía ! 

[Cuántos espíritus se desprenden de sus prisiones corpó- 
reas, bendiciendo la muerte entre tus brazos, y se remontan 
ai ciclo con )u unción de tu palabra y con las alas de tu fe ! 

¡ Oh caridad del evangelio ! tú eres al menos una verdad 
entre nosotros ; una verdad consoladora y fecunda, qué for- 
tifica el corazón é indemniza las decepciones del hombre, Jas 
ilusiones agostadas, las creencias abatidas! .... 

Tú eres ía revelación mas acabada de esa otra vida* de 
eternas recompensas; porque sin tí no alcanzaríamos á com- 
prenderla,— como no comprcnderiamos la de penas tre- 
mendas é irremisibles sin la existencia del egoísmo, el cri- 
men y la maldad. 



— 19 — 



El Hospital do Caridad de' la capital de la República fué 
fundado en el último tercio del siglo pasado, por el virtuoso 
y memorable Oriental D. Francisco Antonio Maciel, llamado 
generalmente el padre de los pobres* Su retrato existe en una 
de las salas principales del establecimiento y el recuerdo de 
sus virtudes en la memoria de todos sus compatriotas que le 
conservan y conservarán como una herencia de gratitud y 
un modelo de piedad* 

Las dimensiones de un opúsculo no nos permiten ocu- 
parnos de detalles acerca de este vasto y cómodo edificio, 
cuya administración general esta hoy al cargo de la Sociedad 
de Beneficencia, y la interna al de la Superíora de las Her- 
manas de Caridad, últimamente incorporadas á él* 

Solo diremos que contiene todas las reparticiones inhe- 
rentes u un establecimiento de su género, sirviendo ai mismo 
tiempo de casa de espósítos y residencia de dementes de 
ámbos sexos* 

La amplitud del edificio permite aún que tenga su iglesia 
propia, y un colegio de niñas pobres esternas* 

Cuanto pudiéramos decir en elojio de su actual adminis- 
tración no cscedería los límites de lo justo. 

La Sociedad de Beneficencia, presidida dignamente por 
nuestro virtuoso y modesto compatriota el Sr. 1). Juan Ra 
mou Gómez — de quien nos hemos de ocupar nías de una vez 
en el correr de estas páginas — ha hecho en honor del esta- 
blecimiento ti su cargo cuanto puede inspirar el fervor luí- 
mam taño, el celo caritativo. La abundancia de recursos, la 
regularidad en el servicio, la perfecta asistencia de los enfer- 
mos y la pulcritud del edificio son las pruebas mas elocuen- 
tes de aquel celo y fervor* 

Es preciso visitarlo para hacerse una idea de lo que deci - 
mos, y para sentir desvanecerse inmediatamente esa instin- 
tiva repugnancia que nos inspira el nombre de Hospital, 

Algunos infelices atacados por la epidemia y dominados 



— 20 — 



pur esta repugnancia, se lian resistido á dejarse conducir á 
aquel establecimiento, prefiriendo morir mal asistidos' en el 
oscuro rincón de su pobreza. Y entre tanto, allí los aguarda- 
ba una asistencia esmerada, una consagración de familia y 
lodos ios recursos de ía ciencia. 

Durante la epidemia, el Hospital de Caridad ofrecía tln 
cuadro aterrador al par que ente mecedor . 

Las salas destinadas á los apestados estaban cubiertas de 
camas, en las que aquellos se debatían contra la sana del 
flagelo, con las convulsiones de la agonía, desgarrándose el 
pecho con las unas como para dar salida al fuego que los 
devoraba interiormente, y oprimiéndose ía frente con las ma- 
nos como para impedir que se partiese con los latidos del 
cerebro, 

AI lado {le aquellas camas, sobre cada una de las cuales 
fluctuaba un infortunado entre las ansias de la muerte y la 
esperanza de la vida, veíanse frecuentemente algunos hom- 
bres distribuyendo á los enfermos, ai par de la medicina del 
cuerpo* la medicina del corazón y del espíritu,— palabras 
consoladoras llenas de unción y de le, que vigorizaban el 
ánimo abatido del paciente y triunfaban muchas veces del 
germen deletéreo, engendrando en Oposición la energía de 
voluntad, ó dulcificaban su agonía con la esperanza del cielo. 

Entre esos, nobles sacerdotes de la humanidad y de ía fe 
distinguíanse dos hombres de un aspecto simpático y venera- 
ble, de una mirada dulce, triste y apacible. Su existencia 
parecía alimentarse y adquirir una resistencia sobrehumana 
con el fervor humanitario, pues raros instantes se les veía 
abandonar aquel teatro de dolor; y sin embargo, en sus pá- 
lidas mejillas, en su semblante desencajado pero radiante 
siempre de una bondad evangélica, notábanse profundamente 
marcadas las huellas de la abstinencia y el insomnio* 

Yeíascles comunmente al lado de aquellos que mas su- 
trían, administrándoles muchas veces los medicamentos pres- 



— 21 — 



criptos, incorporándolos con sus brazos, recostándolos á su 
pecho, llenando todos sus deseos, respondiendo á todos sus 
gemidos con una palabra alentadora. 

Cuando la fuerza morbífica triunfaba finalmente de la na- 
turaleza, de la ciencia, de cuanto se le oponía; cuando al- 
guno de esos infelices daba el ultimo suspiro y escuchaba 
todavía la voz que le decía— ¡valor y confianza en Dios! — 
cada uno de aquellos hombres doblaba una rodilla, se in- 
clinaba sobre el cadáver y murmuraba en voz baja una ora- 
ción. — En seguida se levantaba, enjugaba con el dorso de la 
mano las lágrimas de su rostro y se dirigía al lecho de otro 
paciente á renovar sus desvelos. 

Estos dos hombres beneméritos, estos incansables misio- 
neros de la humanidad y apóstoles fervorosos del consuelo- 
eran los dignos jesuítas el Padre Luis y el Superior Sartori. 

Al par de ellos solía frecuentemente verse recorriendo las 
camas de los enfermos, alentándolos eon palabras afectuo- 
sas y vigilando su asistencia, al digno presidente de la So- 
ciedad de Beneficencia, D. Juan Ramón Gómez, al Sr. D. 
Jacobo Yarda , y á nuestro joven amigo D. Pedro Amonio 

Gómez, 



LOS ANJELES DEL CONSUELO 



Pero ¿qué formas humanas son aquellas que corren de un 
lecho al otro, de una á otra sala — de dia, de noche; á todas 
horas— asistiendo á los pacientes con fraternal solicitud, con 
infatigable esmero infundiéndoles "valor, resignación, espe- 
ranza-hablándoles de Dios, de Providencia omnipotente y 
misericordiosa— infiltrando en su pecho lacerado el bálsamo 
de la fé y una cristiana entereza con el ejemplo del calvario? 

¿ Q'dcnes esas heroicas mujeres que desalían asi los pe- 
ligros de la muerte— ei) cuya consagración sin límites, en 
cuyo celo humanitario, en cuya célica bondad, en cuyo ina- 
gotable sub imiento, en cuyo semblante afectuoso, en cuyo 
acento dulcísimo y en cuyas evanjélicas palabras creeríais 
reconocer— Zos ánjeles del consuelo? 

Leed lo que sigue, y sabréis como se encuentran allí, 
quienes son, de donde vienen y cual la misión que ejercen 
con el holocausto do su vida. 

«Ene! Hospital de Caridad de esta ciudad de Montevi- 
deo, capital del Estado Oriental del Uruguay, á primero de 
Diciembre del año de I85G, como á las ocho y media de 
la mañana, el Sr. Presidente déla Comisión de Caridad, 
D. Juan lía mon Gómez, acompañado de los empleados mas. 
caracterizados del Establecimiento que lo fueron D. Ildefon- 
so Payan, Ecónomo, D. Nemesio Corrales, Agente pagador, 
D. Antonio Navarro y el que suscribe, Secretario de la Ma- 
yordomía, y de las ocho Hermanas de Caridad que abajo se 
espresan; pasó á darles posesión de todas sus salas y do- 
mas departamentos, haciendo en cada uno de ellos una alo- 
cución alegórica al acto, así á sus empleados como á los 



— 25 



enfermos, para que considerasen á las Hermanas de Caridad, 
con todo el respeto y acatamiento debido al noble encargo 
para que habían sido llamadas, de socorrer y aliviar A la 
humanidad doliente ; abandonando la patria lejana, deudos 
y familia, sin mas recompensa que Ja satislacelon de su co- 
razón al hacer bien á sus semejantes- Acto continuo distri- 
buyeron las hermanas, a los empleados y enfermos de am- 
bos sexos, una pequeña medalla de la Purísima Virjen Ma- 
ría, quienes recibieron este presente con verdadera unción 
y recoj í m i en to reí i j i oso , da ndo a 1 a eerem on i a un ca i ac tei 
tierno y tocante, con lo que se dio por terminado el acto, 
quedando distribuido el servicio en el orden siguiente: 

a Casa de Espósitos— Madre Superidra María Clara IV 

destá; _ , T 

« Salas de Cirila, Crónicos, San Jijan de Dios y Me- 
dicina— Hermanas María Scolús tica Cede, Vicaria, y María 

Petronila Ansaldí; - , 

« Maciel, Oficiales y Pudientes— Hermana Mana Croci- 

iija Rebullo ; 

Provisoria, San Vicente de Palla y Ropería — Hermana 

María Alio usa Covino; , 

«Z adala y Despensa — Hermana María Inés Irclumo y 



Sor Clara Adan i; 

& Cocina — Hermana Felipa SolarL 

« El Sr. Presidente ordenó se labrara la presente acta que 
firmó con las Hermanas y empleados, para la debida constan- 
cia y con el objeto de perpetuar la memoria de un aconteci- 
miento del cual se esperan tantos bienes, — El mismo Sr, 
Presiden Le dispuso que se pasase copia u la Secretaría de la 
. Comisión de Caridad y Beneficencia pública á los ímes es- 

presados, j> {*} r . , 

(Sumen las firmas .) 



H La piante Acia dc¡ incorporación' de loa Humanas de Ca 
visto hasta hoy la luz pública, y debemos a la bondad Ucl br, t). Juan llamón 

íVúmea íj! permiso íle inserí arla en este opi'iatulo, 

1 (N* IiMíA. J 




04 



Tres meses después de la incorporación ae esas virtuo- 
sjs mujeres al Hospital de Caridad, la mano implacable y 
destructora del Bájelo arrojaba á las puertas de este piado- 
so establecimiento centenares de victimas indigentes de lodo 
sexo y edad, que reclamaban entre gemidos de dolor y con- 
vulsiones de agonía los cuidados maternales, la asistencia 
caritativa y abnegada de aquellos ángeles del consuelo * 

INo parece sino que la mano previsora y misericordiosa 
de la divina providencia había esperado el arribo de esos 
ánjeles á la ciudad condenada por sus decretos misteriosos, 
para descargar sobre ella el formidable rayo de sus iras y 
evidenciar él esceso de su bondad, aun en medio de la cs- 
pfósion dé su cólera ! * . * 

i Que espectáculo sublime de abnegación y humanidad el 
que entonces ofrecían esas piadosas mujeres, esponieifdo su 
vida á cada instante por la salvación do la de sus herma- 
nos en Jesucristo; despojándose de todo jen ero de escrúpu- 
los, lidiando con los en Termos , respirando su aliento con- 
tagioso, pasando noches enteras á la cabezera de su lecho, y 
suavizando sus dolores con palabras de consuelo, con la 
balsámica unción de la esperanza y de la le ! , , . 

Ya os liemos dado una imperfecta idea de sus obras; es- 
cuchad ahora sus palabras:— 






En el nosirre de Dios, nuestro Señor, y de so 
Madre la Viiijen Marta. 



y de so Santísima 




Q5 — 



Hermanas de Caridad, hijas de María t un abrigo á vuestro 
desamparo, alimentos y medicinas de que está abundan te- 
men te provisto nuestro Hospital. Nada os fallará y podréis 
consideraros en d seno de vuestras familias— Siempre ve- 
laremos á vuestra cabecera, solícitas para observar los me - 
nores síntomas de vuestra enfermedad — Sí Dios es servido 
llamaros á su santa gloria, los consuelos de nuestra sacro- 
santa relijion os serán prodigados sin reserva— Salas espa- 
ciosas y ventiladas tendréis en vez de las habitaciones insa- 
lubres que os sirven boy de asilo. En la convaleseéncia no os 
.faltará nada que pueda apresurarla y llevaros prontamente á 
vuestros trabajos— Sc^a engaña, hermanos, cuando os di- 
cen que venís a morir al Hospital, mientras que en él os 
esperan los cuidados y la asistencia mas esmerada— Si mu- 
chos de nuestros hermanos nos han dejado, ha sido porque 
han agualdado á que la cruel enfermedad que os persigue 
tomase cuerpo; porque han ocurrido al Hospital cuando no 
había remedio ni salvación— Todos ó cuasi todos los que 
han venido inmediatamente que sintieron los síntomas, se 
han salvado. Entre vosotros, encontrareis muchos de los 
que hemos tenido la dicha de ver convalecer— Mas de vein- 
te se pasean en nuestro asilo recuperando la vida que hu- 
bieran perdido tal vez abandonados ó mal cuidados en sus 
míseras habitaciones. 

« Creednos, hermanos, os rogamos, por -clamor de 
nuestro Divino Rentor, que abandonéis el temor y la preo- 
cupación que tenéis de ocurrir al Hospital, donde vuestras 
hermanas os ofrecen sus cuidados y el dulce sacrificio de su 
vida por salvar la vuestra en el nombre del padre común 
de todas las criaturas.— Hospital de Caridad, Montevideo. 
Abril 7 de 1857, 

« Las hermanas de Caridad: 
(Signen las firmas,) 

i 



2(í — 



La institución de Jas Hermanas de Caridad es una dé ■ 
las mas dignas del siglo XÍX y la que hace mas honor á los 
eternos principios de relijiou y moral, imica Laso sólida ó 
indestructible dd verdadero engrandecimiento de los pue- 
blos. 

Parecen os que ya es tiempo que se establezca en núes* 
iro país, que se nacionalice y se fomente* 

La Providencia, en sus designios misteriosos y admira* 
bles, nos acaba de mostrar la utilidad de esa piadosa ins- 
titución. 

Aprovechemos la lección,— Ella es en sí demasiado elo- 
cuente y práctica para dispensarnos de emplear demostra- 
ciones descoloridas y teóricas. 

Gracias al celo é ilustración de la Sociedad de Benefi- 
cencia, de su digno y activo Presidente, tenemos ya ui\ 
plantel para esa hermosa obra que reclaman los sen ti míen- 
los humanitarios y eí fervor religioso de nuestro pueblo. 

; Que ella sea el fruto de su amarga y dolorosa esperien- 
cia, el homenaje que elevemos al Señor eñ acción de gra 
cías por habernos librado finalmente de los horrores de la 
peste, á imitación del altar erigido por David sobre la co* 
lina ó monte Moría. 



A mas do las ocho Hermanas de Caridad cuyos nombres 
aparecen en los documentos transcritos, llegaron en los 
primeros dias de la epidemia otras cuatro, mandadas buscar 
á Europa por la misma Sociedad de Beneficencia, Jas que 
ingresaron también al Hospital á compartir Ja tarea de sus 
dignísimas cofrades. 

Todas son italianas, y algunas de ellas pertenecen á fa- 
milias principales y pudientes de la patria de Dante y de 
Petrarca. 

¡ Cuánto amor humanitario, cuán sublime abnegación, 
cuánta virtud, cuánto fervor religioso se precisa para ron un 



ciar así á las comodidades de la vida, s i la familia, á In pa- 
tria, y transportarse á los climas mas lejanos a fin de so- 
correr sus desvalidos hermanos en Jesucristo! 

¡ Esto es interpretar el evangelio, la caridad en su acep- 
ción práctica y admirable, el verdadero servicio del Señor 
en el servicio de su rebaño— en el auxilio del pobre, en el 
consuelo del huérfano, en el alivio del paciente 



y aquí permítasenos «pie hagamos un breve paralelo en- 
tre esta herniosa institución y la de monjas prolesas. 

No pretendemos echarlas de cola ticos rolormístas* ni 
atacar en lo mínimo esta última* Acatamos profundamente 
iodo lo que tiene relación con nuestro culto, y somos de- 
masiado creyentes para desconocer la utilidad de la supli- 
ca, Pero en verdad, jamas hemos podido comprender por 
qué debe ser esta mas agradable a Dios partiendo de entre 
los muros de un claustro, que de las bóvedas de un-; tem- 
plo, del hogar de las familias, ó de entre el mismo murmu- 
llo del piélago agitado de la vida. 

Tampoco comprendemos que el mar uño de la carne pueda 
lój i carite nte interpretarse por la esterilidad i\ que reduce la 
clausura severa y perpetua, y que está en oposición con 
los preceptos sagrados, 

«Criaos y multiplicaos, » dijo el Autor del Universo; y el 
Divino Redentor instituyó el matrimonio. 

Por otra parte, para nosotros, la verdadera virtud es 
aquella que lucha con todas las seducciones prolanas de la 
vida, y triunfa de ellas cuerpo á cuerpo; la que llena rcli- 
j Sosamente los deberes de madre, de esposa y de doncella; 
la que se conserva pura y diáfana entre las aguas túrbidas 
del vicio, como la perla en el fondo de la mar;— y no aque- 
lla que se guarece de los muros insuperables de un conven - 
Lo, y triunfa del vicio huyéndole, sin haberlo combatido, 
pues esta por lo menos es una virtud ñaca y egoística* 



— 28 — 



No venios, pues, que Ja humanidad 'reporte ele esta ins- 
titución otro beneficio que el que puede enviarle el délo 
impetrado por la súplica; y esta— ya lo liemos dicho— tiene 
un altar en cualquier parte, y para d que esta visible en 
todas ellas, su mayor mérito consiste en el fervor, en la 
verdadera contriccíon del que la eleva. 

i Qué diferencia de la de Hermanas de Caridad, y cuanto 
mas en consonancia se halla esta con los preceptos divinos, 
roo Ja reí ij ion del Salvador, con el progreso del siglo L . . . 



hsin pequeña digresión ó breves observaciones, no care- 
cen de aplicación en nuestro país, á falta de argumentos 
contradictorios que echen con ellas en tierra; pues habién- 
dose fundado en la capital una especie de convento — que 
aunque con benéficas modificaciones en la severidad de sus 
reglas, no cierra por eso las puertas a la clausura perpe- 
tua — y debiendo probablemente instituirse la Cofradía de. 
Hermanas de Caridad, queda á la elección de aquellas alrua s 
que quieran consagrar el resto de su vida ó parte de ella á 
la práctica de la virtud, al servicio de Dios y de la humani- 
dad, d optar por unan otra institución. 

Nosotros nos limitaríamos á aconsejarles en cualquier 
tiempo que echaran la vista a tras y viesen el rol que ambas 
han jugado durante el bárbaro flojel o que aun conserva cir 
lutado á nuestro pueblo. 



LOS MEDICOS 



En l'is épocas aciagas de calamidades epidémicas, Lieneu 
los pueblos en la ciencia de Hipócrates su mas bello sacer- 
docio* 

Montevideo no liabiu hasta ahora 'conocido esta verdad 
prácticamente; pero el digno cuerpo médico que tiene lu suer- 
te de poseer, se la ha probado con elocuencia en los tristísi- 
mos dias por que acaba de pasar. 

Si nuestros míseros encomios pudieran recompensar en al- 
gún modo ios servicios que esa ilustrada y noble corpora- 
ción ha prestado ít la humanidad doliente; si pudieran aque- 
llos aumentar solo en un ápice, la intima satisfacción que 
saborea su conciencia por haber hecho un uso generoso y 
abnegado de sus conocimientos. científicos, esponjendo en su 
propaganda, nuevos apóstoles de la ciencia y mártires mu- 
chas veces, el mas precioso tesoro de los hombres la exis- 
cía— -ñp&o tros los prodigaríamos sin temor de exagerar y 
ciertos de ser el eco do la conciencia pública. 

Poro la gratitud de nn pueblo es la mas dulce do ías re- 
compensas, y esta la tienen asegurada los dignos facultati- 
vos presentes en Montevideo bajo el azote epidémico. 

Sos hacemos un deber, y lo llenamos con placer, en con- 
signar en esto opúsculo sus nombres á fin de que jamas los 
olvide el pueblo cuyo dolor han mitigado con sus desvelos 
heroicos, y algunos — ¡ay! — con el holocausto do su vida* 
Hélos aquí : 

Dr. IX Teodoro M. Vrlardebó. 

íc sí Maximiliano Kymarkiowicz (a) el Polaco* 

■ t Fermín Ferrara. 

" “ Gabriel Mendoza = 



— 50 — 



Dr. 1), Enrique Minio/, 

“ (í Bartolomé Odíciní. 
íf í£ Juan Garlos Noves, 

M Luis Miclmelsou. 

¿í £í Santiago BomL 
4 * fí Andrés BruneL 
(í Juan NolleL 
£í Alejandro Panné. 

í¿ Gabriel SonneU 
4Í José Pedro Oliveira. 

Sí ■' Isidro Muñoz y Pero/. 

4Í fí Juan Francisco Correa. 

4t “ N, Capdehourat. 

“ £¿ José María Azaróla. 

t£ 4 4 José Parasols. 

í£ “ Ramón Sebastiá. 
if £í Julio Gállese, 

£í Estovan Wófiner. 

1 4 14 Lorenzo Lons. 

A esta lisia hay que agregar los distinguidos profesores de 
las estaciones navales, Dres. Bisch, Oliva, Giménez y Por- 
tugal, que á solicitud de la Sociedad Pilan trópica fuero u 
puestos á la disposición de gsta por sus respectivos agentes 
consulares, y que han rivalizado en actividad y celo con los 
médicos matriculados de la capital. 

Todos estos distinguidos profesores se han disputado el 
honor de socorrer con especial solicitud a la indigencia do- 
liente, poniendo en esta noble tarea, á mas de ia aplicación 
de sus estudios científicos, la consagración rnas fervorosa, el 
celo mas caritativo. 

Omitimos distinciones, por no rozar susceptibilidades. Sin 
embargo, reservándonos para otro lugar la mención especia - 
lísima de los mártires de esta heroica consagración al cum- 
plimiento del deber, debemos consignar que los Dres. Odi- 



— 7r \ _ 



ciai y Somict también hubieron de ser victimas del flagelo * 
y que después de haber felizmente escapado de sus garras, 
volvieron con impávido denuedo á ejercer sus delicadas fun- 
ciones y a esponerse de nuevo á la rapacidad de la epidemia. 

El primero de estos recomendables facultativos no aban- 
donó un solo instante el Hospital de Caridad, pues basta dor- 
mía en él* Por otra parte, el haber sido blanco de las preo- 
cupaciones malignas, absurdas y supersticiosas del vulgo en 
los primeros días de la epidemia, le dá un título mas al 
aprecio general, haciéndole digno al mismo tiempo de una 
mención particular* 

Si no escribiéramos un opúsculo, citaríamos aquí gran 
número de hechos auténticos que darían á conocer el carác- 
ter noble, humanitario y genereso de muchos de los faculta- 
tivos que nombramos. Pero, ya lo hemos dicho, no quere- 
mos rozar suceptibilidades ni establecer di s tinciones cuando 
todos se han portado con el mas recomendable esmero. 

No debemos terminar este capítulo sin constatar en él los 
importantes y espontáneos servicios prestados por el digno 
Presbítero Oriental, Dr. D. Santiago Eslrázulas y Lamas, con 
la administración de la homeopatía.— No sontos fanáticos 
partidarios de este sistema; pero debemos reconocer los fe- 
lices resultados que ha obtenido, suministrado por nuestro 
virtuoso y caritativo compatriota. 




LA RELIGION Y SUS MINISTROS 



Cuando en medio de sus dolores físicos ó morales, el hom- 
bre llega ;'i percibir la perspectiva cercana de la tumba, por 
menos creyente que sea csperimenta luego ¡a necesidad de 
otra medicina que la qite tiende á recuperar ja salud ya que 
brantada del cuerpo: — la medicina del espíritu. 

La religión se ocupa éntónces de suministrársela por me- 
dio de sus ministros. 

¡ Cuán eficaz es entonces la propaganda de la fé, la mi- 
sión del evangelio! — ¡Cuán consoladora y lenitiva la voz 
1 del sacerdote que escuchamos en nuestro lecho de dolor, ó 
la súplica que alzamos en nuestras grandes adicciones ! 

¡Oh reí ijjon de Jesucristo! bálsamo espiritual y univer- 
sal que cicatrizas todas las úlceras del hombre; que morige- 
ras sus pasiones, y le conduces á las puertas de la eterna 
bienandanza: — ¡cuán sublime y bienhechora te ostentas 
en los momentos de publico coniiicto, — v cuán injustos se- 
riamos si no reconociéramos tu benéfica influencia en la 
época funesta por que ha pasado este pueblo que te ama, 
aunque no te comprende demasiado! ...... 



Ya hemos hablado de la evanjélica conducta de los pa - 
dres jesuítas en el Hospital de Caridad. 

Allí como en todas partes en que era necesaria su pre- 
sencia, veíanse desplegando el mismo fervor cristiano, la 
misma solicitud consoladora á muchos de los dignos sacer- 
dotes que forman -actualmente nuestro clero. 

Distinguíase entre ellos nuestro irreparable Vicario A pos" 
toiieo D. José Benito Lamas, de quien hablaremos mas ade- 
la nte, su digno discípulo D. Santiago Es trázalas y Lamas, 



que hoy ejerce el curato de la Matriz, ^ i). Martin l eiez, 
Párroco der San Francisco, que también hubo de ser victima 
de la epidemia * 

A su lado se han hecho dignos del mas elevado encomio 
el Reverendo F, II. Show Pendí e ton, sacerdote protestante, 
el pudre jesuíta Bonanini, y el incansable sacerdote vasco 
de proverbial reputación. 

Ocuparíamos muchas páginas con la conducta detallada de 
estos dignos ministros de la iglesia. Por otra parte, ella es 
demasiado conocida del pueblo, para tener que recomendarlos 
á su aprecio y veneración. 

Algunos de estos nobles sacerdotes no se limitaban al ejer- 
cicio de sus funciones religiosas; se despojaban muchas ve- 
ces de su carácter eclesiástico para constituirse en enferme- 
ros y sirvientes de los infelices á quienes llevaban los auxi- 
lios espirituales. 

Uno de ellos basta se puso una vez á desempeñar las fun- 
ciones de cocinero de un oscuro matrimonio, postrado en 
cama por el flagelo, cuyos tiernos hijos se morían de ham- 
bre por no tener quien les preparase el alimento cotidia- 
no 1 . . * - 

Cuando un pueblo tiene la suerte de poseer un clero se- 
mejante, la religión tiene que echar profundas raíces en ese 
pueblo ; porque ella se manifiesta consoladora y simpática cu 
sos momentos de dolor, y la simiente de la fe jamas gerrnh 
na mejor en el corazón del hombre que cuando este ha sido 
removido por el sufrimiento físico ó moral y regado por el 
fecundo rocío de las lágrimas. 



LAS SOCIEDADES MASÓNICAS 



Cu la página 829 t columna 2. a del gran Diccionario de 
Domínguez, encontramos la siguiente definición bajo la epí- 
g ra I e f ran c masan er ia i 

* Sociedad secreta, esparcida y de siglos arraigada en di- 
ferentes regiones del globo, principalmente en Inglaterra, 
Alemania y Francia; tiene por capital oí- jeto, según los es- 
tatutos publicados,- ejerce] 1 la beneficencia, promoviendo el 
estudio de la moral universal y h práctica de todas las vir- 
tudes altamente sociales, humanitarias, filosóficas. Los franc- 
masones se consideran como hermanos, y contraen la obli- 
gación de protejerse mutuamente en cualquier sitio ó país 
donde se encuentran, y cualquiera que sea la clase, catego- 
ría ó rango á que pertenezcan en la escala social. &a, &a,s 

Las sociedades masónicas fundadas en la capital de la 
República han desempeñado un gran rol en la época aciaga 
por que esta acaba de pasar* 

He aquí algunas líneas de lo que escribíamos á su respec- 
to cuando hacia la epidemia mas estragos: 

a Sí! ya no estamos en la época de fanatismo ó ignoran- 
cia, en que se atribuían á los masones misteriosos pactos 
con el diablo; en que se perseguían sus reuniones como 
atentatorias a la relijion y al órden. Hoy la masonería es 
en el concepto de todos, iniciados y no iniciados en ella, 
el vínculo mas fuerte de los pueblos, el círculo de la fra- 
ternidad universal, el árbol de la beneficencia cuya sombra 
cubre el orbe y lenifica el infortunio en todas partes. Es 
el tabernáculo de la verdad, ei recinto de la virtud, el fo- 
co de luz universal de donde irradia el amor de la human i- 




dad, la caridad evanjélica en su acepción práctica:— esta es 
la masonería ! 

v j Loor, pues, y gratitud eterna á esa benéfica y modesta 
asociación que derrama el consuelo y el alivio, con fraternal 
solicitud, en el seno del infortunio doliente; que arranca 
lágrimas de reconocimiento al moribundo, y dulcifica las , 
convulsiones de la muerte con su benéfica presencia junto 
al lecho del dolor 1 ¿ 

¿Queréis saberlo que ha hecho esa grandiosa, magnáni- 
ma y modesta institución durante el publico conflicto? . . * 

Penetrad en el bogar de la indigencia, en el oscuro rin- 
cón del jornalero; interrogad los mil necesitados arranca- 
dos por su mano de las garras del tlajelo, las mil familias 
indigentes arrebatadas por ella á la voracidad de la epide- 
mia: y sabréis entonces fo que ha hecho la Sociedad Filan- 
trópica — seudónimo con que modestamente se cubría para 
impartir sus socorros;— y entonces sentiréis enternecerse 
el cora zoo, y humedecerse vuestros ojos, v elevarse vues- 
tro espíritu al ideal de lo bello, de lo grande y generoso, 
con el relato que oiréis,— Y creeréis á veces; escuchar epi- 
sodios fabulosos en Jos que son rigorosamente históricos; 
y no os persuadiríais de la realidad á no ver y palpar los 
personajes verdaderos de ese drama - — ¡ Tal es la naturale- 
za délos servidos prestados á la humanidad aflíjala por las 
sociedades masónicas, durante la epidemia. 

Escribimos estas líneas bajo la impresión de un profundo 
enternecimiento originado por la narración que nos acaba 
de hacer una de las mil víctimas arrebatadas al ilajelo por 
la mano jeuerosa de esa noble asociación. 

Era un pobre oficial de barbería, — un súbdito francés. 
Moraba en la calle de los Treinta y Tres, en una pieza 
interior, donde solo pasaba la noche después del^ trabajo 
del dia, — Era uno de esos infelices inmigrantes sin familia 



— m — 



ni deudos á lado, y sin mas bienes de fortuna que süinez- 
quino salario. 

Falló un día á su trabajo, — Su patrón, alarmado, se di- 
rigió a la triste habitación del pobre jornalero, y encontró 
a este tendido en su cama con las facciones descompuestas, 
A su lado estaba un médico y un'enfermero prodigándole 
cuidados. 

La masonería, como una madre solícita, había ya penetra- 
do con los socorros de la ciencia en aquel oscuro albergue, 
Merced á ella, merced á esa hermandad universal y filan- 
trópica que seca todas las lágrimas y alivia todas las mise- 
rias, aquel hombre sin familia, aquel desheredado de la 
fortuna, aquel honrado jornalero logró escapar á la muerte, 
que ya cernía sus negras alas sobre su hirviente cabeza, 

E 1 p obr c li o m b re derram a b a 1 á gr i ni a s de gr a t i t ud al re - 
cordarlo, y bendecía la mano misteriosa que habla llevado 
á sii ignorado rincón todos los auxilios necesarios para lu- 
char con el fia] el o y triunfar de él finalmente. 



A los primeros síntomas de la epidemia, las sociedades 
masónicas existentes eii Montevideo y en cuyo * sopo figuran 
todas 1 las nacionalidades, todas las clases, todas las religio- 
nes, centralizaron su acción y sus poderosos elementos en 
una comisión formada de su seno, tpie tomó el nombre de 
Sociedad Filantrópica con el cual apareció en todos sus actos 
públicos* 

lie aquí los nombres de los miembros de esa infatigable 
Comisión Central: 

Sr. D, Luis Lerená, Presidente, 

íC íC Juan II, Buggeln, Vicc-Prcsidenlcf* 

££ {í Adolfo Vaillant. 
í£ í£ Leopoldo Olave, 
í£ ££ Augusto Las Cazos. 

£í ' £ Luis- Massini. 




7*7 — 



Sr, 1), Estovan ArnollL 
“ “ Manuel Fra vicos. 

(< “ Indalecio Bengochea. 

(í í¿ Leandro Gpinez* 

££ í£ Bzequiei Pérez, Secretarlo. 
tastos nombres merecen ser esculpidos en letras 'inextingui- 
bles; y sin embargo, ellos esquivan la luz pública, y estamos 
seguros de lastimar su modestia recomendándolos aquí a la 
estimación universal, á que se han bocho acreedores por su 
conduela altamente ^humanitaria, por la actividad que lian 
desplegado en socorrer al infortunio doliente, en combatir 
el mortífero encono de la peste. 



El primer paso de la Sociedad Filantrópica fue dirigirse á 
todos los médicos participándoles que había habilitado va- 
rias boticas donde se despachar ían gratis todos los remedios 
que recelasen á los pobres, y buLorízándolos ademas á da* 
cada uno de estos dos patacones en metálico para sus pri- 
meras necesidades. 

El azote no per ó o n a ida los m ed icos, a r roba t á n d o n o s a l- 
ganos y postrando á otros en cama. Entonces la Sociedad 
Filantrópica se dirijo á los Agentes consulares solicitándolos 
la asistencia de los módicos do las estaciones navales, y ob- 
tiene en el acto ocho facultativos, de los cuales cuatro tuvie- 
ron bien pronto que ausentarse de la capital; los otros cuatro, 
cuyos importantísimos servicios toda la población reconoce 
y agradece, son los Dres. Portugal, brasilero— Giménez \ 
Oliva, españoles— y Bisch, francos. 

ES pánico que se apodero de la población dió lugar a que 
los sirvientes, y hasta los deudos y amigos algunas veces, se 
rehusaran á asistir á los enfermos por el temor del contagio. 
La Sociedad llama por avisos y paga ingentes salarios a las 



— 58 — 



personáis de ámbos sexos que quisieran dedicarse a la asis- 
tencia de los flageados; proporcionando de este modo á todas 
las clases, sin distinción ni ecepcion, enfermeros y enferme- 

ras que pagaba á razón de dos y tres patacones diarios. 

Durante toda la epidemia tuvo constantemente á sus órdenes 
con esos salarios basta 14D hombres y 22 mujeres, especial- 
mente destinados ó los pobres, pero proporcionándolos tam- 
bién á los pudientes. 



Una Comisión de Socorros, nombrada también del seno 
de las sociedades masónicas y compuesta de los Sres^ ]>. 
Alberto De-Lisie, D, Andrés F. Vázquez y D, Juan Jóse Ar 
teaga, estaba especialmente encargada de recorrer las ha- 
bitaciones de ios pobres, y de llevarles personalmente los 
recursos pecuniarios y de todo jénero, —Estos beneméritos 
señores han desempeñado esa comisión con un ahincó y 
perseverancia dignos del mas alto encomio. 



^ UI/.U sentir: y entonces tu Sociedad 

Filantrópica pensó en proporcionar á ios enfermos frazadas 
> otros abrigos de que ha distribuido centenares por conduc- 
to de ios facultativos y por el de Lodos sus miembros 
Sus beneficios alcanzaron no solo á los epidémicos sino á 
toda dase de enfermos, y aun á muchos indigentes en per- 
fecto estado de salud. Así, á muchas madres imposibilitadas 
de abmen ta r á sus hijos, les ha pagado antas de leche; á 
uuos ? el alquiler de sus casas, etc. 



Deseando estimular ú prácticas virtuosas y caritativas, pre- 
mia las buenas acciones. Asi, á un Italiano que teniendo cua- 
tro hijos recojió cinco niños huérfanos, le pasó desde el 
primer día, y ie pasa aun, un patacón diario para ayudarle 
a la manutención de esas desgraciadas criaturas; ademas, las 
vistió y proporcionó abrigos. 

No eran suficientes los: recursos de médicos, medicinas, dona- 
ciones pecuniarias, &u .pura preservar de las recaídas i ios con- 
valecientes, quienes, después que salían del Hospital ó bien 



en sus propias casas, recaían efectivamente muchas veces, ya 
por eseesos en la comida, ya por la naturaleza inadecuada 
de esta* La Sociedad fundó en ocho dias una casa de alimón? 
tos donde aun se distribuyen de 700 a 800 raciones dianas, 
no solo á los con v aleación tes de ia epidemia, sino ; también 
á gran número de pobres, viudas, ancianos y huérfanos. 

En fes últimos di-as de la epidemia la Sociedad Filantró- 
pica mandó hacer 500 trajes completos y propios de la es- 
tación, para edades do dos hasta diez años, á fin de ser dis- 
tribuidos entre los huérfanos pobres de ambos sexos*— Mu- 
chos dueños de tiendas y registros han contribuido a este 
acto con cantidad de piezas de jéneros, Los trajes han sido 
cortados y cosidos por varias señoras que se han ofertado 
al efecto, y cuyos nombres sentimos ignorar en su totalidad 
á fin de recomendarlos al aprecio genera!. 

Hacia la misma época, la Sociedad cita á los hombres dé 
ciencia ú un certamen, que puede dar por resultado el mas 
eficaz antídoto para combatir aquel flagelo siempre que rea- 
pareciera en nuestro risueño clima; al efecto asigna tres 
premios a los tres mejores escritos que llenen las siguientes 
condiciones: 

'¡Uno de 4,©CMÍ |>íaíae®aacs, sí el escrito describe 
el sistema curativo, seguro y determinado en su aplicación, 
segun los diferentes caracteres de la enfermedad reinante, 
que cure la epidemia en la gran mayoría de casos ó bien des- 
cubra la profilaxia, tan segura y evidente como lo es lava- 
cuna para la viruela* 

«¡El premio de 4^000 píitácóite S — se obtendrá 
por demostrar de un modo incontestable las causas que de- 
senvolvieron y sostienen la epidemia en Montevideo, de una 
manera que suprimidas aquellas, desaparezcan estas. 

tiEl tercero de 500 patacones— sera por la me- 
jor historia médica de la epidemia que se padece en Monte- 
video. Esta relación deberá contener ademas de la dcscrip- 



— 40 — 



don de la enformedad, sus diversas formas y marcha, fes 
mus datos posibles estadísticos* tanto respecto ú los invadi- 
dos, como á los fallecidos; la comparación entre los diversos 
métodos curativos empleados; consideraciones sobre los di- 
versos distritos de la enfermedad, asignación de las causas 
predisponentes y ocasionales, ** 

Ultimamente, Ja Sociedad Filantrópica tuvo noticia que 
un gran numero de náufragos de un buque perdido en la 
costa de Ilio Grande, vagaban por la ciudad y la campaña 
faltos de todo medio de subsistencia. La Sociedad se encargó 
al momento de recojerlos, alimentarlos y vestirlos ú sus es- 
pe usas, y de proporcionarles acomodo á algunos de ellos, 
según sus aptitudes* 

Tal es cu resumen ío que ha hedió la Sociedad Filantró- 
pica, ó sea la Comisión Central de las Sociedades masónicas 
en Montevideo duran te la epidemia* 

Estos hechos prácticos y que todo el mundo reconoce, 
¿carecen- de comentarios para evidenciar el objeto dé esa 
santa asociación, que por no hacer alarde de sus prácticas 
piadosas ha sido hasta ayer el blanco de los sarcasmos de 
la maledicencia y la ignorancia ? . « * , 

Oíií no por cierto; pues jamas olvidará Montevideo que 
debe á sus sociedades masónicas la mayor parte del bien 
que ha recibido durante la existencia de la epidemia en su 
seno* 

Las bendiciones de la humanidad premiarán esos servi- 
cios en la tierra, y en el eterno mas allá , las eternas re- 
compensas! 



Montevideo, J 7 de junio de 1857; 

Con esta fecha la Sociedad Filantrópica, á consecuencia de 
los avisos publicados respecto á la aparición de esta obra, 
se dignó enviar acerca del infrascripto una comisión com- 



— 41 — ' 



puesta de los Sres. Gómez y Vaillant, suplicándole no hicie- 
ra mención de los servicios de la Sociedad durante la epide- 
mia, puesto que ellos no eran mas que el cumplimiento de 
un deber que debía permanecer en la esfera privada de su • 
acción. 

El infrascripto contestó á los señores ya nombrados, que 
sentía no suscribir plenamente ti los deseos de la Sociedad 
Filantrópica por el compromiso en que ya estaba con el pu- 
blico, y por comprender que sus deberes de escritor le im- 
ponían el de no omitir una mención honorífica de la actitud 
de la Sociedad en la época aciaga del flagelo, al hablar en 
general de esa época; puesto que, á su entender, todas las 
nobles acciones, todos los rasgos generosos y humanitarios 
deben salvarse del olvido, y llevarse á la luz pública para que 
sirvan de ejemplo y obtengan la recompensará que no as- 
piran las mas veces— de la estimación universal. 

Pero cediendo en parte á las instancias de los Sres. de 
la Comisión, el infrascripto prometió, y suprimió en esta 
parte de su opúsculo, varios conceptos encomiásticos,— es- 
pontáneos y justos homenajes que le dictaba su alma. al ocu- 
parse de la dignísima conducta de la Sociedad Filantró- 





pica. 

Entre tanto, el paso de esta es una prueba mas de su 
modestia y desinterés abnegadísimos al practicar la caridad 
evangélica en la alta escala en que lo ha hecho. 

Perdónenos, pues, la Sociedad Filantrópica nuestra tenaz 
resistencia, y acepte’ nuestras sinceras *“ M> ° , ' n 
tud, admiración y aprecio. 



(J 



LA JUNTA ECOKÓIICO-ADIIHISTRATIVA 



Jamas hemos experimentado Ja falta de municipalidades 
en nuestro país como durante la epidemia. 

La Junta Económico 'Administrativa, cuyas limitadas atri* 
luiciones solo le permiten Henar muy parcialmente esteva- 
do, ha visto por esta única razón coartados sus mejores de- 
seos para atender a las mejoras materiales que demandaba 
Ja Idj i ene de la capital* 

Nuestro ilustrado amigo, el actual redactor del Nacional , 
ha demostrado ya en un bridante artículo publicado en e] 
núrn. JOGÍ) de aquel periódico, la necesidad trascendental 
de restablecer el poder municipal mediante la reforma de la 
Constitución del Estado^, que le substituye por las Juntas de- 
partamentales de un modo 3>ion deficiente* Nosotros, pene- 
trados de la lójica de su demostración, unimos á la de eí 
nuestra voz débil para pedir esa reforma bajo este punto de 
vista, persuadidos de que la triste esperieneia decidirá mas 
que todo á nuestros lejisladores á adoptar esa medida* 

Entre tanto, la Junta E* A. de la capital ha hecho duran* 
te el período del ílajelo, en la limitada esfera de sus a tribu* 
clones, mucho mas de lo que dé ellas pudiera exijírse* Es 
verdad que tenían su cabeza á uno de los hombres mas ac- 
tivos, patriotas é inteligentes de los que se han distinguido 
en aquella época de prueba / 

Ese hombre, á quien tememos nombrar por temor de be* 
rir su reconocida y es trema modestia, y que sin embarga se 
nos presenta á cada paso en el transcurso de estas pajinas, 
es su digno vi ce-presiden te el Sr. D. Juan Ramón Gómez. 

Es de todo punto inútil recomendarlo al aprecio de sus 
compatriotas por su conducta humanitaria y patriótica, por 



— 15 — - 



que 5011 óslas virtudes que todos Id reconocen do mucho 
tiempo á osla parte. 

Pero el Sr. D. Juan Ramón Gómez es uno de esos nom- 
bres ecepeionalcs que nunca creen haber heelio lo bastante 
on cumplimiento do sus deberes cívicos, y que lejos de des- 
cansar con la aprobación de sns actos, creen no deba mn.u 
en esta mas ( t ue la contracción de nuevos compromisos que 

les hacen redoblar de actividad y energía. 

Es con esta Convicción que creemos ver cilrada en el una 
de las mas ricas esperanzas de esa jeneracion joven, intcli- 
jente y vigorosa cu que estriban los futuros destinos de la 
patria, como liemos dicho al dedicarle este opúsculo. 

Su magnitud no nos permite es tendernos cuanto quisiéra- 
mos respecto ó los trabajos de la J. E. A. durante la epide- 
mia. Por otra parte, nos consta que esta publicara prucsi 
mámente una memoria oficial, donde aquellos constaran en 
todos sus detalles. 

Debemos sin embargo consignar aquí un documento que 
dará una idea de la naturaleza de esos trabajos y que hará 
eternamente honor á los nombres que lo firman. 

Helo aquí; — 

.Junta E. Administrativa del Departamento 

ACUERDO 

Montevideo 7 Marzo 27 de 1851 , 

1 ‘Descosa esta corporación de propender por Lodos ios 
inedios á la conservación de la salud publica, que tanto 
preocupa su atención, y considerando que aquella podría 
ser gravemente comprometida si la población mirase con in- 
diferencia las medidas policiales y consejos de la JunLa de 
üijienc Pública; teniendo en vista ademas que serían hasta 
cierto punto infructuosos ios esfuerzos que se hacen si los 
vecinos no prestasen su mas asidua 6 interesada cooperación. 



1 cnetrada la Junta Económica de estas consideraciones y en 
vimid de las facultades que le, acuerda la Constitución de la 
República, de consuno con los vecinos de la capital que se 
bao prestado á secundar sus trabajos, lia resuelto: 

° El nombramiento de una Comisión auxiliar de la 
Junta, compuesta de los señores JX Luis Lamas, IX Manuel 
José Errazquin, Dr. IX Manuel Herrera y Obcs, IX Carlos 
Croker, D, Benito Lombardini, D, Juan Z. Jackson, IX Cor- 
nelia Guerra, IX Julio Mendeville, D* Juan Charri y el Co- 
ronel IX Santiago Labandera;, que dirijirán los trabajos de las 
Comisiones auxiliares, siendo Inspectores de los distritos en 
que se subdivida la ciudad, 

° Esta Comisión que se denominará central nombrará 
un vecino por cuadra, formando Comisión Auxiliar los cua- 
tro vecinos de su respectiva manzana* 

i£ o ° Los Inspectores reunirán sus Comisiones siempre que 
fuere necesario acordar alguna medida saludable 6 útil al 
vecindario. Las Comisiones auxiliares llenarán los objetos 
para que son nombradas: 

“I. Cuidando que Jos frentes de sus cuadras sean diaria- 
mente barridos por sus convecinos y regados siempre que 
fuese posible, no consintiendo la permanencia de basuras ni 
aguas detenidas en las calles, plazas, ó huecos inmediatos. 

“II. Recomendarán á los vecinos la necesidad de cuidar 
del aseo interior de sus casas que tendrán el derecho de vi- 
sitar, auxiliando á las familias pobres para precaverlas de 
Jas enfermedades producidas por el desaseo. 

“HE Luego que llegase á su conocimiento haber en la 
vecindad alguna persona o familia iudijenle, que necesitare 
de cualquier auxilio, bien sea de medicamentos, alimentos ó 
ropas, lo hará saber sin pérdida de tiempo á su Inspector 
inmediato para que éste recabe el auxilio de la Comisión 
Central, sin perjuicio de proveer la necesidad, escilando la 
caridad de los vecinos mas acomodados* 



— 45 - 



“IV. Evitarán cuanto fuere posible la aglomeración de ha- 
bitantes en lugares reducidos ó insalubres, removiéndolos 
para mejores habitaciones, v haciendo blanquear las que 
pertenezcan á los que no pudieran hacerlo. 

í( Y. En las casas en que hubiere enfermos que no se pu- 
dieren tratar' convenientemente darán parte al inspector, 
quien recabará su transporte al hospital cuya administración 
lo facilitará inmediatamente. 

‘•VI. Emplearán todos sus esfuerzos con el fin de persua- 
dir al vecindario á que tome las precauciones que aconseja 
la Policía y la Junta de Ilijiene Publica. 

“4® La Comisión Central cuidará igualmente de nom- 
brar sus comisiones auxiliares en los suburvios de la ciudad, 
así como también en el Cordon, Union y Aguada, y en cual- 
quiera otro punto del Departamento que lo juzgue conve- 

iiien te* 

“5° En todas las boticas de la ciudad, Cordon, Union i 
Aguada se suministrarán medicamentos gratis a los pobres 
que lo acrediten con la recela de su médico, en la cual se 
espresará el nombre, número y calle ó lugar donde viva el 
socorrido. Estas recetas que impresas se pondrán u disposi- 
ción de los médicos reconocidos por la Junta de ilijiene Pu- , 
blica, se presentarán si fuere posible diariamente para recibir 
su importe de. la Comisión Central y tener conocimiento del 
domicilio de los socorridos, á fin de proporcionarles por in- 
termedio de las Comisiones auxiliares, los demas auxilios. 

“6° La Junta pone á disposición de la Comisión Central 
la cantidad de mil pesos plata para atender á las primeras 
necesidades, sin perjuicio de dar principio á arbitrarse re- 
cursos de mas importancia que llenen los objetos a que de- 
ben aplicarse. 



“7 °La Comisión Central formulará su reglamento y ten- 
drá sus reuniones siempre que lo juzgue necesario en el lo- 
cal de las sesiones de la Junta Económico-Administrativa 



— 40 — 









cuyo concursó y apoyo eficaz le será acordado plenamente. 

R, Gómez, vice-presidíente — -0. , 1 . de Gracia 

— Simón Znbillagw — Juan M. Remes Irigoyen 

Juan A . Fernandez — Francisco Tésanos — Lindará 
Fortcza, secretario» 

La siguiente carta, dirigida dos meses después al Sr. J). 
José María Camilo y que este publicó en El Orden de Hue- 
llos Aires, sin que tal lucra la intención de su autor, como 
aquel mismo lo espiiea, es no menos digna y oportuna de 
consignar en estas pajinas, y lo hacemos con tanto mas gus- 
to, cuanto que en ella aparecen nombres de los nías reco- 
mendables por su conducta en la época aciaga del flagelo : 

' Montevideo, Mayo 28. 

a iniciativa de la comisión de los Sres 

Alsina, Agüero y Pórtela les honra altamente y abona la 
pureza de sus sentimientos caritativos y amistosos hacia 
nuestro país; fian rendido un servicio al suyo, servicio cuya 
magnitud no se alcanza boy, pero que se apreciará algún 
día. Fue una felicísima idea, por la que les felicito envián- 
doles a nombre de los pobres y huérfanos los mas sentidos 

agradecimientos. Le ruego, pues, se sirva usted llenar este 
mi encargo. 

«i He ido recibiendo sucesivamente todas las remesas, 
siendo la última de 294 onzas. 

«Comprendiendo la magnitud de la responsabilidad que 
pesa sobre mis pobres hombros, me tiene pensativo y triste 
la idea de no saber ó no poder corresponder dignamente al 
sentimiento que ba dominado en esa, al hacérseme dichas 
lemesas. Comprendo la elevación del sentimiento, aprecio la 
co.dianza, pero ¿de qué manera emplearé mejor esos fondos? 

. ■ ™ lin 3,011 auxiliar compuesta de personas de corazón 
y honradez a toda prueba, visita diariamente á los pobres 
y en le míos de sus distritos, repartiéndoles ropas y dinero, 



— 47 — 



arreglado lodo á las necesidades de cada uno. luí nu casa 
1 limosamente en mi sala de visitas, tengo un verdadero al- 
macén de géneros. En él se encuentran zarazas de luto, ca- 
misas de algodón y lana, lienzo en piezas y sabanas, bayeta, 
frazadas &a. De estas hay un consumo enorme. 

«Tenemos dos fábricas de ataúdes; triste consuelo que da- 
mos á los deudos, facilitándoles el acomodo decente para 



seguir el camino de la otra vida. 

i Tenemos una fábrica de colchones para suplir los que 
se nos mandaban quemar. Una de las primeras, y osla ulli 
ma, dirijidas por mi querido Julio Mendcville, este corazón 
noble y heroico, que á toda hora del dia ó de la noche estu- 
vo pronto á acudir al llamado del pobre enfermo. 

i, Carolina, esta bellísima compañera de Julio, ha trabajado 
■y sufrido mucho. Ella ha dirijido la fabricación de los col- 
chones, y mas de uno ha sido hecho por sus propias manos. 
En la ausencia, de Julio, dio órdenes para mandar entregar 
ataúdes, previniendo lodo lo necesario al efecto. 

« Tengo en mi comisión central auxiliar otros dignos com- 
pañeros de Julio que se llaman Jachson , Lombardini, Un 
puente, Errazquin, Guerra, Lamas, Charry etc. etc., qm- han 
afrontado el peligro y luchado heroicamente* 



« Ahora estoy preparando una casa á cuyo frente oslaran 
mis queridas hijas las heroicas hermanas de la candad, pa- 
ra recojer las niñas huérfanas de la epidemia. Por ahora al- 
quilamos una casita frente al hospital, pero pronto cois 
muremos una á propósito; ¿no le parece á usted que sena 
u „ buen empleo para los fondos que nos sobren de los so- 
corros? Dígamelo con franqueza, si será bien ma m o *, 
pensamiento en esa, de donde recibimos los principales ele- 
mentqs > * * > 



ííJülín Bamon Gómez. & 



— 48 — 



Terminada la epidemia, la Junta dirigió á sus inspectores 
la siguiente circular, digna por cierto de su conducta ante- 
rior y que cierra del modo mas elocuente la serie de sus tra- 
bajos en aquel triste período: 

Juanta E. Administrativa del Departamento. 

Circular. 

Montevideo , Junio i.° de 485 7 , 

i Consecuente con el acuerdo de la Junta fecha 20 dé Abril 
último, el infrascripto cree llegada la oportunidad de proce- 
der á la investigación de los hechos de abnegación y sacri- 
ficios de cualquier género, ejercidos durante la epidemia en 
socorr o y asistencia de los enfermos pobres ó abandonados 
á su mísera suerLe.— La Junta desea premiar esos servicios 
por mano é indicación de sus beneméritos auxiliares, para 
í]uc sirvan de estímulo y se reproduzcan en las épocas acia- 
gas por que pueda pasar la población. Es un deber que se 
lia impuesto gustosa porque tiene el convencimiento de la 
alta conveniencia de establecer un precedente saludable, que 
cruzará las crisis, rindiendo su tributo al mérito y á los ser- 
vicios generosos, 

«El Sj\ Inspector que ha estado en contacto diario con 
los febricientes para socorrerlos y procurarles asistencia, 
está en situación de juzgar los actos de que la Junta desea 
tener conocimiento, con las referencias que á su juicio de- 
ban acompañarse á los fines espresados. 

« Al mismo tiempo se servirá Y. pasar una relación de 
Jos auxiliares de su distrito, que han llenado el encargo que 
se impusieron con la aceptación del nombramiento de ta 
Junta. 

«Dios guarde á Y, muchos años. 

«Juan Ramón Gómez. — « Vice - Presidente, 

« Lindoro Forteza. — ff Secretario . » 

Si\ Inspector m 



.Qué podremos añadir en elojio de la Junta Económico- 
Administrativa de la capital, durante la epidemia : 

Que con las atribuciones de Municipalidad hubiese tal 

vez bastado por si sola á estirpar aquella pronta y eficazmen- 
te^ desde que está probado que su desarrollo consistía en 

^ “ ,a reaMad de 

los hechos, no sea del todo estéril ! 



SOCORROS k MONTEVIDEO 



El sentimiento de caridad evangélica con que latió el co- 
de los habitantes de la afiijida ciudad en presencia de 
I:', calamidad que h asolaba, repercutió bien pronto en to- 
dos los ángulos de la República y en los pueblos crcunve- 

01 "Montevideo, herida por el azote epidémico, no demoró en 
despertar las simpatías de sus hermanos, que corrieron «n 

dilación en su auxilio, ¿ 

Buenos Aires, ese pueblo cuyas heroicas tradiciones están 
Imadas con las nuestras, faó el primero que le tendió una 
m ano solicita y generosa.-Sus órganos en la prensa, Do- 
mínguez, Calvo, Sarmiento, y Gómez, nuestro compatriota, 
alzaron la voz para apelar u sus caritativos sentimientos.— 
¡Qué palabras hermosas y sentidas las que dijeron sus a- 

bl °Tr'es ciudadanos conspicuos, tres dignos hijos del pueblo. 
Alsina, Agüero, Pórtela, alzaron también su voz. \ aque 
pueblo generoso respondió á su llamamiento con prodigali- 
dad humanitaria. 

Los indigentes de Montevideo tuvieron inmediatamente 
los socorros filantrópicos de sus hermanos bonaerenses. 



^ Nuestra cónsul general, el Dr. Jó. Alejandro Magariños 
Cervantes, fue el encargado de depositar en manos de la 
J. h. A» de la capital las cantidades siguientes, para cada 
una de las cuajes supo encontrar nobles palabras de di «no 
agradecimiento: 0 

Mil tres cientos cuarenta y cuatro patacones recolectados 
por nuestros compatriotas D. Pedro Llambí, Da. Josefa Ace- 

vedo de Vázquez y Da. Josefa Hiñes de Ocampo entre los re- 
sitien tes Orientales, 

Dos mil patacones oblados por el Gobierno y la Municipa- 
lidad, " J< 

Dos mil tres cientos cincuenta patacones, por la líolsa Sindi- 
cal de Comercio, 

Dos mil dos cientos, setenta y dos patacones producto de la 
suscríeion levanta ila cu la parroquia de San Miguel, 

Siete mil cuatro cientos ochenta y dos patacones, tres reales 
de las otras parroquias* 

Nóvenla y cinco patacones oblados por la Sociedad de Be- 
neficencia, 

Sets cientos sesenta y tres patacones, sets reales j producto 
de un concierto iniciado por el Sr, Prctti Marchcsini, y en el 
que lomaron parte las Sras. Lorini» Cassaloríi y Fjjlom, y 
los Sres TambeflicU, Cima, &a. 

La suma total de los auxilios pecuniarios enviados desde 
Buenos Aires a la Juma Económico Administrativa de Mon- 
te\ideOj para atender al socorro de los indigentes atacados 
por la epidemia* eá por consiguiente de diez y seis mil \lo s 
cientos siete patacones menos sesenta reís, ó sean diez y nueve 
mil cuatro cientos cuarenta y ocho pesos , dos denlo $ ochenta 
*eis, moneda corriente de Montevideo, segi^p consta de la 
publicación becha últimamente en Buenos Aires por el cón- 
suI general de la República, 

l-a misma corporación lia recibido de Gualeguaycim, pro- 
ducto de diversas vsuscricíones levantadas en aquel punto 



con ni mismo objeto, la cáfHidsrtl de semmtos cincuenta y áte 
pío*. Reís reales cuarenta centesimos, según sus propios datos. 

A mié, trescientos diez y siete pesos , tres cientos veinte veis , 
recolectados por el vicecónsul de la República D. Luis Ca 
vo Aparicio * en el pueblo de Bagó, Provincia del Rio Grande- 
Dos cientos diez y seis pesos , dos reales treinta centésimas 
producto de la suscricion de la villa de Minas. 

Mil cincuenta y dos pesos , quinientos sesenta veis de la de las 
villas de Meló y Artigas, 

Ciento sesenta y ocho pesos ; siete reales , veinte centesimos 
de la del pueblo de las Piedras ó San Isidro. 

jlíil quinientos noventa , y cuatro pesos , trescientos ochen í a 
veis de las de la ciudad de Mercedes.— Una de estas suseri- 
cioues iniciada por los Sres. I). Pedro Flores, D, Joaquín. I * 
Egaña, I>. José González y D. Juan M. Braga, que ascendió 
;i 1011 pesos 640 reís; otra por la Congregación del Purísi- 
mo Corazón de María, ^15 pesos, GO reís; y la tercera, pro- 
ducto de un concierto dado por varias señoras y caballeros 
distinguidos de aquella ciudad, 5G9 pesos, 480 reis. 

Cuatrocientos cincuenta y tres pesos , cinco reales semita cen- 
tesimos de la de la villa de Paisajidú. 

Dos cientos ochenta y seis pesos, setecientos sesenta reis de 
la del pueblo do Pando, 

Quinientos veinte y tres pesos, ciento sesenta veis de la for- 
mada en la villa de San Carlos. 

Mil seis cientos veinte y un pesos, siete reales de la pronto* 
vida en Montevideo por la Junta E. Administrativa. (*) 

Treinta onzas de oro, ó sean quinientos setenta y seis pesos 
donados por el Sr. Barón de Mauá y su señora. 

Esta última cantidad fue entregada ú la Junta por la Co- 
misión de Caridad y Beneficencia, á quien había sido envia- 



(') Esta cantidad dcliía ¿rv redi fl caita cuando. tomamos tafos dalos, por 
tenor aun que agregársete algunas donaciones que aun nü 'Smbhn sido entre- 
gadas á Ja Junta. 



»Sa, cotí mas la de mil doscientos cuurentu y nueve pesos, /res 
ciemos óchenla centésimas reflectada por dicha Comisión en 
Montevideo. 

La suma total de las cantidades recibidas por la Junta E. 
Administrativa, de Buenos Aires, Guálégnaychú, Bagó, Minas, 
Meló y Artigas, San Isidro, Mercedes, Paysandú, Pando, San 
Carlos, Montevideo y lo entregado por la Comisión de Cari- 
dad y Beneficencia, es consiguientemente de veinte y ocho mil 
ciento sesenta y dos pesos, noventa centesimos. 



A la Sociedad Filantrópica han sido también entregadas 
algunas donaciones y el producto de varias suscricion es le* 
yantadas con el objeto de segundar sus nobles Unes. Vamos 
á mencionar aquellas ó que se ha dado publicidad* 

Mil dos cientos pes os donados por el Sr. Presidente de la 
República D. Gabriel Antonio Perciru. 

Mil seis cientos cuarenta y un pesos , seis reales v chite cente- 
simos, equivalente de dos contos seis cientos cuarenta y ocho 
mil reís moneda tlel Brasil, recolectados en Rio Janeiro por 
el cónsul general de la República, D. Gabriel Ferez, y el vi- 
cecónsul D, Domingo José de Campos Porto. 

Dos cientos sesenta y tres pesos, Quinientos sesenta reís de la 

suscricion promovida en la villa del Salto por eí Sr. Rus lá- 
mante. 

Cincuenta pesos , cuatro reates de una suscricion formada 
en la ciudad de Mercedes por la señorita Da. Del fina Pend- 
ra, entre sus amigas* 

Ciento ochenta y sets pesos, cuatro reales, ochenta centesimos 
de otra levantada entre las señoras de la Aguada y Arroyo 
Seco por Da. Joaquina C. de Francos, Da* Bernardina S. de 
Rodríguez v Ja señorita Da* Agapita Flores. 

Ochocientos veinte y cinco pesos, cuatro reales ochenta cen- 
tesimos de la promovida en Gualeguay por el Sr. Coronel D. 
Lucas Moreno. 



Setecientos veinte y mi pesos, ciento sesenta reü do la forma- 
<]a en Tacuarembó por I>. Eduardo Castellanos. 

Tres cientos sesenta pesos, ciento cincuenta centesimos de la 

del pueblo de Rocha. 

Cuatro cientos dos pesos, tres reales, dies centesimos ele la 
promovida en la dudad de la Colonia. 

Ciento veinte y siete pesos, seis reales de la de Pablara. 

Dos cientos pesos de la formada en el Salto por D. brun- 

cisco Abren- 

Mil dos cientos sesenta y ocho pesos, tres reales veinte cente- 
simos de la de San José. 

Mil pesos donados por la Sociedad de Amistad y Progreso 
de la villa del Salto* 

Seis cientos sesenta y dos pesos, cuatro reales de la susori- 
don promovida en el pueblo de la Concordia (provincia t e 
Entre* Ríos) por D. Juan J. Carassale y D. D.omsio Trillo. 

Cuatro cientos cuarenta y siete pesos, cuatro reales ochenta 
centé$nos de la formada en el Rosario de Santa Fé por el 
vice-éónsul Oriental D. Saturnino Revuelta. 

Dos cientos setenta y seis pesos de la promovida entre e 
vecindario de la dudad de Maldonado. 

MU y cien pesos de la levantada en la villa de la blonda. ( j 
Tremía y seis pesos donados por el Sr. D. Avelirio Lereua. 
Suma total de las precedentes cantidades, recibidas por 
la Sociedad Filantrópica,— dic* mil setecientos setenta pesos, 
ciento sesenta centesimos * 

La misma corporación recibió también de Rio Janeiro, 
por conducto del Sr. Cónsul Oriental 1). Gabriel Pérez, una 
importante donación del distinguido Doctor en medicina D. 
■Vlei andró José de Mello Moraes, consistente en cien botiqui- 
nes homeopáticos, cien tratados de este sistema, cien mazos de 
medicamentos acompañados de inmensidad de ymas mpicsas 

lición continuaba aun abierta y la Saciedad 

otras ulteriormente a esta fcduc-MmUevideo >5 do Jumo do 1»,, 



para la curación de la Hebra amarilla y el cólera- mor bus 
_ A mas, el mismo Dr. Mello Moraes envió á nuestro Go 
bienio cincuenta botiquines homeopáticos con sus correspon- 
dientes tratados. 

Este generoso donativo del W. Mello Moraes es de una 
gran importancia; pues solo Jos botiquines homeopáticos, al 

a 8 ? ° 10 aneiro ' equivalen :í mil qu miemos pal acones. 

Agregúese que en aquella capital la homeopatía rivaliza hoy 
con los mejores sistemas curativos, y se comprenderá la in- 
tención de la dadiva presentada por el Dr, Mello Moraes 
como tributo de sus reconocidos sentimientos filantrópicos Ú 
la población doliente y necesitada de este pais 
Pero esta generosidad poco común, esta simpatía con el 
mfortu.no universal, esta caridad ejercida ú mi! leguas de 
i estancia, nene su explicación en .que el Dr. Mello Moraes 
es miembro de esa grandiosa familia « esparcida y de siglos 
arraigada en vanas partes del globo, que tiene por capital 
bjeto ejeicer la beneficencia, promoviendo el estudio de la 
la moral universal, y h, práctica de todas las virtudes alta- 
mente sociales, humanitarias, filosóficas,» 

Este ilustrado brasilero es ademas miembro de otras cor- ' 
poracioi.cs científicas y literarias del Janeiro, y creemos que 
nuestro Gobierno no liaría mas que un acto de justicia á su - 
conducta humani taria y generosa para con nuestro pueblo, nom. 
brándolo miembro honorario de uno de nuestros institutos. 

ó otamos, pues, por ello sin perjuicio de análogas jirimi- 
cas de reconocimiento, que esperamos se darán á otras al- 
mas en igual grado generosas y humanitarias, cu fehmnera- 
cion de las pruebas de simpatía que les hemos merecido en 
la época calamitosa por que venimos de pasar. 

J^a Sociedad Filantrópica recibió aun de Rio Janeiro un 
locativo e Di, J). Gabriel Plocsqüeilcc, consistiendo en 
cmcuehta cajitas cíe pildoras, cuyo uso recomienda este señor 
contra la fiebre amarilla y el cólera -morbos» 



Eu medio do h calamidad que la azotaba, estas pruebas 
generosas de simpatía en el dolor que recibía Montevideo de 
todas partes, de sus hermanos mas ó menos próesimós, ha- 
dan palpitar el corazón enlutado de sus hijos con el senti- 
miento de la mas honda gratitud. 

Este sentimiento no viene palabras que lo espresen; pero 
es bastante poderoso para afianzar en lo sucesivo los de Ira. 
ternidad ó inalterable armonía que nos ligarán eternamente 
con nuestros nobles circunvecinos. 

He aquí, sin embargo, los versos que escribíamos al llegar 
á Montevideo los primeros auxilios de Buenos Aires: 

/ 

GRATITUD AL PUEBLO DE BUENOS AIRES 

Con motivo de las suscrieiones promovidas allí para auxi- 
liar las familias indigentes de Montevideo durante 
la epidemia. 

/ - ■ , ■ ■ _ 

Del ámbito Oriental eco es mí lira, 

La voz del pueblo. Ja esprcsi.on de su alma; 

Gime con el, transportase ó suspira 
Según sus horas de aflicción ó calma. 

Por eso, Buenos Aires, hoy eleva 
De gratitud un Íiimno en tu borneo aje, 

Que el sentimiento público te lleva 
En defecto de armónico lenguaje. 

Sí, Buenos Aires ! boy Montevideo 
En honor tuyo con mi voz levanta 
Grato, unánime, inmenso clamoreo 
Por tu conducta jen ero sa y santa. 



— 5(5 — 



% 



Con ella pruebas comprender los lazos 
Que te unen á mi patria ni al hadada, 

Que fe abriera también fraternos brazos 
En tu aflicción de un época pasada* 

Con ella pruebas comprender que estamos 
Ligados por la sangre y por la historia : 
Que en Mayo un idos a la lid marchamos 
En pos de patria, libertad y gloria ! 

Con ella pruebas comprender, en suma, 
La santa voz de caridad cristiana: 

Que ante el atroz flajelo que la abruma, 

1 iendes la mano á tu infeliz hermana ! 

* 

* * 

Las lágrimas que enjugas, 

Oh pueblo jenerosb; 

En himnos se convierten 
De gratitud y amor ; 

En súplicas (pie imploran 
Tu dicha y tu reposo, 

Y elévanse basta el solio 
Del almo Creador. 



La dadiva que brindas 
Al mísero indi ¡ente 

Y endulza de su cáliz 
La mórbida acritud, 
Celestes bendiciones 
Reportará á tu frente 

Y la inmortal aureola 
De amor y gratitud* 




— 37 — 



Las víctimas que arrancas 
Al bárbaro fl ajelo, 
Merced á tus auxilios, 

Oh pueblo bienhechor! 
No cesarán un hora 
De levantar al cielo, 
l’or tu ventura, votos 
De gratitud y amor. 



Y aquellas que vencidas 
Por la epidemia impía 
Desciendan ¡ay! no obstante 
Al lóbrego ataúd, 

Con su último recuerdo 
Parante en la agonía 
Una sentida lágrima 
De amor y gratitud. 

a 

* *■ 

Ese socorro que tu amor nos manda. 

Oh pueblo ! prueba que jennina en tí 
La universal fraterna propaganda 
Que tantos bienes fructifica aquí. 

Sublime asociación, virtuoso gremio 
Que siembra por do quier la caridad, 

Y solo aspira, de su alan en premio, 

Al amor de la aílicta humanidad! 

Jamas mi patria legará al olvido, 

Oh Dueños Aires, tu proficuo don 

Un lazo mas con él has merecido 
Que estrechará nuestra fraterna unión. 



8 



— í¡8 - 



Acepta, pues, el título elocuente 
De la profunda, cierna gratitud 
Que el corazón en Jo trias Itondo siente 
V hace vibrar por eco mi laúd. 

Jl. C. Fajando. 

Montevideo, 27 de abril de 1857. 



ESPÍRITU DE LA PRENSA 



Ndila hace fraternizas como el peligro común* 

' ^ de la batalla; las rencillas sempiternas em 

tre superiores y subalternos desaparecen como por encanto, 
para solo pensar en vencer al enemigo y luchar heroicamente 
de consuno* 

i)cl mismo modo la prensa periódica, que en las épocas 
normales malgasta gran porción de tiempo en estériles chi- 
carías, en ventilar' pequeños intereses de circulo ó de partí- 
do, aun cuando mas no sea que por sacar algún fruto del 
quietismo de la situación,— abandona inmediatamente el ter- 
reno de la discordia y las polémicas inútiles luego que vé 
amagado el ínteres o la salud general por una calamidad de 
cualquier género, y aunando sus esfuerzos, se consagra á 
combatir el enemigo común* 

Est0 hace la prensa noble en todas partes.— En nuestro 
país, esto precisamente ha acontecido con motivo de la epi- 
demia que últimamente le azotara. 

Luego que esta hizo sentir sus primeros estragos en la 
capital, nuestros órganos pren sis ticos pusieron todo de parte 




— 30 



\>ai'a consagrarse á indicar los. medios de combatir el ílájelo, 
poniendo esta cuestión do Ínteres general y vitalísimo.. á la 
orden del dia con postergación de otra cualquiera. 

Montevideo contaba á la sazón siete periódicos: 

El Comercio dd Pial a, aliarlo de la mañana, cuya redacción 
principal estaba al cargo del ilustrado, urgentino l>r. 1). Mi- 
guel Cañé, y la local ¿.secundaria al de nuestro inteligente 
amigo el barón de ;Viel: Costéis, conocido por el seudónimo 
do Stenio ; 

El Nacional, diario (le :1a tarde! rédactádo al principia por 
nuestro .joven compatriota V amigo IV CáfloS Carvallo, y pós- 
ter i orinen te por el Br¿ I), Juan Cáelos Gómez, que abandonó 
la acreditada redacción dé La Tribuna en Buenos Aires para 
traer el contingente de su inteligencia a su allí] ida patria y 
compartir el peligro de sus conciudadanos ; 

La Nación t órgano oficial, redactado por nuestro joven 

amigo D. Juan Joaquín Barbosa ; 

La Repüblicai diario de la mañana redactado temporal- 
mente por el señor D. Juan E* Horne; 

La Regeneración , diario de la larde, redactado por nues- 
tro esclarecido amigo. D* Emilio Mangei du Mesnil; 

El Eco Uruguayo < periódico bisemanal, redactado por el 
autor de este opúsculo, y colaborado por I). José Antonio 
Tavolara ; 

Y el Sol Oriental , diario de la tarde, redactado a] princi- 
pio por Dé Vicente Garzón y D. Adolfo D, Cabré jo, y últi- 
mamente solo por este* 

Gomo ya hemos dicho, todos estos periódicos llenaron sus 
delicados deberes en presencia de la epidemia con energía 
y perseverancia, exhortando a la autoridad, estimulando á 
la ciencia, combatiendo el pánico que invadía la población, 
indicando el remedio pronto y eficaz para eslirpar las causas 
del flajelo, concitando el esfuerzo colectivo á esa apremiante 
tarea* 



Ni uno solo de sus redactores abandonó ei puesto de ho- 
nor en que se hallaba colocado; ni uno solo dejó de levan- 
tar su YOZr siempre que fue necesario discutir un nuevo plan , 
aplaudir una acción noble, un rasgo caritativo u abnegado, 
reprimir una conducta censurable como la deserción de cler- 
tascategorías oficíales, de que ya hemos hablado en otra par- 
te, ó la desnaturalización y el egoísmo de Gabot y compañía, 
A ecepcion de nosotros, todos estos dignos escritores han 
hecho por su parte cuanto pudiera esperarse de mi noble 
sacerdocio en aquel período probatorio, levantando nuestra 
prensa periodística á la altura de las demás corporaciones 
que hemos pasado en revista en el correr de estas pajinas. 
Todos ellos felizmente, lograron escapar al alcance del 
azote, y la mayor parte continúa al frente de sus respecti- 
vos periódicos trabajando con fervor en la filena del bien pú- 
blico. 

Les envidiamos este honor 



LOS MARTIRES DEL DEBER 



i 

El Ilr. D. Teodoro JMT Tilardelní 

El S9 de marzo de 1857 escribíamos lo si guíen te con el 
corazón oprimido de pesar: 

■a La ciencia médica acaba de perder á uno de síts mas 
esclarecidos luminares, la República á uno de los hijos que 
mas honor le hacían, 

i El Dr* D. Teodoro Yilardebó ha dejado de existir hoy, á 
las dos de la mañana, víctima de la epidemia reinante, Lía 
muerto con la muerte gloriosa del soldado que cae en la 
brecha en defensa de la causa sacrosanta de la humanidad. 
La cabecera del enfermo ha sido el puesto de honor en que 
la parca ha herido ai l)r, Yilardebó, prestando á ios des- 
graciados los auxilios de una ciencia cuyos deberes sagra- 
dos ha mostrado que comprendía con sublime abnegación, 

<t Ha muerto dando á sus compañeros un ejemplo de va- 
lor y celo científico que hoy mas que nunca deben ellos 
empeñarse en imitar, si quieren que las bendiciones del 
cielo desciendan sobre su cabeza y que la gratitud de la 
humanidad aílijida levante un himno en su loor, p 

Faltos de datos biográficos para escribir un digno artí- 
culo neorolójico sobre este noble mártir del deber, echa- 
mos la vista sobre im escrito publicado on Rueños Aires 
con motivo de su muerte, y nuestro labio enmudece Inte la 
corrección, elocuencia y brillantez de la palabra que va- 
mos á transcribir. 

Ella nos dispensa al misino tiempo de un trabajó que 



tendríamos gloria cu llenar, pero que nunca lo haríamos de 
una manera tan conspicua. 

He aquí esos rasgos brillantes de una de las mas hábiles 
plumas argentinas, que bien pudo haber escrito al pié el 
nombre populárísimo de — Juan María Gutierre/.: 

« Como si estuviese dotada de un instinto infernal de 
dominación, la fiebre pestilente acaba de conseguir victoria 
sobre uno de sus mas denodados é inteligentes adversarios 
El generoso orgullo del que se consideraba fuerte por la 
ciencia, lia sido castigado por la mano misteriosa de la na- 
turaleza. El Dr. Vdardebó ha muerto de la liebre amarilla 
en la noche del Sábado al Domingo 29 de Marzo último, á 
la cabecera délos enfermos, esforzándose por tranquilizar 
los ánimos aterrados por ¡a secreta y rápida circulación de 
la muerte, como muere gloriosamente el guerrero al pié de 
&ii bandera. 

« En medio del silencio egoista que se apodera de las po- 
blaciones azotadas por la peste, no han faltado en Monte- 
video ecos que repitan el dolor especial causado por la 
muerte de aquel hombre distinguido. Esto abona á favor 
de ese mismo mérito. 

« El Dr. \dardebó, habría sido estimado en cualquier 
parte del mundo por sus luces, por su noble carácter, por 

su constante devoción á las ciencias y al estudio; pero en 
esta parte de América donde' tan pocos de sus hijos se con- 
sagran por puro amor, por irresistible vocación al cultivo 
*clos conocimientos recónditos que tienen por base la' 
Observación y el cálculo, era una especie de escepcion y 
un objeto de orgullo parales hombres de su propio orí jen. 

«, Nosotros no podemos hacer una biograíia de- la noble 
victima. Hemos estado privadps .por largos años de su agra- 
< able trato y de sus instructivas conversaciones. No esta- 
mos iniciados en la marcha de su espíritu desde el año 



1845, ni de sus proyectad cien tí fíeos, ni de los trabajos ú 
que lia sabido consagrarse después de aquella época, apar- 
te del ejercicio de su profesión de medico. El Dr. Yilar- 
debo, bajo aquellas formas sociales y amables con que apa- 
recía revestido en público, ocultaba la severa y elevada re- 
jion en que se mantenían sus ideas constantemente. Su si- 
lencioso gabinete era el oasis de sus sueños en ese arenal 
que atravesaba como medico cu las horas de su práctica de 
cada día. 

a El Dr. Vilardebó, comenzó sus estudios mayores en la 
Universidad de Gen era. Creyendo que.su vocación Je lla- 
maba á consagrarse á las matemáticas, hubo de dedicarse á 
ellas esclusivaniente, y aun fué invitado para regentear allí 
una cátedra de cálculo trascendente. Otra era la profesión, á 
que su destino le llevaba. De España pasó á Francia para 
dedicarse á la medicina y fué discípulo de la escuela de Pa- 
rís hasta recibir en ella su diploma conquistado con mura- 
ba j o a s íduo , una eo n du c ta ej e n i n 1 a r y l u ci dos acto s c i e n ti fí - 
eos, de cuyo mérito puede dar testimonio la notable tési^ 
que leyó para recibir el grado de Dr. en la famosa Universi- 
dad de aquella capital. Al frente de esa tesis había es crito 
con ternura el nombre de su padre, pensando al escribirle 
en los servicios próximos que iba a ofrecer á su querida pa- 
tria después de una larga, ausencia y de muchos desvelos. 

5 La fama de su mérito se adelantó á él en A mérica. Po- 
co antes de partir para Montevideo, habia sido el ejido pa- 
ra eo mp o n er tina comisión de distiugu idos profeso r es Ir á n - 
.ceses encargados oficialmente de estudiar en el Norte de 
Europa el carácter y los sintonías del cólera en sus prime- 
ras invasiones en aquella parte del mundo. 

« Esto era por los años 1850 y tantos: estaba entoñées 
en la plenitud dé su robustez y de su fuerza: su estatura 
era alta,' Su scmMán te simpático, sus modales benévolos y 
cultos, y su páíabra pitra y perfccbüñente acentuada no de- 
jaba nunca traslucir que poseía Tundaméntalmeute muchos 



U — 



idiomas estranjeros, porque había <; altiva do con preferen- 
cia el que amaba y respetaba como heredado de sus- padres. 
No nos engaña la afición de amigos. Podemos citar un ejem- 
plo práctico del encamo de la conversación íntima del Dr. 
Vilardebó, con tal que ella se contrajera á materias cientííi- 
cas y graves. A las oraciones de una tarde del verano de 
18-il, se reclinó nuestro amigo en una hamaca correntina, 
colgada á las paredes de nuestra habitación. Era la primera 
vez que descansaba el cuerpo sobre las redes de aquel lecho 
americano, y las observaciones que hizo con este motivo nos- 
autorizaron para decirle : “Querido Dr.: haga V. de cuenta 
“ que se encuentra Y. en este momento en las soledades 
“ primitivas de Nueva Granada y que ha hallado V. allí eo- 
“ mo A, Humboldt á aquel pobre americano del Pozo, se- 
diento de ¡os raudales do la ciencia europea, que el sabio 
“ viajero describe con tanta admiración en una de sus obras. 
“Habiente Y. de París, del París intelectual que Y. conoce 
tanto, de los profesores que allí se distinguen, de las too- 
“ Gas científicas á la moda, y de las verdades inconcusas 
‘ ‘ fine la observación ha arrancado del avaro seno de la na- 
t c turaleza. ” Con qué modestia y con cuanta gracia, comen, 
zando por ¡a parte pintoresca de Jas costumbres de las es- 
cuelas francesas, l'né remontando hasta la parte ardua y ele- 
vada a que le convidábamos á subir 1 El sol del día siguien- 
te bañaba laá azoteas de la blanca y risueña Montevideo, 
cuando nos despeáramos después de haber pasado una no. 
che cuica, como él decía, inolvidable para nosotros. Seria* 
mos incapaces de reproducir lo que dijeron de bueno y de 
interesante los labios que boy están para siempre mudos. 
Pero un biógrafo del famoso físico M. Amperc, hablando del 
inmenso saber de este profesor, ha descripto con una rara 
fidelidad el cuadro que acabamos de dibujar con vagos per- 
files, “Habló trece horas con una lucida? no interrumpida : 
y como el mundo es infinito, y todo en ¿1 se encadena, y 



“ Aoiperc le conocía zona por zona y de un círculo al otro, 

“ sus palabras corrían sin cesar: si el cansancio no lu hu- 
“ biese detenido, creo que aun continuaría. ¡Oh ciencia', 

“ Esta vez habíais puesto bien á descubierto el puro, bu- 
“ líente y sagrado manantial de tus verdades'.” 

t Ocupaba mucho al Sr. Yilardebó la idea de hacer un 
estudio formal de la historia política y natural del país de 
su nacimiento. Y 'como la historia civil del territorio orien- 
tal está ligada desde la conquista á la j eneral del antiguo 
Virreina Lo del Rio de la Plata, se estendian % todo él sus in- 
vestigaciones. Llegó á reunir muchos é importantes mapas, 
planos parciales y documentos escritos para servir á sus mi- 
ras, y aun redactó unas décátííts que, mas que un u abajo 
histórico completo, eran un cuadro cronolójico de acontecimi- 
entos y descubrimientos csplicados con los preciosos mater- 
nales que había sistemado laboriosamente. El estudio de 
las razas entintas de la gran familia guaravútica que habían 
poblado las tierras comprendidas entre el Uruguay y el Pla- 
ta, habíale llamado su atención con preferencia, y deben 
existir entre sus papeles apuntes útiles sobre esta intere- 
sante materia y en especial sobre el carácter, hechos y eos - 
tumbees de aquellos famosos charrúas que fueron rebeldes 
por siglos á la espada y á la doctrina de la civilización. Cree- 
mos que los primeros pasos que se dieron en Montevideo 
para formar una asociación de personas, que se contrajesen 
á la jeografia y á la historia patria, fueron dados por el Sr. 
Yilardebó. Esta idoa se realizó mas tarde, quedando hasta 
ahora en estado de jérmen,como quedan siempre entre noso- 
tros las ideas de esta naturaleza. 

«El segundo viaje que emprendió á Europa ef Sr. Vilordo- 
bó debió tener por objeto, si no estamos mal informados, 
el perfeccionar sus conocimientos para realizar sus eseursio- 
nes cientílicas en el territorio oriental. Al ocuparse de la 

geografía práctica, al estudiar la geolojia especial de aquel 

9 



— 6G — 



suelo, advirtió; que las nociones generales que poseía sobre 
estos ramos no eran suficientes para llegar á la perfección á 
que aspiraba, v para responderá las exigencias que tiene en 
la actualidad el mundo científico. Adelantado ya en la vida, 
podiendo gozar de la independencia que ya había conquista- 
do, se resignó por amor patrio y por devoción al estudio á 
volver á la humilde condición de discípulo, interrogando los 
sabios especiales y sentándose en los bancos del aula como 
en los anos de su primer juventud. Él aspiraba á determi- 
nar astronómicamente los puntos principales que habían de 
servirle de base para formar en seguida la red trigonométri- 
ca de sus cartas, así como aspiraba con este segundo objeto 
a perfeccionarse en el manejo de los ins trunientos jeodésicos. 
En el estudio de los minerales, y de la formación de los ler- 
lenos, en la clasificación los abundantes restos fósiles 
que en esos mismos terrenos están como incrustados desde las 
épocas antidiluvianas, aspiraba igualmente á presentarse dig- 
no de los jeologos y de los paleo litógrafos mas acreditados. 
Es lastima que las inquietudes políticas y otras causas de des- 
aliento que militan él* América para esterilizar los meiores 
propósitos, hayan detenido al Sr. VÜardebó en este camino 
tan honroso como útil. Su espíritu debe haber padecido mu- 
cho con los obstáculos que encontró invencibles parala pro- 
secución de sus miras, pues hemos sido testigos de la sa- 
tisfacción conque decía hablando de la firme resolución que 
tema de entregarse á ese género de trabajos: «Para quien 

«desea formarse un nombre en ia carrera científica, nada es 
«tan penoso comoja indecisión del rumbo que haya de seguir. 
«\o le he bailado ya. Mi ocupación en adelante será el estu- 
dio de la naturaleza y de Ja historia civil de mi país’/.... 
La muerte le ha sorprendido sin haber satisfecho tan lauda- 
ble ambición. Esta es la historia del hombre. 

«Lo repetimos, el espíritu y el carácter del Dr. Vilardebó 
emn serios y reflexivos El profesaba el principio de que nó 



n0 le eran indiferentes por la relación qne tienen con la fe- 
licidad pública, nunca quiso tomar una parte acüva cu ellas, 
dejando la jestion de los negocios de estado a cabezas mas 
audaces ó 4 personas mas presumidas de entender la lácti- 
ca de los movimientos gubernativos. El era uno de esos po- 
cos hombres con que contamos en estos pa.se s, para > que , 
colom.cn á la cabeza de la údanje científica que es preciso or- 

ÍZt aWna vez, para sacar de la pereza en que yacen las 
genual al D un ^ devolverbs activas a las necesí- 

tale un pais que se desarrolla como un niño bren 

,rt 

ni verle detenido en la vida, no por el cansancio de los anos 
sino por el veneno traidor de una epidemia inesperada, es 
duda la idea de que ha sucumbido en el lugar de honra 
á'donde le llamaban sus deberes. La actitud del médico que 
sucumbe al mal que en aquel momento cmntate. - 
modesta ñero no menos meritoria que la del soldado que 
ai L ,;,í„ en su puesto- Nosotros, si» embargo colocamos 
,, s,- Vilardebó mas arriba de los lióroes de espada, dán- 
dolo 'el lugar que mereee cutre los Hombres sabios y rectos 
que se sacrifican por la humanidad. Tenemos a ««al* 
carta de un digno y respetable europeo que lia tratado 
Vilardebó hasta sus últimos instantes, y de ella estragamos 
las siguientes palabras: * Estoy convencido por esperiencia 
«propia de que hay almas tan nobles y sublimes en el seno 
“de las civilizaciones jóvenes, eomo en el de las antigua^. 
“Vilardebó me recordará siempre la verdad de este pnci- 
**010, cinc para un os sin coii.tradiccion.* 

“Quien conoce el mérito moral é intelectual de la puso 



— 68 — 



na qqe escribe estas palabras, sabcque ellas son el mayor 
elopo que se puede escribir sobre el sepulcro del amigo 
malogr a do á quien deseamos paz.» D 



H 



Kl 0l '- Maílmillanct üymarkicw 



leas 



A día siguiente del fallecimiento del Dr. Vilardebó otra 
columna de la ciencia, otro noble compañero de aquel már- 
tir preclaro le siguió al polvo de la huesa, víctima también 
ue ia epidemia. 

Kl Dr. llymarlviewicz (a) el Polaco, no pertenecía á la cor- 
poración médica de Montevideo. Hallábase accidentalmente 
en esta ciudad, y estaba en vísperas do partir para la de 
menos Ayres, cuando asomó la epidemia. Entonces el noble 
acuita tu o desistió de su viaje proyectado, porque sus senti- 
mientos filantrópicos y los deberes de su profesión lo vincu- 
laban a la infeliz Montevideo. 

Hombre de profundos conocimientos científicos y de una 
grande abnegación, el Dr. Rymarldewicz se consagró desde 
luego al socorro del indijente con una solicitud nada común. 

l o descansaba un solo instante: parecía como animado 
( e ese lervor humanitario ó infatigable de (a familia de Hi - 
ram.— Era en electo francmasón. 

Su habilidad en la ciencia y su celo filantrópico, conse- 
guían los inas telices resultados. 



I 



— 69 — 



¡Cuántos míseros leerán estas palabras derramando lágri- 
mas de gratitud y pesar á su memoria por haberlos arranca- 
do de los brazos del flajelo á costa de su existencia pre- 
ciosa 1 . , . . 

He aquí algunos datos biográficos que publicó La Regene- 
ración en su número 9 acerca de este hombre cuya ejem- 
plar abnegación jamas sabríamos ponderar: 

‘‘Maximiliano Rymarkiewicz nació en Polonia. Desde la 
edad de 16 años, empuñó las armas y se alistó en las -filas 
de sus compatriotas que combatían para libertar á su patria 
de la dominación estranjera. 

“Después de la sumisión de Cracovia, Rymarkiewicz, con 
denado á muerte por el rey de Prusia, huyó para París don- 
de estudió la medicina y recibió el grado de Doctor en 1845. 

“En 1848, cuando estalló on Italia la guerra de la inde- 
pendencia, Rymarkiewicz, para quien todos los opresores de 
los pueblos eran uno, salió de Parts para Ir á alistarse cu 
las lejío nes de Carlos Alberto, quien poco tiempo después 
le confirió el grado de capitán. 

“Después del desastre de Novarra, Rymarkiewicz vino á 
Montevideo y luego se trasladó á Buenos Aires, donde como 
aquí ejercía la medicina. 

“En abril de 1854, cuando el gobierno de Buenos Ay res 
desterró de un modo tan arbitrario como injusto al publicis- 
ta francés M. Qucntin, Rymarkiewicz, por no privar á la po- 
blación estranjera de su único órgano, se puso con abnega- 
ción y enerjía admirables en medio de circunstancias difici- 
lísimas á la cabeza del diario francés Le Gommerce, sin que- 
rer recibir un solo peso por su trabajo de redacción, por con- 
sideración á la penible situación en que se hallaba M. O ti en - 
tin. Y solo abandó el diario cuando M. Qucntin, desespe- 
rando de poder volver á Buenos Ayres, 1c di ó la orden de 
suspender la publicación del Gommerce. 



— 70 — 



Ademas Rymarkiewicz poseía conocimientos vastos y era 
tm publicista distinguido, como lo prueba su Iridlon v otras 
vanas obras filosóficas que publicó én París. 

¡ Hombres tan modestos como tan ilustrados deben sor 
sentidos por todos!» 

Sí ! sentidos por todos é imitados por aquellos que abra- 
zan su profesión 

Este hombre no debía nada ó nuestro pais sino algunos 
dias de residencia en su seno; ningún deber lo obligaba á 
permanecer en él durante la epidemia, ni a sacrificar su vida 
en el gratuito ejercicio de su ciencia, mas que él deber de 

su conciencia, los impulsos generosos de su escelente co- 
razón* 

Ni aun sus relaciones sociales lo constreñían á este heroi- 
co sacrificio; porque casi ningunas había adquirido en nues- 
tro país. 

Hombres como este son raros; mas que raros,— eseepcio- 
nales ! 

í Que nuestra gratitud perpetúe su memoria, alzándole un 
ilion uniente digno de sus virtudes,— de esas virtudes que lo 
lucieron consumar el holocausto de su vida por salvar la de 
muchos de nuestros compatriotas í 



■ Sí 



■ El ptíísimo y Reverendísimo Vicario Apostólico 

D. «losé líeulto Inanias. 

El 9 de Mayo, el insaciable ílagclo bacía otra víctima 
ilustre. 

Nuestra Iglesia perdía á su virtuoso ge fe, D. José Benito 
Lamas, Vicario General Apostólico y futuro Obispo de la 
República. 

La patria, á uno de sus lujos beneméritos, á uno de sus 
viejos servidores. 

Su voz se había oido resonar por largos años ya en la 
cátedra del Espíritu Santo, ya en varios recintos áulicos, ya 
en la tribuna parlamentaria de sil pais. 

Sus virtudes cívicas y evangélicas, sus vastos conocimien- 
tos, su ilustración, su carácter, lo habían elevado á lamas 
alta categoría de nuestra Iglesia.— Esta debía bien pronto 
investir una nueva dignidad, subir á un rango mas elevado 
en la jerarquía eclesiástica, — y el representante de esa nue- 
va dignidad debía ser nuestro ilustre compatriota, aquel 
virtuoso prelado. 

Pero la Providencia, en sus arcanos impenetrables, puso 
término á su vida, antes que hubiese ceñido su frente cana 
y venerable la mitra del Obispado. — ¡Y sabe Dios que nos 
robaba la cabeza mas digna de ceñirla! 

Tenemos á nuestra vista un documento donde se hallan 
consignados los principales rasgos biográficos de este mártir 
ilustre del deber. Ese documento nunca ha visto la luz pú- 
blica; nosotros vamos á transcribir de él lo necesario pa- 
ra dar á conocer los antecedentes honoríficos de nuestro fi- 
nado Vicario Apostólico D. José Benito Lamas: 



— 72 — 



' ‘ I unía 46 años cuando el 8 de Marzo de 1803 tomó volunta- 
riamente el hábito en la Observancia de Religiosos Francis- 
eanos de Buenos Ayres, después de los correspondientes 
exámenes proscriptos por los institutos de la Orden. 

“A principios del año 4804 entró al estudio de Filosofía, 
y no bien había terminado un solo año, cuando dió pruebas 
de sus progresos defendiendo el acto público de Lógica, que 
generalmente no se encarga sino al mas distinguido del 
curso. Concluidos los tres años, rindió el acto general de 
tiloso fía, que abrazaba todas las materias sobre que se ver- 
sa la facultad, comprobando con esto, que no había decaído 
su primacía en él. Pasó en seguida á cursar las ciencias Teo- 
lógica -Escolas tica, Dogmática y Moral 

“Notable es, en esta época, que ti Ministro Provincial 
procediera á ordenar, pasara el R. P. Lamas á Montevideo 
'Su t atI * a ) por Considerarle hábil, cort ocasión de defender 
os Actos públicos, que tres catedráticos de las referidas 
ciencias teman designados; y cuyo feliz desempeño no con- 
liaban a los propios alumnos de sus aulas. Esta tarea la lo- 
gro realizar con un lucimiento tan digno, que le mereció la 

J a£eiUe íle CoIe S ial exento de coro y domas distribuciones, 
a luí de estimular mas su contracción al estudio de fflií 
Conclusiones de todas materias, que debían sostenerse muy 
pronto en la Capital de Buenos Ayres con motivo del Capí- 
tuto Provincial, 

“En premio de tal empresa bien desenvuelta, y de la 
oposición que había desempeñado de la cátedra de Filosofía, 
se le confino el derecho de elegir (para regentear) laque 
mas fe agradase entre las diversas que componían los estu- 
dios de esta facultad en todos los pueblos de la Provincia. 
En memo de esta gracia, hizo el R. P. Lamas elección en 
a de s« país natal (Montevideo) y abrió este curso el 14 de 

mióte I8KJ. Se hallaba entonces tan solo ordenado de 
Diácono. 



“A fines del año escolar fueron suprimidas las Aulas, a 
eau sa déla guerra c I v i 1 ; y pa sú á B u cu os Ay res a eontinu a r 
e] ejercicio de su cátedra en el Convento de la Recolección, 
habiéndole sido expedida !a Patente de Catedrático de Filo- 
sofía por el íi. P. Provincial Fr. Cayetano José Rodríguez, 

* ‘Desde este año continuó de tal catedrático hasta la ce- 
lebración del Capítulo Provincial, 

4 ‘En seguida, y cu mérito de sus reconocidas aptitudes, 
lué instituido por el Rmo, Comisario General de Regulares 
Fr. Casimiro iva rola. Catedrático de Teología de Nona del 
C on ve n lo Max i roo de San José de Ce rd oba ; cuya i nsti Lucí o n 
fu é d c h o n o r y esp eei al g ra c i a pe r n o con t a r a u n el ,tér mino 
del curso que dictaba de Filosofía el año <1814. 

“En el re fer i d o Ca p í tul o P r o v i n c i a l fu o 1 1 o mb rad o Ca te - 
< 1 ra ti co d é Teo l o gi a de V. t spe rn s d el C o nv en Lo de Sa 1 1 Rcr* 
uardiuo de Montevideo, y pasó cu efecto á fines dei mismo 
año. En el siguiente fuá nombrado por el Sr, General D, 
José Artigas y la municipalidad. Director de las Escuelas 
públicas: destino que con aprobación general desempeñó y 
la del mismo Cabildo hasta Eiiero del año 1817. 

“Al terminar este año, (prolongándose la guerra) sus 
Prelados acordaron pagara á la Provincia de Mendoza, para 
dirigir allí la educación que se bailaba confiada á los Reli- 
giosos de la Orden por el Gobierno de la referida Provin- 
cia, con condición do adquirir la posesión del Convenio que 
antes dependía de la República de Chile. 

“Durante este ejercicio, 1c fue conferida la Prelacia del 
Convento, con el titulo de Presidente in capí te por el Pimo. 
P, Provincial Fr. Hipólito Soler, basta la congregación si- 
guiente en que hizo renuncia del cargó por considerarle in- 
compatible con la dirección de las Aulas; habiendo mereci- 
do de su Prelacia un testimonio de aprobación; distinguida 
esta, no solamente en clase de Optima al exponer sus tra- 
bajos, sino que también recibió otra igual demostración del 

10 



— 74 — 



II. P. I r- Dionisio íarriba con motivo tic la visita que hi- 
zo personalmente al expresado Convento en el siguiente 
aíio. 



," n slls documentos aparecen también .comprobados el 
ménto y valor de su conducta á datar desde su juventud - 
de sus servicios en la educación, y de diferentes cargos in- 
clusos el de Maestro de Novicios y la Prelada. La renuncia de 
esta, nótese que luó admitida con disgusto aun por el mis- 
mo Gobierno en razón de los conocidos adelantos y del cré- 
dito y acierto considerables.' — -El resolverse su admisión 
consintió en combinar la adhesión del nuevo Prelado á la 
marcha ó instrucciones del R, p. Lamas, v que este admi- 
tiera á Ja vez el empleo «le Rector del Colegio de aquella 

Ciudad, que efectivamente regenteó hasta Julio del año de 
1824-, 



En lal posición ocurrió ser distinguido con ia Patente 
de Reformador, expedida por el R. P. Visitador General y 
Presidente de Capitulo Fr. Pañtaleon Garda. Esta comisión 
honoríHca, que jamas se desempeña sin socios agregados 
según el orden practicado coa los demas de igual clase; no 
la exigió el Gobierno de Mendoza respecto del P. Lamas por 
ía particular eoníianza que le merecía su persona, * 

“Paso en Julio de 1824 á la Capital de la Provincia de 
Mu Luis; y al instante solicitó su Gobierno se ocupara de 
la instrucción y dirección de la juventud (entonces comple- 
tamente descuidada.) Lo que efectuó con grande provecho. 

“En este país ejecutó el R. p. Lamas el Preve de su 
Secularización expedido por el Smo. Pontífice P. Pió Vil que 
(por duplicado) recibió personalmente del Sr. Abogado Rr. 

I Maznólas, Secretario de la Legación de Chile cometida al 
_ ®®? D Clon fuegos, que acompañó al Ilímo. y Rmo. Mon- 
señor Juan Muzzi Arzobispo de Fiiipi, cuyo Secretario era 
' l' eSa mision n «^lro actual Siimo Pontífice, á quien tuvo 
o lonor de acompañar y tratar el predicho P. Lamas que 



actualmente se fallaba de Héctor del Colegio. En la referi- 
da Secularización obtenida, no se há omitido tramite alguno 
del aere cito. 

“De la Capital de San Luis pasó á la de Córdoba en 
Septiembre de 1826, é inmediatamente se presentó á opo- 
sición a la Cátedra de Latinidad de Mayores y Menores 
que sirvió sin perjuicio de la dirección del Colegio de Huér- 
fanos de dicha ciudad* 

‘‘En Enero de 1830 'regresó á Montevideo, consagrándo- 
se al instante al cumplimiento de los deberes de su Sagrado 
Ministerio; á !a Prédica con especialidad en la Iglesia Ma- 
triz y en otras de esta Capital, supliendo con su asidua con- 
sagración la notable escasez de sacerdotes en esa época. 

“En el propio año fue nombrado por la Asamblea Gene- 
ral Preceptor de Latinidad, destino qite aceptó no solamen- 
te por no existir en ese tiempo persona hábil que le de- 
sempeñara, sino muy especialmente por rendir este intere- 
sante servicio a la iglesia y al Estado. 

“A fmes del año 53 presentó á sus discípulos á rendir 
ios Exámenes públicos y Actos literarios de dicha facultad y 
habiendo sido aprobados por el Gobierno, se le nombró por 
este mismo, acto continuo, Catedr ático de Filosofía, 

“En seguida fue nombrado por el mismo Gobierno Cate- 
drático de Teología Dogmática y Moral, en cuyo cargo per- 
maneció hasta el año 54, formando en este periodo jóvenes 
distinguidos que en el dia ocupan puestos honoríficos en el 
foro, y es bien notorio de toda la capital. 

“Siendo altamente sentida la escasez de Clero Nacional, 
so consagró con decidido empeño á educar é instruir en los 
predichos estudios á algunos jóvenes que ha elevado tam- 
bién á sus propias espensas, al Ministerio Sacerdotal, y hoy 
hacen honor á esta Iglesia. 

“Posteriormente habiendo acaecido el fallecimiento del 
Cura Héctor de la Iglesia Matriz, ambas Autoridades Ecle- 



— 7 tí — 



^ S1 ‘;7 Cml ’ lc hí ' Uiim , ’! ai 'b a( 'o la dirección y desempe- 
110 dEl Curat0 /t uc ' lla servido 17 años, prestando en él ¡m- 
portajes servicios que son liarlo notorios á esta Capital v 

?7 S>S . mejoras e .¡ecut£tdas en lo material v formal del 
Lulto. 

‘‘desempeñando este Carato, fuó que S« Santidad el 

0,U,Í!fiC ? ,a IX ’ f’ 01 ' m «!io del Sr. Belegaílo Apos- 
tolua) Monseñor Marino Marini, le confió la dirección dé la 
V icaria Apostólica del Estado, habiéndole sucedido en el 

Curato uno de los jóvenes a quien sa zelo había educado 
para ef Altar.” 



E 9 de Mayo, como liemos dicho al principio, murió este 
hombre benemérito. Ocho dias antes debia haberse coloca- 
do la primer nutra de la República; pero á consecuencia del 

ágelo que enlutaba la capital, habíase postergado aquélla 
augusta ceremonia. 



Cu Providencia nos arrebató, antes que ella se efectuara 
:tl . vimiosísimo !»*tor que había sabido optar en tan largo 
periodo de esclarecidos servicios-, al ejercicio de la nueva 
Rielad concedida ú nuestra Iglesia! 

¿Seríamos acaso indignos de merecerla por nuestro indi- 
íemuismo religioso? 

Mas adelanto lo veremos. 

Entre tanto, el Gefe de nuestra iglesia nos ha legado 
hasta en su muerte el mas admirable ejemplo de devoción al 
deber y de consagración á la patria. 

Mientras que gran número de las autoridades del país 
huían del peligro, abandonando su puesto de una manera 
ignominiosa y pusilánime, nuestro Vicario Apostólico per- 
maneció firme en el suyo, desafiando la muerte en eumpli- . 
míenlo de su misión evangélica. 

Si hubieseis permanecido en Montevideo durante el ma- 
}or ai ' s ° del l,a £ e!l b le hubieseis visto á. todas horas de! 



— 77 — 



(lia, y aun de la noche, cruzar por la dudad de uno á otro 
estremo, llevando los auxilios de su noble ministerio i la 
cabecera del moribundo, á la morada del pobre, ¡\ toda par- 
te donde eran reclamados. 

La última vez que le vimos fué> en esta noble tarea. 

A sus años, cuando ya su cabeza estaba blanca, sus pier- 
nas enflaquecidas, sus tuerzas agotadas, — esto era grande, 
era sublime! 

Varias personas respetables temían por su existencia, y 
trataban de morigerar en bien de ésta su celo religioso; al- 
gunos hasta quisieron hacerlo salir de la ciudad, l’ero él se 
resistió enérgicamente, basta inclinar su trente venerable á 
los decretos de Dios.— La corona del martirio substituyó en 
ella la mitra del obispado que estaba pronta á recibir. ¿V 
quién sabe si el Señor no se apiadó de sus años, y halló 
que aquella era mas liviana y menos terrena que esta 7 . . . 

' Yodos los fieles- han llorado la perdida irreparable de 

este virtuoso prelado. Todos los pueblos de la República fian 
tributado á su memoria un homenage sentido de admira- 

clon y de pesar. 

Hé aquí las palabras que pronunció un amigo en nuestro 
pueblo natal, la villa de San Carlos, después de los fuñera- 
les que allí se celebraron por el descanso de su alma: 

“Señores— Un objeto lúgubre y solemne nos ha reunido 
hoy: liemos ido á elevar nuestros votos por la paz eterna 
del Cele de nuestro Clero, y ú protestar ante Dios la resig- 
nación con que acatamos sus decretos. 

« ‘La calamidad pública rasga á cada instante nuestros 
corazones, pero no debe desesperarlos; cada una de sus 
ilustres víctimas abre en nosotros una fuente de llanto, pero 
ese tributo del alma debe exhalarse hacia Dios como un 
himno de abnegación y de reconocimiento! 



“El amor inimito del Creador, ese destello que toca a! 

1f ° y enC¡Cnde « « cl amor > también se re- 
0R ' S ’ como en d seno de la felicidad v de la vida 
en el seno de la desolación y de la muerte. Cada una délas 
lacrimas que vertemos solare el lecho del dolor ó sobre la 
nmba do nn ser querido; cada noble acción -que desmiente 
deg ™ kci0n (lcI ser y dtiiebra la infame lógica del egok- 
mq; cada existencia ofrecida en holocausto sobre las aras 

ne de n' * w.i otras tantas manifcstaeio- 

deh ;. qUe dlSlp ‘ lmJolK1S ia ombríaguez del placer, nos 

íf " r? mej0r> dCIltr0 del c “ e *'P° material y terrcs- 

tje ’ ci a!, no inestmguible y divina. 

' ■Y l»ra desembotar Dios nuestra sensibilidad, tiene que' 
hun algunas de nuestras mas nobles libras. 

“El sacrificio de esos seres escogidos, completa la mi- 
^ Providencial que lian tenido sobre la tierra. Desapare- 
! C CUe, ^° ' ' 4 ¡wporta, si se muere en el ejercicio 
* ° Un a P ostdado j ¡ si es D¡ ^ quien extingue la llama que 
mismo oteó! ¡si se deja, con el ejemplo, un jéimen de 
amor y de salud en el seno de la humanidad! 

“id sacerdote, como el médico, en medio de una cuide- 
m,a ^debeai mfortuniola ofrenda de su corazón, de su 
vida, para valernos de las palabras con que ha sabido ma- 

13 ^ antr ?P‘ a de un ventajero her- 
mano. Piel a su misión evangélica, y dando un ejemplo de 

almegacion cristiana á todo el Clero de la República el 
digno V icario Apostólico á cuyos funerales aculamos de 
. t!I ’ Iia e3jia, ado su ultimo suspiro en medio de la epi- 
demia que asóla á la infortunada Montevideo 

res “i'? S ”"f de y márti- 

rada del V ' ' ''i ’ •*° 1 eUile la 'iibieu la memoria vene- 

Uiiu ael V icario jLfliiuis. 

de E ues « s «s cenizas; y que desde las regiones 

de la eternidad nos sonrían los mártires!” 



LOS MÁRTIRES DEL EGOISMO 

FEDERICO Y ROSil CABOT 



Prcáiiitoul» 

Vamos á tratar del episodio mas triste de la época funesta 
por que acaba (le pasar Montevideo. La prensa se lia ocupa- 
do de él osteicamente y basta ha pasado ya al dominio de 
la novela. 

Pero nosotros, sacrificando á la realidad de los hechos to- 
do adorno romanesco, todo rasgo imaginario, vamos á hacer 
el fiel relato del suceso, apoyados en datos verídicos y minu- 
ciosos, recogidos de personas fidedignas que han desem- 
peñado distintos roles en ese trñjico episodio. 

Por lo demas, este ha sido demasiado es tra ordinario pa- 
ra que carezca de 'Ínteres en su desnuda realidad y deje de 
conmover al corazón menos sensible. 

Merced á la bondad de aquellas personas, que nos abs- 
tenemos de nombrar pero que son bastante conocidas en 
Montevideo para garantir nuestros asertos, estamos en po- 
sesión de detalles acerca de aquel suceso llenos de interés 
v de verdad, que aun no han pasado á ser de publico dominio 
y que esperamos darán á este relato una novedad de que sin 
ellos carecería. 

La naturaleza de esos pormenores es demasiado poética, 
demasiado romanesca para que deje de despertar la increduli- 
dad de algunos, que nos creerán muchas veces dominados 
por la imaginación al escribir estas páginas. Pero, lo repe- 
timos, en ellas solo se leerá una narración fielmente bis ton- 
ca basta en sus mínimos detalles. 



- 80 — 



Y aquí juzgamos á propósito repetir ¡o que hemos dicho 

f" ° tra f arte ’ á fin dc res poiKler una vez por todas ó ¡„ 
increpaciones de crueldad que ciertos espíritus miopes cier- 
tos ammos mmia y ridiculamente compasivos se han per- 

ció rr io f s por r tro empe2 ° e " reca,ca¡ ' so ^e ¿ 

l " Ei f cntm ; Y eI P oeta son los sacerdotes de la humani- 
dad v eludo esta ha sido hollada en sus creencias, c ?X 

ellos deben sobreponerse ú toda consideración subalterna i 
todo sentimiento de piedad individual para alzar su voz dÓ 
t,™ concitando e. anatema universa.' sobria ^ £ 

Una conmiseración mal entendida, cuando se trata <U 1, 
salud del pueblo, cuando la naturaleza ha sido renegad! 
la sociedad esearnecidad, disueita la familia; un silenció 
compasivo cuando se trata del escarmiento del crimen ó de 
poner un freno saludable á la degeneración de nuestra raza,' 

. na en d escritor, eco del pueblo, seria en el poeta, eco de 
justicia divina, mas que una debilidad, una vileza; mas 
que una deferencia al infortunio, un menosprecio de la huma- 

debetr 3 3 §raVe Cn Cí CUnipIímieiU0 de su * sagrados 

EIDivino Redentor del Universo, modelo de bondad y 
mansedumbre no trepidó en arrojar del templo ;i los pro- 
íanos con sublima indignación y enerjía 
Por cs„ hemos aplaudido con cogienda , aplaudiremos 
todo aquello que tienda á acarrear ía pública execración 
sobre la cabeza del egoísta sórdido y criminal, del padre sin 
entrañas que abandonara sus hijos álos horrores do la mu- 
^ rr ^*s l ao | r i „co„don l „ s aro„,p, ett „ !mol 



— 81 — 



1 

tas siguientes punidas, que constan á lejas 19 del ír Li- 
bro 4e entradas de enfermos civiles que da principio a -Jtíde 
Marzo de 1857'- son el resumen del suceso de que nos va- 
mos ú ocupar - 

4 -Hospital de Caridad,— /5 de Abril de 1887 > — Sala 
Provisor id para las enfermas de la epuleutht, cama número 5 , 
—Rosa Oadot, Oriental, 15 aíios, soltera; bija dejóse Cabo! 
y Cayetana Cápua; vive en la calle de la Florida numero 
71, y ha cinco días enfermó de la liebre reinante, 

“Falleció boy, 1G de Abril de 1857, i i las 9 y 25 mimi . 
tos de la mañana. — Causó tres hospitalidades*” 

“Hospital de Caridad . — 45 do Abril de 1887 . — Sala 
jifa cwl , can m rim icro í ó 1 — F e u e rico C a bgt , Arj en tino, her- 
mano de la anterior, de 21 años, soltero; hijo de José Cu- 
bol y ‘Cayetana Ca púa; vive en la calle de la Florida, nú- 
mero 71, y há tres dias enfermó de la liebre reinante, 

“Falleció hoy, 16 de Abril de 1857, á las 10 menos 15 
minutos de la maña ti a, —Causó tres hospitalidades. 11 

Sí 

(losa Cabot era una bellísima criatura,— uno de esos Lipes 
rafa él icos que reúnen á Ja perFeccion de ías formas Ja magia 
de la espresion, la seducción de la gracia y del espíritu. 

Apenas tenía 15 anos! 

: Las seductoras imágenes de amor y felicidad empezaban 
recien á sonreirle y á poblar el horizonte de sus ensueños 
de virgen. — Recién se abría su corazón, rico de sensibili- 
dad y de ilusiones, a esa infinita serie de sabrosas emocio- 
nes que forman la vida íntima de la mujer adolescente, corno 
se entreabre td pan pollo a las caricias de las auras, 

i! 



Iféeicn empozaba aquella rosa ú desplegar cu los jardines 
sociales la hermosura de sus pétalos, el hechizo de su gra- 
da, la dulzura de su aroma, 

¡Cuantos corazones entusiastas hablan ya palpitado de 
amor en su presencia, despertando tal vez en lo mas hondo 
del suyo una fibra misteriosa que empezaba ya á vibrar con 
dulcísimos latidos! * 

Rosa era una hija obediente y una hermana cariñosa. 

En ios primeros dias del mes de Abril moraba en com- 
paña de su hermana Da. Adelaida, esposa de D. Joaquín AI- 
banell. 

Con motivo de la epidemia, este estaba en vísperas de 
trasportar su familia afuera de la ciudad; Rosa debia acom- 
pañarlos. 

Pero su hermano Federico se presenta á buscarla en 
nombre de su padre, y con la infausta noticia de que su 
madre y dos de sus hermanos habían sido atacados por la 
peste. — Rosa vuela á la casa paterna y asiste á sus deudos 
enfermos. 

El 9 de Abril cae á su turno victima de la funesta epi- 
de mi a. 

El H Federico es también presa del Angelo. 

Su madre y su hermana Cristina, restablecidas ya, se tras- 
portan al Reducto.— Quedan al lado de los enfermos su pa- 
dre, José Cabot, y su hermana Anita. 

El 12, muere el niño Alberto que había caído primeramen- 
te enfermo. 

Rosa y Fedcrklo habían sido violentamente atacados; el 
azote destructor hacia en ellos progresos horrorosos. Y sin 
embargo, todavía no habían merecido otra asistencia que la 
de Anita y las visitas del Sr. Pedralvez su primo, y del Dr. 
Parasols, que había aconsejado inútilmente á Cabot convo- 
cara una junta de facultativo?, 1 — En toda la casa no había un 
solo criado, un solo enfermero!..., , 



¿ EsletCabot, es algún pobre jornalero que solo cuenta 
con el producto de su trabajo cotidiano para no lmllar una 
persona que asista á sus hijos agonizantes?***. 

José Cabot es un rico propietario; es un hombre que tie- 
ne cofres llenos de oro:— pero es un insigne avaro, un sór- 
dido egoísta, un ser desnaturalizado, un padre sin entrañas ! 

ais 

El lo de Abril, como á las nueve de la mañana, Albanel!, 
el yerno de aquel hombre, se apeó frente á la casa numero 
71 de la calle de la Florida, y entró á conferenciar con su 
suegro* — ¡Diabólico conciliábulo, deí que debía resultar un 
crimen que escandalizaría a la sociedad! 



Media hora después volvió ó salir, montó á caballo y se 
dirigió á casa del Sr* D* Juan llamón Gómez* No habiendo 
encontrado á éste, se apersonó acto continuo al Hospital de 
Caridad. 

— ¿Qué se le ofrece á Y*? preguntó el encargado* 

— Vengo á pedir dos camillas para que sean traídas al 
Hospital dos personas atacadas de la liebre en la calle de la 
Florida núm* 71, contestó AlbanelL 

— Irán en el momento* 

El señor Miranda, presente al diálogo, se encargó de ir 
con las camillas. 

Albanel 1 volvió á montar á caballo y se dirigió á la caba- 
lleriza á dejar este, para volver á casa de su suegro* 

Al doblar por la calle de Misiones se encontró con el jo- 
ven D, Pedro Antonio Gómez que salía del Hotel de Vapor; 
paróse y se apeó í hablarle* 

— Sr. Gómez, le dijo, Federico y llosa Cabot han sido 
atacados por la fiebre* Su padre ha determinado que sean 
conducidos ni Hospital de Caridad por no tenor quien ios 





— «4 — 



nsism Olí (lasa. Ac;,bü dé pedir dos camillas que „o deben 
demorar en ir a buscarlos. Como es probable que Federico 
oponga alguna resistencia y V. es amigo debí, le suplico 
que vaya á aconsejarle que obedezca las órdenes de su padre. 

V antes que nuestro amigo hubiese salido de la estupe- 
facción que le ocasionaban sus palabras, Albancll montó á 
«aballo y continuó su camino. 

lil joven Gómez se dirigió Inmediatamente á la calle de 
la Florida y entro en casa de Cabot. 

En la. antesala encontró ó una jó ven rubia tendida sobre 
un sola y deshecha en lágrimas.— Era Auita. 

— Señorita, le dijo, acabo de saber que Rosita y Fede- 
rico lian sido atacados por la epidemia y que su padre de 
A. lia resuelto que sean conducidos al Hospital... - ¿Es esto 
cierto íi *.i 



La joven continuaba líorandó amargamente v cubriendo- 
se el rostro con ¡as manos, A la interpelación del Sr. Gó- 
mez se limitó á responder entre sollozos, indicando la puerta 
do una pieza contigua: 

— Ahí está papá.... 

¡Muestro amigo, siguiendo esta indicación, entró ¡í la sala 
y encontró cu ella á Cabot paseándose agitad fe itrio, como el 
hombre que proyecta un crimen y se dispon t¡ ú ejecutarlo. 

—¿Qué se le ofreced Y.? esclamó bruscamente y estre- 
meciéndose basta la raiz de los cabellos, como si hubiera 
sido sorprendido en i n fraga mi delito, al ver ^entrar al Sr. 
Gómez. 



—Señor , contestó este timbeando, se rite acaba de infor- 
mar de ¡a desgracia que abruma á su familia...,, pero no 
creo que ella pueda estraviar su razón á estreñí o de hacerle: 
descbnocer sus deberes de padre.... pues también se media 
dicho que V. ha resuelto maridar skis hijos al Hospital..., 



¿Y bien ? 



Y bien, señor, yo creo que V. no debió jamas tomar 

semejante resolución. 

—Pues la be tomado. 

—Imposible!.... V. no puede haber tomado tina resolu- 
ción que acarrearía sobre su cabeza el vilipendio general. 

—¿Cómo, caballero?..., ¿Con qué derecho me habla Y. 
en esc tono? gritó Cabot 'como si hubiera sido -herido en lo 
mas hondo délos remordimientos que empezaban ya á agi- 
tarlo. 

—Con el derecho de la amistad que me liga ó Federico, 
respondió gravemente el joven Gómez; con el derecho de la 
humanidad, que me induce á interésame por la suerte de 
sus hijos, como por la de cualquiera de mis semejantes, 

Cabot se dejó caer sobre un sofá y apoyó la frente en su 
mano derecha, como queriendo evitar la mirada de su in- 
terlocutor.^ — -Este continuó después de una breve pausa. 

— Yo no alcanzo las razones que puedan haber decidido á 
Y. á tomar semejante resolución con respecto á sus hijos... 

—La razón, interrumpió Cabot, es que no tengo en casa 
quien ios asista..,. ¿ pues yo soy un hombro achacoso..*., y 
Anita no es bastante. 

— Pero, señor, permítanlo Y. que le diga que no le falta- 
ría un hombre y una muger que medíante un módico sa- 
lario 

—Ya se han buscado y no se hallan, interrumpió de nue- 
vo Cabot; lodos temen el contagio, y no quieren por dinero 
alguno encaígarse de la asistencia de apestados. 

— La Sociedad Filantrópica, señor Cabot, proporciona á 
todo el mundo, pobres y ricos, enfermeros de ambos sexos. 
Yo me encargo de ir á buscar dos. 

t Es Inútil: va lie resuelto que se lleven al Hospital. 

Además allí estarán tan bien tratados como en casa. 

— No lo dudo; pero Y. debe comprender que la idea de 
ser conducidos á un hospital general tiene que ser mas ter- 



— 86 — 



riblc para sus hijos, para Rosita sobre todo, que la enfer- 
medad de que son víctimas. INo es solo esto: Y. sabe que 
al Hospital no van mas que las clases indigentes, los infeli • 
ces que no tienen recursos ni familia; y la noticia de que V. 
había mandado allí sus hijos, produciría en la sociedad una 
gran sensación, y se formarían conjeturas muv poco favora. 
bles para Y... 

¿Qué dirían? dijo Cabot con acento cavernoso, clavan- 
do en nuestro amigo una mirada sombría. 

— Üirían, respondió este, que Y. es un mal padre... Per- 
done Y. mi franqueza, pero las circunstancias son solem- 
nes... Dirían que el miedo del contagio, el egoismo ó la 
avaricia lo habían determinado á arrojar ú sus hijos mori- 
bundos de su casa, á negarles los auxilios de la ciencia, un 
puñado de oro de sus cofres; á hacerlos llevar al Hospital en 
a camilla del mendigo, del jornalero, del pobre; á colocar- 
los allí en las salas generales, entre cien infelices que ago- 
nizan ó se debaten con las ansias de la muerte.... 

-—¡Hasta, basta ! esclamó Cabot, oprimiéndose con ambas ¡ 
manos las sienes y cayendo en una especie de abatimiento 
doloroso. 

En esc instante entró Alljanell. 



IV 

Ya están ahí las camillas, dijo al entrar en la "sala el 
yerno de Cabot. 

Este, al oir la voz de su cómplice, pareció recuperar Ja 
enerjía de voluntad que le iba abandonando, y dirigiéndole 
la palabra: 

—Despacha de una vez, dijo á Albaitel! con un aplomo 
inconcebible. 

1 ero señores, observó Gómez, eso es imposible!... Me- 



— 87 — 



ditad bien lo que hacéis; ved que os esponeis á una censu- 
ra terrible por parte de la sociedad. 

—Esto es cosa decidida, contestó AlbaneH con impa- 
ciencia, 

Y se dirigió á las piezas interiores. Nuestro amigo le si, 
guió maquinal mente. 

Un espectáculo tristísimo ofrecióse bien pronto á su mi- 
rada que dudaba de lo que veía. 

Federico, tendido sobre un pobre catre, en un desórden 
lastimoso y cubierto con la sangre de sus vómitos, cabalaba 
quejidos desgarradores y se agitaba con convulsiones espan- 
tosas. 

Estaba completamente solo!.,., 

Gómez se acercó íx su lecho, tomó sus manos y trato de 
consolarlo, 

— Federico; le dijo por último, sabes lo que tu padre ha 

resuelto respecto á ti y á Rosita? 

—Lo sé, contestó aquel esforzándose por sonreír triste- 
mente, y solo lo siento por mi pobre hermana, 

_Ea~ Federico, dijo AlbaneH haciendo señas de entrar á 
dos hombres que acababan de depositar una do las camillas 
á la puerta; es preciso entrar allí para ser conducido á don- 
de ordena tu padre. 

— Estoy pronto, respondió el joven con la resignación de 
un mártir, 

Y dirsjiéndose á Gómez: 

Redro, agregó, vé á consolar á mi hermana, á darle 

fuerzas para consumar el sacrificio de obediencia ; pues bien 
las debe precisar, la pobreeila! 

Gómez salió del aposento con d corazón oprimido y la 
voz anudada en la garganta, y se dirijió (x la alcoba de la 
virgen. Pero sus pies se clavaron en el dintel. 

Rosa estaba también sola y en el mismo estado que su 

hermano!,,. 



Al oii (|iic Id nombraban# al ver á nuestro amigo cu la 
puci ta \ traslucir en el semblante de este la impresión que 
le causaba, la joven ocultó el rostro en las manos, y se des- 
liizo en lágrimas y sollozos,— lín ese momento Anita entró 
en él cuarto y se precipitó sobre la cama de aquella en un 
estado de desalación indescriptible. 

Casi al mismo tiempo, otros dos hombres depositaban jun. 
lo A la puerta de la alcoba la segunda camilla del Hospital, 

Aquello era demasiado ! 

Nuestro amigo no tuvo fuerzas para mas, y se precipitó ;í 
la calle sofocado de dolor y ardiendo en indignación. 

Quince minutos después, entraban al Hospital de Caridad 
dos camillas con enfermos, y J). Joaquín Albanell dictaba 
con la mayor flema del mundo el primer párrafo de las fa- 
tídicas partidas que insertamos á la cabeza de este relato. 

V 

f 

Gómez habla precedido á las camillas. 

AI entrar al Hospital encontró en la secretaría al Dr* Odi- 
c ffl‘ Y 11 D. Jacobo Vareta; a quienes comunicó lo que aca- 
baba de pasar y la próxima' llegada al Hospital de los hilos 
de Cabot, 

AI oír la narración de nuestro amigo, la indignación de 
pellos señores igualó la de este. Sin embargo, trataron de 
dominarse, y se dispusieron ó recibir del modo mas digno a 
¡m infelices criaturas arrojadas del techo paterno. La madre 
Superiora fue advertida, y esta se encargó de substituir la 
cama número 5 de la Sala Provisoria destinada ú las en- 
férulas de la peste, por otra mas decente para liosa. 
Gómez se encargó de la de Federico, que hizo colocar en el 
número 16 de la sala de Maciel — Ambas fueron posterior- 
mente rodeadas por un biombo* 




— 89 — 



liütras de las camillas venía Albaneli con Añila, y el jó ven 
ti.... pálido y descompuesto poruña aflicción punzan- 

te. Sus ojos no se separaban de la camilla de Rosa, como si 
fuera dentro de ella mitad de su corazón.... 

Luego (pie hubieron llegado los enfermos al Hospital, ca- 
da uno fué conducido á la cama que se le liabia destinado. 

Las Hermanas do Caridad se apoderaron de Rosa.— La 
joven estaba como aletargada. 

Sin embargo, al desnudarla aquellas para ponerla en la 
cama, volvió en sí, abrió sus hermosos ojos negros y paseó 
úsu alrededor una mirada despavorida.— En seguida, vien- 
do la solicitud con que la rodeaban las Hermanas, el sem- 
blante cariñoso y los miramientos que le prestaban estas an- 
gélicas mugeres, Rosa se echó en brazos de una de ellas y 
prorrumpió en copiosas lágrimas. 

No lloréis, hermana mía, no os aflijáis inútilmente, le 

dijo la Superiora con voz dulce y afectuosa. Estáis como en 
vuestra casa, estáis en el seno de vuestras hermanas en Je- 
sucristo, y nada os faltará á fin que recuperéis vuestra salud 
prontamente. 

— Olí! señoras, m me abandonéis irn instante, no os se- 
paréis de mi lado, porque tengo mucho miedo,... mucho 
miedo de estar m esta casa que siempre me ha inspirado 
horror ! 

No le tengáis, hermana mía: nosotras no nos separare- 
mos de vuestro lado, os cuidaremos con esmero, y pronto 
tendremos el placer de veros restablecida. 

Más tarde, haciéndose necesario cambiarla de ropa blan- 
ca, entró uua de las Hermanas con una camisa del Hospital 
en la mano. 

— ¿Me vais á poner esa camisa? preguntó Rosa, viendo 
que aquellas se disponían á hacerlo; y u su respuesta afir- 
mativa: 

— Oh! no, por Dios! agregó con visible repugnancia. Su- 

1 2 



— 00 — 



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VI 

Los Dres. Odicini y Fer™ rivallS en ¡„,™ s oor 

rr “” re " mo! T “Piaban los recursos do 

XSSf “ * *» * "*»**. la salud! 

tero, aj! todo era en vanoí , , . , 

Entre tanto la noticia de la infame conducta de Caimf 
bala» ostcndldo por .odos lo. ingule, de la ciutlad ^ 
eléctrica presteza , escita nclo la míhlfn ínrr 

*r a “° * - ÉEM3 0 

csíx:í r° ** d¡a i4; i ° ,ios ,m 

-10 los ¿entínelas do la „,, man¡dad “° ener « i “ 



Los amigos y amigas de las desgraciadas criaturas corrie- 
ron al Hospital* Pero los médicos tuvieron bien pronto que 
prohibir estas visitas, porque ellas agravaban con nuevas 
emociones el estado de los enfermos. 

El 14 á las diez de la mañana, ■ Cabot se presentó en el 
Hospital á ver á sus hijos* 

Gómez y D. Jacobo Varela estaban al lado de Federico* 
En el momento de presentarse Cabot, aquellos se levantan 
por delicadeza y dejan á este solo con su hijo. 

—¿Cómo te hallas, Federico? dijo Cabot secamente. 

— ¿Cómo quiere vd. que me halle, en medio de un Hos- 
pital, confundido con los mendigos de la ciudad? 

Cabot bajó al suelo la vista y no agregó una palabra. — 
Federico continuó: 

—Señor, no me hubiera faltado un amigo, un hombre 
caritativo que me recÓjiera en su casa, proporcionándome 
la asistencia que vd. nos ha negado, á mí y á mi hermana; 
pero he rehusado este generoso ofrecimiento, por tal de dar- 
le una prueba de mi obediencia filial , aun á costa del Sacri- 
ficio de mi vida, 

Cabot, sin pronunciar una sílaba, volvió á separarse de 
su hijo con la impasibilidad de una roca estampada en su 
semblante de fiera. 

El pequeño biombo que rodeaba la cama de Federico no 
fué bastante para ahogar las palabras de este, que llegaron 
graves y distintas al oido de Gómez y D* Jacobo Varelá. 

Cabot tomó del brazo á su hija Anita, que estaba anega - 
gada en lágrimas junto a la cama de Rosa, volvió á su casa, 
montó con aquella en un carruaje y se metió en su quinta 
del Reducto, 

Una escena bien distinta tenia lugar el dia siguiente, co- 
rno á las 5 de la tarde. 

El joven y recomendable Dr. D. Adolfo Pcdralvez y de 



92 — 



Cápua , prniia carnal de los hijos de C&bot, so presentaba 
ai Hospital agitado y conmovido, pidiendo con instancia se 
le permitiera hablar á los enfermos. Pero la prohibición de 
estar con estos otras personas que las del establecimiento, 
era estricta y absoluta, 

Jd Di* I edralvez se había ausentado, como la mayojr par- 
te de la población, de la ciudad contagiada. Sin embargo, 
venía á ella algunas veces por el dia y regrosaba a Ja no- 
che. \ arias ocasiones se había presentado en casa dé Ga- 
bot ^ asistido a su familia enferma. El 12 de abril, después 
de liaber acompañado ai cementerio al niño Alberto, y ha- 
llándose aparentemente mejorados Federico y Rosa, volvió a 
su habitación temporaria en ias cercanías de Montevideo. 

lo llegó reden á su oido la noticia de la villana con- 
ducta de Gabotj y el joven Pedral vez se apresuró á trans- 
portarse á la dudad con la generosa intención de sacar a 
aquellos del Hospital, llevarlos a su casa y costearles una 
esmerada asistencia. 

Ante la prohibición que le impedía ver a sus primos, el 
Dr. Pedral vez manifestó á los encargados del Hospital aque- 
lla intención, -y suplicó se Je concediese realizarla con una 
solicitud y un interés con roo ven tes. Pero no solo se oponían 
los reglamentos á acceder a su dignísima demanda, sino que 
el estado de los enfermos no permitía ya Ja mínima trasla- 
ción. 

Entonces el joven Boctor se retiró desconsolado, reno- 
vando sus ofrecimientos y suplicando con ins Lancia que fue- 
ran aceptados en cuanto pudieran ser útiles á la mejor asis- 
tencia de sus primos* 



— 95 — 



VII 

Las Hermanas dé Caridad no abandonan un solo W 
ramea Rosa. l)os de ellas velaban constantemente al lado 
de su cama, de dia y de noche, asistiéndola con un esmero 

verdaderamente maternal, despreocupando su espíritu d 

las terribles ideas que la asaltaban especialmente a 
t e' distravendo su pensamiento de la obsesión de la muer- 
Jé voi; á cada instante aproximarse á su lecho, destru- 
yendo en su cimiento todos ios planes risueños de amor y 
felicidad que puede concebir en sus latidos un corazón d , 

quince anos ! , 

Jamas los caritativos oficios de aquellas santas mujeres 

las hiciera mas acreedoras al nombre con que las liemos 
designado en este opúsculo. Rosa veía envaínente en ellas 
sus üg des del consuelo y trataba de probárselo en sus lán- 
guidas miradas, preñadas de gratitud, en sus palabras lie- 

rtho fie ímior y de ternura. 

' El 15 por la mañana la joven parecía espmmeg». 
leve mejoría. La madre Superiora bajo á m lomar >- ■ 
salud, y á alentarla como de costumbre con sus P aa>JK ' 

Ján buena sois, señora, y cuán digna* de vos 
vuestras hermanas i dijo Rosa débilmente, mirándola .cotí a 
espresion del mas hondo agradec^^ ^ ^ 
nos con ternura. Merced a yuest os 

que ° 1 10 te i miré bastante resisten- 
il j»; ’sLpl- ^ esta “"ble enfermedad <,ue me des- 

— No digáis eso, luja mu. Oree 1 ¿ tcne is 

or de salud, y que pronto estarcís (uer 



I 



^ medico me 



TOiiüanza en Dios y fortaleza de espíritu. 

1° h'd asegurado. 

—Oh! si así fuera, señora. . . . cuán dulce me sería vi 

- • • . s Ski: sris z ::¡: t,¡a 

2 “ “* hicb ° ■ ■ ■ ■ * «^z n M £¿r y 

consagrarme á vuestra obra, para pagaros en cierto modo la 
deuda de gratitud que me habéis hecho contraer 
-Mirad, señora, agregó Rosa tomando «n crucifijo que 
había sobre la mesa, aliado de s„ cama, y besándolo L 
efusión; tengo quince años. . . . me han dicho que soy 
lermosa, ... el porvenir me sonreía con mil halagos so- 
ciales, con mil venturas quiméricas que halagan la vanidad 
de la mujer que no ha sufrido. . . . Pero os juro que si la 

¿ílSfeaSS;»;: 

me tobe,, hecho comp, endl cuan fc erí „ r es vaMt „ 
a todos los goces mundanos, enviando ¡unto ,1 mi lecho do 
dolor estos angolas piadosos, consagrado» 4 ejercer ia cari.' 

«nestrnT, 8 r"° mCÍW Sm¡CÍ °' C " enmplimicnto do' 
vuestra santa doctrina. * 

Kosa habia pronunciado estas palabras animándose pro- 
gresivamente de una febril escitacion que alarmó á la Supe- 
nora; sus mejillas pálidas, hundidas y amarillentas habían- 
se^Ioreatfo con » n li jero tí» te de carmín, y sns ojos da , 
vados en el cruc.hjo, despedían un fuego estraño que refie- 
j« jj su mental exaltación, un místico arrobamiento. 

upei 101 a comprendió que había peligro en la proion 



— 95 — 



gacitmdc aquel estado, y trató de ponerle término intentan- 
do tomar el crucifijo de las manos de la jó ven; pero esta, 
oprimiéndolo contra su pecho y cubriéndolo con sus manos: 
—¡No me lo arranquéis, señora ! dijo con voz suplicante. 
¡No me arranquéis á mi divino esposo Jesucristo ! , „ , Nin- 
guna pasión mundana ha gastado todavía mi corazón, para 
que no deba aspirar á merecerlo, * * Sí! desde ya pertenez- 
co á él, á él únicamente! ^ * , Para él todo el incienso de 
mi alma; para él todo el amor de mi pecho ! 



YIII 

El mismo di a 15, al caer la noche, ía situación de los 
simpáticos enfermos agravóse considerablemente. 

Muy pocas esperanzas daban ya de restablecimiento ó 
cuantos los rodeaban. Varias juntas de médicos tuvieron lu- 
gar; pero, ya lo hemos dicho, era demasiado tarde para que 
la ciencia pudiera neutralizar la acción del germen dele terco* 
Gómez por su parte no abandonaba á Federico* ¡ Cuán no- 
ble y consoladora es la amistad que nos acompaña hasta la 
tumba, y cuya mano podemos aun estrechar al despedirnos 
de la vida ! 

Cómo i las 8 de la noche se creyó deber suministrar á 
áittbos hermanos los auxilios espirituales* — Uno de los pa- 
dres jesuítas llenó esta triste ceremonia* 

Minutos después de haber recibido la hostia sagrada, Fe- 
derico tuvo un vómito terrible en el cual la volvió probable- 
mente* — Así al menos lo presumía el infeliz llenándose de 
pavor supersticioso* 

— Gómez, dijo a su amigo con la vista estraviada por el 
delirio de la fiebre; temo haber cometido un sacrilejio! * , * * 
— I Có rno? * . , i n térro gó a q uel e s L u pe I acto , 






M-?. 









— 96 — 

porque Ijc lanzado la hostia que acabo de comulgar! 
—Tranquilízate, Federico: eso no es probable. Y aunque 
a si fu era, desde que no lo has hecho voluntariamente en na- 
tlii puedes haber ofendido á Dios* 

—Oh! quién sabe, quién sabe, amigo mió! . . . Mira vé 

LT 11 evoT d0te ' y dUe qUeSÍeS P0sib,e me suministre 
üe nuevo el sacramento. 

Gómez accedió á esta preocupación relijiosa* de su an.i- 

f ’ } a ;(lSCai al bordóte. Volvió bien pronto con es- 
te, quien tranquilizó el espíritu del enfermo con las mismas 
u exiones que aquel había empleado. En seguida sumíais- 
U-oie de nuevo el pan de eterna salud. 

Entonces las facciones de Federico volvieron á armoni- 
zarse con la tranquilidad de la conciencia, y el jóven que- 
do como sumcrjido en una especie de sopor. 

Gómez se aprovechó de este momento de reposo para ba- 
juí un instante a la secretaría* 

Allí encontró á Cabot que acababa de llegar en un car- 
ruaje con sus hijas Cristina y Anitu. 

Cabot había venido con la pretensión de sacar á Rosa y 
í' ederico del Hospital para llevarlos á su casa, en momentos 
en que estos estaban casi agonizando* 

Este hipócrita y tardío arrepentimiento tenia su oríien en 
que a indignación del pueblo por su villana conducta habla 
estallado ya de una manera aterradora, y en que Cabot te- 
ma miedo, no del baldón que caía sobre su frente, no del 

i!^ 0 “ niversal > siuo cle U»? este pudiera redundar en 
deterioro de sus col res. 

Está por demás decir que su ridicula demanda fué recha- 
zada con eherjía, no solo por el estado en que se hallaban 
los enfermos, como también por no tener ya Cabot el de- 
recrío de redamar su asistencia, 

Al entraren la secretaria Gómez mostró no apercibirse 
de su presencia, y contó á D. Jacobo Varóla y ai Dr, Odi- 



— 07 — 



cid, en voz bastante alta para que pudiera ser o ido por 
Cabol, lo que acababa de pasar con Federico. 

M i c n l ra s q u e to d o s los ei r cun stan tes m a n i fe s tu 1 mi I o s m a s 
claros indicios de enternecí miento a este tocante relato, el 
semblante de Gabot ostentaba Ja mas perfecta impasibilidad ! 

Luego que Gómez hubo concluido, se levantó en silencio, 
tomó á sus hijas del brazo, montó con ellas en el carrua- 
je y so volvió á su quinta del Reducto* 

Entonces, un hombre que había permanecido silencioso 
en un rincón y derramado abundantes lágrimas duran- 
te la narración de Gómez, tomó á este por el brazo, y 
llevándolo hacia un lado: 

—Suplico á Y. que me obtenga permiso á fin de que 
pueda ver ó Federico, le dijo en voz baja. 

Nuestro amigo cambió algunas palabras con el 3)r. Odí- 
cini y D, Jacobo Yarda, y haciendo en seguida á aquel 
hombre señal de que le siguiera, subió con él las escale- 
ras del Hospital* T). Ja cobo Yarda les seguía. 

Al llegar al biombo que encerraba la cama de Federico, 
Gómez detuvo á su compañero, y penetró con D* Jacobo 
hasta el enfermo* 

—Federico, le dijo, un amigo que te ama entrañable- 
mente desea verte en este instan Le* 

—Un amigo. * , * ¿Quién puede ser? . * . Tengo tan- 
tos* *' ¿ * 

— Uno a quien distingues. * . . uno á quien amas con 
especialidad. . * . 

—Entonces, que entre. * * . que entre! . . * 

El desconocido se presentó, tomó las manos de Federico 
con cariño y clavó en él una mirada tristísima. — El enfermo 
por su turno lo miraba con atención , pero con una mirada 
deslucida y sin espresion. 

JJe repente su pecho solevanta, sus ojos preñánse de ri- 
lo 



grimas, abre sus brazos y estrecha en ellos al desconocí- 
do con la mas grande efusión* 



Este escolen te sujeto era el Sr. D. Carlos Croker, co- 
merciante de esta plaza, de cuyo rejístro Federico había si- 
do dependiente. 



IX 

El 16, á las 8 de la mañana, los desgraciados hermanos 
entraron en agonía á un mismo tiempo* Parecía que la pro- 
videncia Ies hubiese decretado ia triple fraternidad de la 
sangre, de la desgracia y de la muerte, 

Federico so debatía con convulsiones atroces* 

Rosa moría como un ánjeL 

Un enflaquecimiento general había enervado sus fuerzas y 
emborrachado el dolor* Apenas una respiración forzosa y 
lenta diferenciaba de la inmovilidad de un cadáver la de su 
cuerpo en agonía* 

De yez en cuando, sus ojos se entreabrían para fijarse 
con una espresion de indefinible ternura en el crucifijo que 
tenía entre sus manos, cruzadas sobre el pecho* 

La madre Su per i ora, como el ánjel de ía agonía, inclina- 
ba liúda la joven su faz radiante de 'evanjélica dulzura, y 
murmuraba a su oido palabras llenas de consuelo, exhorta- 
ciones fervorosas. 

Un rayo de sol primaveral iluminaba aquella escena con- 
m oven te* 

— Madré mía* . * , dijo Rosa con voz apagada y dulce, 
como el susurro lejano de Ja brisa; recitad una oración, * * - 
Os acompañare mentalmente* . * , Estoy tan débil 1 . * . 

La Superiora y las domas Hermanas que rodeaban el 
lecho de la moribunda, so pusieron de rodillas y elevaron 



ai cielo «na oración, que debe haber precedido el alma pu- 
ra déla vírjen á la morada de los justos. 

Madre mía! . . . Hermanas mías! . . . añadió Rosa 

pasados breves instantes, y con una voz tan débil que ape- 
nas se percibía; nic siento morir. ... las fuerzas me 
abandonan. , . . adiós! . . • 

Después de algunos minutos abrió de nuevo los ojos, y 
fijándolos en la Superiora con una mirada suplicante: 

— Señora, continuó; bendecid á vuestra bija! ... 

Aquella imprimió sus labios sobre la frente de la mártir. 

—¡Gracias, madre mía! . . . Muero contenta. . . . 
jAdios! . . . 

Y sus ojos se cerraron. 

Y dos lágrimas surcaron por sus enjutas mejillas, como 
prendas de gratitud que las manos de las hermanas recoj serón. 

En seguida, estas se hincaron junto al lecho y rezaron 
en voz baja una oración. 

La Superiora se dirigió acto continuo á la Secretaria. En 
el camino encontró á Gómez, que se dirijia apresurado á 
asistir á Federico en sus últimos momentos. 

—¿Y Rosita?. . . preguntó á la Superiora. 

¡ Pov ¡vina! , , . contesto esta alzando al cielo sus ojos, 

en que resplandecían la resignación cristiana y la entereza 
de la le. ¡Poverma! . . . está en el cielo! 



Eran las 9 y 25 minutos de la mañana. 

Veinte minutos después, Federico exhalaba el último sus- 
piro en los brazos de su amigo, c iba á reunirse á su her- 
mana en la vida de eternas recompensas. 



Eran las 12 del dia, y todavía ninguno de sus deudos, á 
escepeion del Dr. Pedral vez, se habia presentado al Hospital 
á informarse de la salud de ios que eran ya cadáveres! !1 



L;t noli<:í;i ll(í Ia <JL«. los hermanos Cábot circuló 

fioi" Ja ciudad con la velocidad del pensamiento, 

Todíi la población se habia interesado por la suerte de 
aquellos infelices,* y Hacía votos por su restablecí miento á la 
sa ud. Peco los misteriosos designios de la providencia ha* 
luán decretado lo contrario. 

Tal v¿z ¿.Via' muerte de aquellas inocentes criaturas se 
revela ía mano equitativa ¿le la justicia divina ! 

?! e , iU,S lulbiCSen vivid T quizá el padre egóísbt V crino - 
" ;i Ulblera Ominado ei ejemplar y saludable castigo que le 
! a ! ,lflljld ° la l"' lljIica indignación; y aquella crueldad, aque- 
■> desnaturalización sin ejemplo en nuestra liis Loria hubiese 
quedado impune, á lo nimios en la tierra. 

Ademas, la disolución de la familia era infalible. Ya lo 
liemos dicho otra vez: ¿cómo podrían jamas volver aquellos 
desgraciados ai seno de una familia que los había rechazado 
en circunstancias tan solemnes, abandonándolos i los horro- 
ros de una muerte casi infalible? ¿Cómo podrían ¡amas ros- 
tí tm ríe un cariño de que ella los había desheredado vilmen- 
te, bárbaramente, desnaturalizadamente 1 , 

El Artífice Supremo todo lo pesa en su infinita sabiduría 
y halló tal vez mas equitativo y conforme con sus leyes infa’- 
üldes llamar a los pobres huérfanos á su paternal morada,... 



Un doble sentimiento* de compasión por las víctimas é in- 
dignación por el verdugo, agitó al pueblo al recibir la no- 
ticia del fallecimiento do los hermanos malhadados. 

Un inmenso gentío se hallaba aglomerado á las puertas 
del -Hospital desde, las doce del dia, atraído allí por el sim- 
pático aliciente ele hi desgracia tic aquellos. 

La Sociedad J 1 i lau trópica, así que- supo su fallecimiento, 
envió ai joven I). Eduardo Madero ú provenir ó los encarga- 



— 101 — 



dos del Hospital que habla resuelto costear las exequias de 
aquellas victimas del egoísmo, y que á la una de la tarde 
se presentaría para acompañar los restos al cementerio* 

Los cadáveres habían sido colocados en sus correspon- 
dientes cajas mortuorias por nuestro joven amigo D. Pe- 
dro Antonio Gómez y D, Jacobo Varela; en seguida, aque- 
llas habían sido cerradas herméticamente y colocadas en el 
depósito del Hospital, donde el Padre Martin Perez les hizo 
el oficio de difuntos. 

A las doce y tres cuartos, todos los miembros de ía Socie- 
dad Filantrópica se apersonaron en corporación al Hospital. 
Gomo hemos dicho, desde las 12 habla ya un gentío inmenso* 

A la una en punto, los dos féretros vencieron ei dintel 

del piadoso establecimiento- el carro fúnebre principal los 
aguardaba ya h pocos pasos. 

Entonces el Sr. D* Juan José Arteaga se adelantó con dos 
coronas de flores artificiales en la mano, y colocando una 
blanca sobre el féretro de llosa y otra azul sobre el de Fe- 
derico, pronunció con emoción y solemnidad la siguiente 
alocución: 

* A nombre de la Sociedad Filantrópica, deposito estas 
coronas sobre los ataúdes de esos dos jóvenes, víctimas del 
egoísmo. í 

Casi todos los circunstantes vertían lágrimas sentidas. 

Un silencio solemne y rdijioso reinaba en derredor, y era 
tan solo interrumpido por los sollozos de algunas almas sen- 
sibles. 

30 

Los féretros de Rosa y Federico Cabot fueron colocados 
en el carro, y el fúnebre convoy se puso en marcha para el 
cementerio presidido por el Sr, I). Gárlos Groker, nuestro 
amigo T). Pedro Antonio Gómez y IX Indalecio Rengocliea 
como representante de la Sociedad Filantrópica. 



A la altura de la imprenta del Comercio del Piala se le 

incorporó el Dr. Pcdráívez, á quien cedió su puesto el Sr. 
Croker. 

Jal acompañamiento engrosaba á medida que avanzaba el 
convoy. Al llegar al cementerio este era inmenso y contaba 
a cuanto existía de mas distinguido en la ciudad. 

AqueUo era solemnísimo. 

Todo un pueblo se apresuraba á acompañar espontánea- 
mente las conizas de dos malhadadas criaturas cuyos padres 
ni aun se habían acordado aquel día de informarse de su 
salud, después de haberlos espulsado de su casa agonizantes! 

¡Oh Pueblo! cuán grande eres en tus ímpetus, cuán im- 
ponente en tus actos ! . . . 

. !ado de[ P anteon de I). Bernabé Rivera, se habían lia- 
bicrto dos fosas, —que aun se distinguen por dos Humildes 
cruces de madera, teniendo la de Federico el número 40, y 
la de Rosa el 77,— las cuales debían recibir temporariamén- 
re los restos do ¿albos hermanos. 

Antes de depositarlos en ellas, los féretros fueron abiertos 
a fin de cubrir los cadáveres con una capa de cal viva, se- 
gún lo prescribían las disposiciones hijiénicas. 

Entonces, el Dr. D. Adolfo Pedral vez y de Capua cortó 
dos mechas del cabello de sus primos, y las besó y guardó 

respetuosamente como lo hiciera con las reliquias de dos 
santos. 

En seguida, tomando el jóven Gómez Jas coronas donadas 
por la Sociedad Filantrópica, las colocó en las cabezas ya 
heladas de Rosa y Federico, 

El sepulturero se disponía en seguida á rasgar la bata que 
Velaba el seno de la vírjen á fin de echarle encima la cal vi- 
va. Pero nuestro amigo, cediendo á un movimiento instin- 
tivo de pudor y veneración por los restos de la mártir, de- 
tuvo rápidamente la mano osada de aquel hombre, y le dijo 
con severidad: J 



— 105 — 



—¡No profane V, la castidad de esa joven! 

El sepulturero obedeció* y echó la cal sin tocar a los ves- 
tidos con su mano. 

En seguida, cerráronse los féretros de nuevo y so depo- 
sitaron en las fosas. 

La tierra cubrió bien pronto aquellos dos cuerpos adoles- 
centes y hermosos, con quienes se sepultaba dos esperanzas 
risueñas de nuestra jóven sociedad. 

Ningún elojio fúnebre interrumpió el silencio solemne de 
aquel acto* 

l Para qué ? * ♦ . * 

; No había sobrada elocuencia en la presencia taciturna de 
aquel séquito numeroso y distinguido? . * . * 

El dolor pintado en todos los semblantes, las lágrimas que 
se derramaban en silencio, los sollozos que sofocaban á al- 
gunos ¿no eran acaso la apoteosis de ios mártires? . • ¿ * * • 



Epílogo 

Como 50 días depues, esto es, el 50 de Mayo de 1857, 
el Nacional daba cuenta de un suceso que había tenido lu- 
gar aquel dia, en los términos siguientes: 

a — T odavía Cabot* — Hoy se presentó esto individuo, que 
ha adquirido una triste celebridad* al Hospital de Caridad ó 
cbancelar la cuenta de la asistencia de sus hijos, y se trabó 
entre él y el encargado del establecimiento el siguiente 
diálogo: 

« Cabot . — Supongo que debo alguna cosa en el Hospital. 

a — Es tan insignificante! * * * * V* dará lo que quiera, 

<l Cabot . — Vea V. el libro. 

« — Señor, son seis patacones. Tres dias de asistencia 
por sus dos hijos. 



— 104 — 



« Cabot sacó mía cartera preñada de papeles, tomó de ella 
valor de seis patacones y los entregó al encargado. 

« El diálogo continuó. 

« Cabot. V. me entregará las ropas y servicios de mis 
hijos. 

«—No hay inconveniente, (Apareció el comisario con un 
atado, y desenvolviéndolo, dió cuenta de los vestidos, zapa- 
tos, cubiertos etc. de los dos infelices cuanto interesantes 
niños. 

« Cabot . — Creo que la niña trajo algunos anillos. 

’ — Es cierto, aquí están cinco anillos que sus dos hijos 
tenían. 

* Cabo !. — Falta el. taima de mi hijo. 

*' Señor, cón ese taima envolví á su hijo para que no fue- 
se desnudo al cementerio. 

i Cabot. —Bien está. 

«A cargando con el atado se retiró á pasos lentos á su mo- 
rada. 

« ¡Justicia del cielo, como decia 1). Florencio Varela mi- 
nutos antes de ser asesinado; “justicia del cielo! que al 
“menos caiga sobre los malos, la reprobación de los buenos 
“en donde quiera que sus actos sean conocidos !” 

* No tardará Cabot en pretender que no se discuta el pa- 
sado! t 



Hijos del infortunio, fraternizamos con él donde quiera 
que le vemos. 

El suceso que acabamos de historiar hirió en nosotros las 
libras mas recónditas. La publica indignación rozó las 
.cuerdas de una lira, que aunque insonora y humilde, cifra 
toda su dicha cu responder á los latidos del pueblo, 
lie aquí los ecos que produjo ; 



UN PADRE SIN CORAZON 



Marche i et qu’en le voyant én úisc: «C'cst cc lache !» 
Marche 3 et que le remords soit ton seul compagnon í 

Víctor Buco* 

¡Eran dos criaturas! — Una de ellas 
Tocaba apenas a sus quince abriles, 

Y descollaba bella entre las bellas 
Cual descuella la rosa en los pensiles, 

¡Un tipo de hermosura ! ... Su cabeza 
La Yénus rafaélica envidiara . , ■ * 

Jamas lució tan célica belleza 
Cuerpo humano ni mármol de Carraca. 

Como el ébano negro, su cabello. 

En perfumada profusión de rizos, 

Bajaba juguetón hasta su cuello 
A acariciar sus púberes hechizos. 

Magnética atracción, mágico influjo 
Había en el brillo de sus grandes ojos .... 

Nada igualaba en nitidez y lujo 
Al rico aljófar de sus labios rojos. 

La primera sonrisa de la aurora 
Cuando lucha entre sombras indecisa. 

No fuera tan herniosa y seductora. 

No igualara el candor de su sonrisa. 

U 



— 106 — 



Y el imán de la gracia la cercaba 
Como cerca á las llores el perfume. 
Haciendo nuestra voluntad esclava 
De ese yugo que pesa sin que abrume. 

(Jna noche la vi — ¡solo una noche! 

Dirijiendo su faz al firmamento, 

Mientras la luna en majestuoso coche 
Cruzaba su estrellado pavimento. 

Ensueños. . . ¡ ay ! . . . quimeras de ventura 
Encantaban tal vez su Fantasía, 

Y reflejaban en su frente pura 
Poética y fugaz melancolía 

Oh! cuánta vida en sus facciones bellas! . . . 
Cuánta esperanza sus hermosos ojos 
Parecían contar en las estrellas, 

Entre suspiros de placer ó enojos ! 



* 

* ¥ 

¡Eran dos criaturas, dos hermanos ! . . . 
Cuatro lustros apenas, el segundo, 

En la existencia transcursara, ufanos: 
Recien el hombre despertaba al mundo. 

* 

>. . . ' X..X , . , 

¡Y el mortífero brazo de la peste, 

Con ímpetu y encono temerario, 

Vino á trocar su engalanada veste 
Por el negro, fatídico sudario ! 



— 107 — 



Y ambos hermanos del cohtajío heridos 
En brazos de sus deudos se arrojaron 

Y á sus ay es y míseros gemidos, 

Sus deudos i ahúmanos se alejaron !■ . . . t 

¡Y hasta el autor iniarae de sus días 
Abre tan solo al púnico su pecho, 

Y con manos sacrilegas, impías* 

Espulsa ú los dolientes de su techo! L . ? 

( 

¡ Y mientras nada el padre en la opulencia 

Y de egoísmo sórdido en el vicio, 

A mendigar la pública clemencia 

Son los hijos llevados a un hospicio ! ! ! 



* * 

Y allí la dulce caridad cristiana 
Los acoje solícita, amorosa . * - , 

Mas, ay, en vano! que la parca insana 
Les cava ya la funeraria losa! .... 

* 

* * 

El tigre en su guarida, la hiena en su caverna. 
El lobo carnicero y el bárbaro chacal. 

La ley obedeciendo universal, superita. 
Responden á las voces de instinto paternal, 

l Y tú, padre menguado, baldón de nuestra raza, 
Ensordeciste al grito de tu paternidad! , , " , 
Pudiste ú tu conciencia poner una mordaza 
Y rechazar tus hijos con barbara crueldad! 



— 108 — 



Avaro* solo oiste la voz de tu avaricia; 

Cobarde, solo oiste 3a voz de tu terror: 

No solo les negaste tu lecho, con sevicia. 

Sino hasta Jos socorros de mínimo valor í 

Lanzas Lelos, cual perros pestíferos se lanzan. 

Sin una sola lagrima de conmiseración 
^ ni sus tiernos años ú conmover alcanzan 
Las libras de tu seco, podrido corazón! 

No lúe, no, la epidemia la causa de su muerte. 
Lo que rasgara en trizas su pecho juvenil: 
lué el golpe mas terrible, inesperado y fuerte 
1 )e tu conducta i n la me, de tu despego vil ! 

iuié el pensamiento amargo que su cerebro hendía 
Ai verse rechazados del techo paternal. 

Rodeado por estraños su lecho de agonía, 

Cual huérfanos cuitados, en medio a un iiospital ! 

¡Y vives, miserable! y tu impiedad estreñía 
Con funerales quieres enmascarar quiza ! t É 
Y vives, y no temes el público anatema 
Que envuelve ya tu nombre, que te fulmina ya! 

Sí, vive, miserable! La vida es el preludio 
Del ejemplar castigo que pesa sobre tí : 

La espiad 011 tremenda del bárbaro repudio 
Que hicieras de tus hijos agonizantes .... sí! 

1 reeiso es que tú vivas, chacal, para escarmiento 
Re tu nelando crimen, de tu crueldad sin par; 
Rara apurar las 3 1 cees de atroz remordimiento 
Que aguárdate en ta vida por único manjar. 




— 109 — 



Sí, vive I Donde quiera que asomes la cabeza 
Te abrumará el reproche de sania indignación 1 
Sí, vive! que en la vida la espiacion empieza 
Del reprobo, en los brazos del público baldón!... 

Si, vive, miserable ! La sombra de tu crimen 
Con pavorosas ansias te acosará doquier ! . . . 

Si, vive! que á ese pago tremendo no te eximen 
Tus arcas llenas de oro, judío mercader! . . . 

Que en pos de haber suí'rido vejámenes doquiera 
Y el hórrido tormento de una agonía atroz, 

¡ Oh padre sin entrañas 1 terrífico te espera 
El juicio espía torio del tribunal de Dios ! 

Heraclio C. Fajardo. 

Montevideo, 17 de Abril de lS- r '7. 



Cuatro días después, con motivo de la suspensión tempo- 
raria del periódico que redactábamos, iniciamos el siguiente 
pensamiento. Hemos esperado á que terminase la época ca- 
lamitosa poique pasábamos entonces para llevarlo á cabo. 

Hoy que la población ausente de Montevideo lia regresado 
á sus bogares, nos proponemos realizarlo á la mayor breve- 
dad. 

Invitamos, pues, á las personas que simpaticen con él a 
que le presten su apoyo. ¿Podrá el tiempo haber resfriado 
el sentimiento público hasta el cstremo de mirarlo con indi- 
ferencia ? . . . hasta el estremo de que el pueblo se muestre 
inconsecuente con sus actos mas solemnes? . ... • 

Na lo espeiimios, por cierta. 




LOS MIS. CABOT 



Funerales por el descanso ilc sus almas 



Al terminar su primera época. El Eco Uruguayo cree cor- 
responder dignamente á su título y á Ja filantropía de sus 
principios iniciando un pensamiento de que se honrará 
eternamente, y cuya realización . depende de Ja cooperación 
que no duda se apresurarán á prestarle sus cólegas y la 
fiel y humanitaria población montevideana. 

Su Director propone, pues, que el Pueblo costée unos 
funerales por eí descanso de las almas de los tiernos v mal- 
hadados hermanos Doña Rosa y D. Federico Cabot. 

Es necesario que este acto lleve el sello popular, impre- 
so en todo lo concerniente al suceso de que aquellos her- 
manos fueron victimas* 

La beneficencia publica recogió esas desgraciadas criatu- 
ras arrojadas á Ja calle por la desnaturalización y el egois- 
mo ; la beneficencia pública Jas socorrió con los auxilios de 
a ciencia, con sus cuidados maternales ; la beneficencia 
pública cerró sus o, jos en la agonía y condujo sus cadáveres 
a Ja ultima morada : la beneficencia pública debe costear 
sus funerales, 

A la prensa, eco deí pueblo, corresponde adoptar ó de- 
secliar este pensamiento : las consideraciones espuestas nos 
lacen esperar que le adoptará unánimemente, y que nos 
secundará en la invitación que dirigimos af público á sus- 
cribirse en la librería de D. Jaime Hernández, en la Con- 

" em 0nental >' eu !a Nkreria do enfrente, donde habrá una 



_ 111 — 

nómina con esta imitación impresa ó la cabeza, en laque 
podrán inscribir su nombre las personas que quieran con- 
tribuir con la mínima donación pecuniaria a este acto filan* 
trópico y cristiano, y donde recibirán una hoja impresa con 
la historia de la desgracia de aquellos jovenes malogrados. 

El producto de esta suscricion será entregado á una Co- 
misión de ciudadanos caracterizados que se nombrará al 
efecto, y que encargará y presidirá los I un eral es, para lo¿ 
que se invitará oportunamente por medio de los periódicos. 

La realización de este pensamiento no exije mas que apo- 
yo moral, atenta la Insignificancia de los gastos que de- 
manda, y coronaría de un modo digno la obra de caridad 
pública y cristiana tan noblemente comenzada* 

El Director que suscribe, al apelar de esta manera á los 
sentimientos píos y generosos de ia población montevideana, 
lo hace confiando en el general interes que lia despertado en 
ella la singular catástrofe de los hermanos Gabot, y en que 
cuando se trata de actos que tienden á probar la cultura, 
piedad y caridad de un pueblo, no se consulta la oscuridad 
del nombre que los inicia sino las impulsiones del corazón 
de cada uno. 

Es en este concepto que espera ver fructificar un pensa- 
miento, que no es mas que hijo del sentimiento público, y 
al mismo tiempo, que los demas órganos de la prensa y el 
pueblo montevideano tomen en él la parte que les corres- 
ponde por su noble y elevada conducta en el trágico suceso 
de aquellas desgraciadas criaturas* 

Heladlo C* fajardo 



Montevideo , %i de Abril de 485*7* 



ESTADÍSTICA MORTUORIA 

lista exacta de todas las personas Megas de la epi- 
demia y sepultadas en el- cementerio de Monte- 
levideo, según los; datos policiales. 

[Se prohilie la reimpresión] 

Marzo «1c 1S51 

»u 5 Juan Demi ano, 27 años, italiano, casado, guadañero. 
“ “ N. Cora ni . 

“ “ Celedonia Rorbricard. 

“ 4 José Cursello 
“ “ Joaquín Fernandez, oriental. 

“ o Rafael González. 

“ “ Martin Álvarez. 

“ (j Narcisa Magines, 44 años, oriental, costureta. 

1 7 Estefana Badostagno, italiana. 

“ “ Bernardo Valero, 51 años, italiano, viudo, marinero. 

“ ‘ c Catalina Raleona, 5» años, italiana, casada, 

“ 8 Mariano Basúa. 

“ “ Jacinta Felisberta, 25 años, italiana, casada. 

< ‘ “ Gregorio Lombardini, oriental. 

“ “ R. Erello. 

“ Federico Ferro lo i italiano, sacerdote. 

“ “ María Isagar, 44 años, Irancesa, casada. 

[[ “ Santiago Casaretelo. 

“ 9 Magdalena Baez, 10 años, oriental. 

“ 10 Ignacio M. Deítepiani, 52 años, italiano, soltero. 

“ “ Juana P. da Silva, 

“ “ Juan B. Burrone, italiano. 



15 




— 114 — 



íjia 10 Paula García. 

44 £í Sebastian Salas. 

María Elcheverry, 40 años, francesa, 

1 3 luán Labadíe, oí) anos* francés, casado, herrero* 
íf £< Joaquín Ghopitea, 

44 Pedro Ocherena, español* 

44 4f Rosario Fernandez. 

“ 44 Manuel Herrera, 54 años, español, casado, albañil. 
44 44 Antonio Cabrera. 

“12 María lragoyen, 45 años, francesa. 

4 * Ma ría C erci d o , 44 años, i ra n cesa , ca s ada * 

“ 4 4 Domingo Bidondo, 8 años, oriental, 

" Catalina Becco, 22 años, italiana, casada, 

£í Lázaro Fngari, 9 años, 'oriental. 

44 44 Magdalena Bassi, 10 años, italiana* 

Lorenzo Saiesi, italiano. * 

Josefa Motive, 55 años, española, 

<losé Salas, 57 años, francés, viudo, jornalero , 
Joaquina Tompes, 42 años, española, viuda. 

Manuel Paez, ¿>S anos, español, casado, pescador. 

4 4 15 Juan Susano, '22 años, francés, soltero, albañil* 

44 Bautista Echotercna, 25 años, español, solt*, herrero* 
f£ 44 Francisco Fernandez, 27 años, español, casado* 

4 4 4 4 Ensebio Rivera, 

Carolina Jaleona, 15 años, italiana, soltera, 

“ 44 María A* de Solesi, 42 años, italiana. 

44 14 Isidora Bolon, 14 años, oriental, soltera, 

Francisco Gesta, 50 años, español, casado, zapatero’ 
15 María Bidondo, 58 años, francesa, casada, 

4 4 4 1 Vicenzo Bosso, italiano. 

Teresa B* do Carsoio, 47 años, italiana, casada. 

Juan Lafitte; 50 años, frailees, casado, jornalero, 

1G Verónica Legris, 8 anos, francesa. 

M fí ^ uan ®* Jageta, A4 años, italiano, casado, marinero. 



DH 1G Juan Roque, 24 años, italiano, easailo, panadero. 

“17 Antonio Joselita, 51 años, italiano, casado. 

“ “ Martin Eclieverria, 29 años, francés, casado, jornalero. 

“ “ Mariana Milburn, 55. años, inglesa, casada, 

“ “ Pedro Debat, 25 años, francés, soltero, sastre. 

“ “ Josefa Ugakle, (*) 28 años, española. 

“ 18 Conidio Isanrrabal, 70 años, oriental, solt., jornal. 

“ “ Bernardo Salas, 28 años, francés, soltero, jornalero. 
“ “ María Correa, 58 años, brasilera, soltera. 

“ “ Una bija menor de esta. 

“ “ Manuel Sejario, 45 años, Ual„ casado, jornalero. 

“ “ Manuel Cosario, 5G años, italiano, soltero, jornalero. 
“ “ Manuela Lausa, oriental. 

“ 19 Pedro Hernández', 2G años, españ. casado, jornalero. 
11 “ Teresa Panano, Sanos, oriental. 

“ 20 Bartolomé Trueco, 54 años, i tal* casado, -herrero. 

“ “ Jorge de la Viña, 28 años, españ. solt. comerciante, 

“ N. Besuduto, 5S años, italiano, soltero, jornalero. 

•< “ Pedro Biscay en, 50 años, franc. casado, acerrador. 

“ “ María N. .. . , 20 años, italiana. 

“ 21 Juan Copula, 5G años, italiano, casado, zapatero. 

“ “ José Gonzal ves, 3G años, portugués, soltero, sastre. 

“ “ Estevan Mostré), 28 años, españ. soltero, eomercianl. 
11 “ Juan Cuarone, 40 años, italiano, casado, jornalero. 

“ “ Santiago Puñata, 55 años, italiano, casado. 

“ 22 José Busquiaso, 17 años, italiano, soltero, jornalero. 
“ “ Un cadáver de mujer. 

“ “ ?í. Aubriot, francés, casado, armero. 

“ “ Manuel Santiago, 58 años, españ. casado, peseadoi. 

“ “ Catalina Urguindegui, 58 años, francesa, casada. 

“ 25 Juan Piuamcglio, 50 años, i tal. casado, lanclionero. 



Los {juc llevan este nstoiístico han sillo sepultados en el cementerio de 
lo Union. 



— lio 



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Juan Lassale, 54 anos, francés, soltero, marinero* 

/ Juan Gramopne, 36 años, italiano, casado, jornalero* 
(í Jiiím IL Bono, 51 años, italiano, viudo, marinero* 
íf Luis Gaüc, 22 años, italiano, soltero* 

£f José Saunois, 45 años, francés, casado, acerrado]-. 
í£ Juan Bautista, italiano* 

24 lorenzo Beüiagarria,27 :mios JVinic. casado, carpí n tero, 
f ermin Goyechea, 55 años, oriental, soltero; comete* 
Ana Víaneal, 54 años, italiana, casada, 

Bautista Sabes, o4 años, francés, casado, jornalero* 
Juan Navarro, 20 años, italiano, soltero. 

41 Catalina Roglia, 50 años, italiana, viuda. 

Martin Bartolo, 40 anos, italiano, casado* 

Bautista Argtiiudegui, 54 años, franc* solL herrero. 
í£ José Rocha, 55 años, portug. soltero, jornalero. 

I cresa Arbtno, 25 anos, italiana, casada* 

José Castellón, 28 anos, es pao. soltero, zapatero. 

£í Andrés Berra, 22 años, oriental,, soltero, impresor* 

£í Emilio Saunois, 27 años, francés, soltero, panadero* 
" Juan Barbteri, 25 anos, italiano, casado, herrero* 
Casiano Ridondo, 48 años, franc* casado, jornalero* 

25 María Ceuta, 40 años, italiana, casada. 

J ú a n I 1 a b i a n , 55 años, f r a i 1 eos , cá sa do; j orn a 1 ero * 
eí Mariana OT)owgcr, 22 años, inglesa, casada. 
í£ Paula Falso», 57 años, oriental, soltera* 



££ ££ Nicanor Inés, oriental* 

“ " María Llamas de Castro, 65 años, oriental, viuda. 
26 Lorenzo Olagtia, 58 años, es pan] casado, jornalero* 

\ ¡cente Viera* 40 años, español, casado, jornalero* 

“ “ Juliana Sañosa, 67 años, IVancesa. 
iS> Rosario Martínez, 50 años, oriental. 

Pedro Saunois, 68 años, francos, casado, panadero. 
Luisa Alucia, 54 años, francesa, casada* 



Pedro Campodoni, 30 años, ItaL soltero, lancliónero. 



— 117 — 



día 27 Mana A* Nouguier, 70 años, francesa, casada* 

“ 4Í Manuel Torres,: -23 años, oriental, casado. 
fí 44 Fortunato Pucho, 28 anos, italiano, casado. 

44 Antonio de Ambrosi, 18 años, IfcaL soltero, jornalero. 

£t í? Juan Mucio, 26 años, italiano, casado, zapatero. 

** 44 Catalina Perez, 40 años, española, casada. 

- 44 José Calzada, 55 años, español, casad oí zapatero* 

* * 4 * F r a nei seo J u s iqu el , 5 7 años , I ra neo s , tía sa do , t on d oro * 

4< “ Pedro Alga suburo, 54 años ,fra neos, casado, jornalero. 

44 28 Pablo Ferro, italiano. 

44 44 Juan Salón, oriental. 

44 44 Ruperto Gaicano, 1 año, oriental* 

t4 44 Reltran Areeoch, 22 años, trances, soltero. 

44 44 Juan Acosta, o años, oriental. 

4 4 14 Luciano Aeosta, 4 años, oriental. 

44 44 Teresa Solari, 2 años, oriental. 

4 4 4 4 Fermín Mendoza, 22 años, oriental, soltero, impresor* 

44 44 Un cadáver de mujer, española* 

4£ 4 4 Juan Bord olado, 19 años, fauces, soltero, carpintero. 

44 44 Manuel Luis Aguiar, 18 años, oriental, solí. ímpres, 
44 29 María Diaz, 25 años, española, casada. 

4 4 4 4 Aníbal Pizard, 10 años, oriental. 

44 44 Teodoro M.Yilardebó, 40 años, orient* soltero, medico. 

** Juana Tayarola, 59 años, francesa, casada. 

44 14 Luciana Meneses, 50 años, oriental, viuda. 

4 4 4 4 Antonio Paulier* % 50 años, i tal. casado, arquitecto. 

4 4 4 4 Catalina Mantera, 65 años, italiana, casada. 

4 4 44 Jorge Escaglia, 55 años, italiano, casado. 

4 4 4 4 Lorenza Olagiia, 22 años, española, soltera, 

4 4 4 4 Antpnio Samboíim, 42 años, i tal. casado, jornal ei o. 
4 4 44 Manuel Lnngueiro, 50 años, españ. casado, comete. 

Pedro Solari, 20 años, ilal* soltero, pescador* 

44 44 Angela Alb i na , 25 año s , i tali ana, casada . 

« 44 José A* BessaHano,25 años, españ. soltero, labrador* 



— 118 — 



día 29 Clieri Cliavoisi, 32 años, (ranees/ viudo. 

“ “ José Acevedo, 2o años, argentino, soltero 

“ “ Un Cadáver. 

50 D. M. Gnimaracns, 22 años, orient. soltero, eomerc. 
Jorge Lowe, 58 años, inglés, soltero, comerciante. 
“ “ JuauB. Morcan, 38 años, ital, presbítero. 

“ “ Fabrício Pieeinatti, 30 años, ital. viudo, zapatero. 

“ “ Dominga Laütte, 48 años, francesa, casada. 

“ Juan -Miran. 43 años, franc. soltero, zapatero. 

" “ M ' Rymarkiewicz.-. 32 años, polaco, casado, médico. 
“ José Badangot, 50 años, argentino, soltero. 

J' Adolfo Jrouadle, 40 años, franc. casado, zapatero, 
ol Juana Migueltorena, 2o años, española, casada. 

“ “ Sebastian García, 8 anos, oriental. 

“ Angel Roca, 50 años, italiano, soltero, sastre. 

" “ Vicente Rióla. 

Antonio Bernard, 22 anos, oriental, soltero, 

“ “ Indalecio Gómez, 48 años, orient. soltero, jornalero. 

“ “ Juana Aneiros, 9 años, oriental. 

“ “ Mariana Reraso, 50 años, española, casada. 

“ “ Juan B - Haveni, 50 años, ital. casado, albañil. 

“ “ Felicia Triarte de Devota, 24 años, oriental. 

“ “ Bandín, 23 años, espaíi,, casado, ¡o malero. 

“ “ JoSlí M - Hoeraz, 25 años, españ. soltero, capintero. 

“ Martin Gorostegui, 54 años, españ-, soltero, carpintero. 

Aliril de ISó: 



THA 



t £ 



1 Agustín Santos* portugués. 
fí Juana Rodríguez, española. 

Ju a n J « , Sa red o , 4§ a ño s * i ta 1 i a n o , ca sad o , oo me re i a n te . 
“ Luís Torio, italiano. 

Tgnacja B. Montes* oriental. 

María Lasaga, oO años, francesa* casada. 



— 119 — 



día i Luisa Susana', 18 años, francesa, soltera. 

£t £í Pedroj florean, 56 anos, francés; casado^ jornalero* 

* £ £ ' Verónica Etchcvcrry, 52 años, francesa, viuda, 

44 44 Luis Raymondo, 50 anos, italiano, casado, jornalero, 
£í 4 4 León Clari, 55 años, francés, soltero. 

44 2 E pi la n i a G ras s i ár e, 5 a ños , ÍVa nce sa . 

44 44 Juan Marren, 50 años, francés, casado, jornalero, 

44 4 4 Maria González, 55 años, española, casada, 
tí u Pascal Lacopu, 55 años, francés, casado, zapatero. 

44 Éí Luís Bordánsyp;; 14; años, francés, 

44 44 José Bosque de Artigas, 56 años, español, casado. 
íL 44 llamón Zubillaga, 60 años, oriental, soltero, 

“ ?* Francisco Barscna, SO años, españ. casado, labrador, 
4 * ££ Teresa Berne, 28 años, francesa, casada. 

4> 4 ' Luciano Ferrer, 4 años, oriental, 
l£ d l Domingo Mellas, 50 años, francés, casado, zapatero. 
44 44 Bautista Soleta, 22 años, francés, soltero, zapatero. 

■\ 44 Isabel Juanicó, 60 años, española, viuda, 

4 4 4 * José Copel lo '55 a ños , italiano, c a sad o , zapa te r o * 

44 44 Josafat Cocino, 52 años, suizo, soltero, carpintero. 

4 1 5 Bernardo Mañana, 58 años, italiano, casado, 

44 María Montcverde, 50 años, italiana, casada, 

^ 44 Enriqueta Armañac, 40 años, francesa, soltera, 

“ “ José Bellidas, 40 años, italiano, 

í4 44 Bautista Puche, 19 años, francés, soltero, zapatero. 

* 4 - 4 Cristina Espeche, 24 años, francesa, soltera. 

44 44 Juan Perales, 70 años, italiano, 

44 4 4 Alejandro Ecbande, 19 años, francés, soltero. 

* 4 44 Autümo'Montes, 18 años, oriental, soltero, cigarrero* 
44 44 María Solari, 52 unos, arjentina, casada, 

44 4 4 Al IV ed o C a m a í a , 55 años, i talíau o , viudo , jo r n alero . 
í, sí Agustina Salle, 55 años, francesa, casada, 

44 «■< Pedro Asenmudi, 22 años, español, ojalatéro. 

t4 44 Pablo Moreno, 40 años, italiano, casado, jornalero. 



— 120 — 



día 5 Gregoria Roldan, 40 años, oriental, casada. 

4Í “ José M. Zubi llaga, 50 años, españ, casado, jornalero. 
" Manuel N. , 20 años, español. 

4 4 “ María Perez, 50 años, española, viuda. 

“ “ Martin Irigaray, 25 anos, españ, soltero, barraquero. 
“ ** Teodoro MiHiausen, 55 años, ruso, soltero, celador, 
tC •* Luis Racar, 20 años, italiano, soltero, jornalero, 
w 4 Perfecto La nd a va so, 21 años, español, soltero. 

“ ^uan Pivoul, 58 anos, francés, casado, talabartero- 
“ íf Sílveria Bariíé, 52 años, arj entina, soltera. 
f í “ Maria Luisa Orlar, 50 años, francesa, casada, 
fí íf Ensebio Ortiz, 36 años, oriental, casado. 

/.■ •“ Juan Demesto, 54 años, francés, soltero, pintor. 

“ íf Verónica Lacliart, 3o años, francesa, casada. 

“ “ Juan R. Risco, 40 años, italiano, soltero. 

■ f íf María Fernandez de la Sierra, 60 anos, orient. soltera. 
“ ¿í Sebastian Teme ña, 45 años, es pan. casado, carpintero. 
ee £í Antomo Solari, 55 años, italiano, soltero, jornalero. 
44 M Angel Spalda, 40 años, italiano, soltero. 

46 5 Rosa Pan tonino, 50 años, italiana, viuda. 
í f “ Carmen Chavarría, 19 años, oriental, soltera. 

44 “ Ana Lipolina, Sanos, oriental. 

“ “ Domingo Signaga, 25 años, italiano, soltero. 

“ ¿í Maria González, española. 

** rí Juan Coria, 40 años, italiano, casado, 

** “ Ana Latapia, 42 años, francesa, casada. 

“ “Un cadáver, italiano, carbonero. 

“ “ Carlos Rueda, 40 años, ital. casado, guadañero. 

“ “ María Qzogui* 25 años, francesa, soltera. 

“ “ Juana An tonina, 25 años, francesa, soltera. 

44 4 4 Agapito López, 48 años, portugués, soltero. 

“ “ José Rubio, (*} 55 anos, español, casado. 

“ tt Saturnino Balparda, 40 años, espaíL casado, comeré. 



— 121 — 



ijiá 5 Santiago Abt.'lki’, 27 años, oriental, casado. 

11 “ Sebastian líarrel, 11 años, oriental. 

“ “ Catalina Cabeza, AS años, española, casada, 

“ “ Un cadáver, italiano. 

“ “ Pedro Krrecebardo, 87 años, trances, casado. 

“ “ Luis Manzano, 58 años, español, casado, pescador. 

• i > ■ Luis PedemoiUe, 25 avíos, ¡tal. soltero, jornalero. 

;i ” Carlos lia rada!, 22 años, francés, soltero. 

“ “ Miguel Mendoza, 19 anos, orient. soltero, jornalero. 

“ ‘ ‘ Adolfo Sánchez, 20 años, arj. soltero, barraquero. 

“ “ Esteyan Riclie, 57 años, italiano, casado, zapatero. 

“ << Pablo F arcad a, fiO años, francés, soltero. 

<t “ David Feliu, 16 años, ital. soltero, jornalero. 

“ “ Francisco Colombio, 15 anos, fratic. soltero, lien ció. 
“ 6 Luis Coifier, 25 años, francés, soltero, carpintero. 

“ “ Carlos- May tía,- 10 años, francés, casado, 

n “ Serafina Can'onequi, 58 años, italiana, casada. 

<c 11 Juan Bertrán ti, 1-0 años, francos, casado. 

“ ti Juan Garatégui, 5 años, oriental. 

11 “ Ana Mrtategui , 15 años, Irán cesa, casada. 

■ “ María Castro, 25 años, oriental, soltera, 

, « «« p e dro Eteliecopar, 24 años, francés, zapatero. 

“ “ Bartolo M. Caparro, 50 años, italiano. 

“ ■ 1 Martin Langlade, 11 años, francés, casado. 

.« " Marta Balladoni, 60 años, italiana. 

" “ Juan Pradére, 56 años, francés. 

" “ Rosa Monteyer.de, 18 id. italiana. 

11 Juan Pasiorino. 22 id. italiano. 

" “ Isabel Rebol a, italiana. 

« - Francisco G.ibcrt, 37 id. francés, casado. 

.< O' Francisco Barrios, 50 i id. españ. soltero. Tierrero. 

.. . « Luisa Calderón, 45 id. argentina , viuda. 

" 11 Juan Uucena, 10 id. ¡ranees. 



16 




— 122 — 



día 6 Graciana Etcheverry, 18 id. Ira rices, soltero. 

41 (í José B. Marlinái, 50 id, es pan. soltero, jornalero. 

4Í lt Antonio Cortesa, 54 id, italiano, casado. 
í4 ** María N. ... 7 id, italiana. 

£i 4í Manuel Rodarlos, 69 id. español, marinero. 

£í 7 Domingo Scorcera, 62 anos, italiano, zapatero, 

“ %í Benito Nosterio, 18 anos, español, soltero. 

“ “ María Etchepar, Baños, oriental, 
í£ í£ Pedro Mayiia, 8 años, oriental. 

(í Pedro Dngros, 55 años, frailees, casado, 

' £ £i Catalina Pol de Parpa!, 45 años, española, casada. 
Agustín Feriando, 50 años, italiano, casado. 

“ Juan Lartigas, 48 años, francés, casado, zapatero, 
Francisca Micae, 5o años, española, casada. 
í£ í£ Lorenzo Catnaclio. 54 años, italiano, casado. 

Garlos Alberto Pendra, 9 años, oriental. 

Rosa Roquera, 53 años, italiana, casada. 

M ÍÉ Andrés N. . . . 

María Cononar, 52 años, inglesa, casada. 

Ana N. . . f 57 años, inglesa, casada, 

Antonio Latapi, 60 años, francés, casado, 

£í '* Pablo Degula, 59 años, italiano, casado. 

Juana Cavalier, 40 años, francesa, casada, 
f f Gabrie 1 E íchev err y , 55 años, fr a n ce s casado - 
£í Tomas Villemor, 50 años, íranc. soltero, jornalero. 
££ M José P. Costa, 57 años, itaL casado, jornalero. 

¿í EÉ Antonia Aguilar, 29 años, española, casada. 
tc £1 José Luis Sagaste, 45 años, español, soltero. 

“ 4Í Miguel Poeasawih, 19 años, austríaco, soltero, 

“ 4£ Margarita Casaneti Rodi, 39 años, italiana, casada, 
44 Pedro Arredi, 40 años, españ. casado, albañil, 

** Pedro Echemenegaray, 48 años, francés, soltero, 

8 María Ba «marcháis, 50 años, francesa^ casada. 




f 



— ÍM — 

8 Francisca Sienráífe-iVal parda, 30 anos, orient, casada. 

£í Juan Veirn, 30 años, espao. casado, pulpero, 

** Juana Echegoyerm, 58 años, francesa, casada. 

“ Teresa Po testa, íi años, oriental. 

“ Juana Costa, 3G anos, argentina, casada, 

" Lorenzo Lodarpsena, 49 años, españ. casado, comerc. 
tf María N* , , * 50 años, italiana, casada. 
t£ Guillo l Broquier, 50 años, francés, casado. 

** Pedro Isaurralde, 14 años, francés. 

“ Pedro Ardauqiie, oO años, francés, casado. 

£f Justino Elizalde, 12 años* oriental. 
fí Luis Píarm, 15 años, francés. 

£í José Alonso, 24’ anos, español, soltero, jornalero. 

“ Celestina B. de Monteverde, 51 anos, ital, casada. 

“ Martin Taborda, 25 anos, argent. soltero, jornalero. 

££ Juan Renta ncm\ 57 años, españ. casado, jornalero. 
£t Blas Perez. 20 años, español, soltero, dependiente. 
“ Juan Monteverde ,17 años, italiano, soltero, jornalero* 
Éi Benjamín Darío, 50 años, francés, soltero, albañil. 
ft María Gregoria Sosa, española. 

“ Juan Divar, 48 años : francés, changador* 

£í Feliz Atzubandi, 26 años, maltes, soltero, marinero. 
“ Antonio Ma^aferro, italiano. 

9 J uan Dívon, 25 años, francés, soltero, zapatero. 
í£ Juan Etchevérry, 24 años, íranc. soltero, jornalero. 
í£ Cándida Suarez, 19 años, oriental, soltera, 

“ Un anciano. 

“^Faustina Monteagudo, 52 años, oriental, soltera. 

£t Andrés Amanójete ,*54 años, i tal, casado, carpintero. 
\ i María Jauregtiiberry, 57 años, irancesa, casada. 

£ ’ Magdalena Lamber l, 45 anos, francesa, casada* 

; “ Jorge Caprcto, 54 años, ital, casado, albatuL 

1 “ Bernardo Mar tiñera, 18 años, francés, soltero. 
f í£ Mariana Iribarren, 40 años, irancesa, viuda' 




— íM — 



día O I sa !> e I Villemin, 40 a . ñ o s , IV a n ce s a , en sa d a . . 

Jacinto Lamlabajo, 50 anos, españ. casado, comeré. 
¿i Bérnáfdo Sécumberr;^ 47 míos, franca soltero, labr. 
íb £t Margarita May lia, 50 años, francesa, viuda. 

Eí Pedro Felipe, 50 años, (Vane, casado, albañil. 
i¿ '* B enjamina Servís, 26 años, oríenial, soltera. 
fi 1E Rafael Casino, 50 años, i tal. soltero, jornalero, 

TÍ ’ > José Berna, 18 años, italiano, casado. 

“ . £t María Mcrapides, 25 años, francesa, casada. * 

“ í£ Rosa Alvaro?., 90 años, española, viuda. 

M 10 María Rival, 50 años, española, casada. 

ÍE 11 Julián Gómez, 51 años, español, soltero. 

** 44 Sinforosn Sorona, 50 años, española, casada. 

£< Riego Sivvard, 11 años, oriental * 

“ w María Maza ferro, 50 años, italiana, viuda. 

11 í£ Juan Monte verde, Paños, oriental. 

Carlos Croan', 19 años, italiano, soltero, zapatero, 

M Juan Lozano, 15 anos, oriental. 

' ff Francisco Garategui, 28 años, francos, soltero. 

José de Tembra, 17 años, español, soit. sombrerero, 
Juan francisco Servís, 58 años, oriental, soltero. 

11 Simón Méndez, 20 años, orieiit. soltero, comerciante. 
An d res Reí -n a rd , 29 a nos , fi a n ccs ," ca sad o . 

Petrona Fonseca, brasilera,. casada, 

Joaquina A, López, 70 años, africana, casada. 
Bartolomé Braco, 56 años, italiano casado. 

* 1 Antonia Barbee, 59 años, española, viuda* 

Leandro Martínez, SfiaSos, argent. soltero, jornalero. 

Sí £< Un cadáver. 

Juan Lástrete, ol anos, italiano, soltero, zapatero. 
Jorge Peñes, oí años, N.Amenc* .soltero, carpintero. 
Benito Calvo, 25 anos, españ, casado, jornalero. 

“ 13 Santiago Raso, 28 años, i tal. soltero, músico. 
Manuela Cebados, 60 años, oriental. 



— 125 — 



12 Margarita Pe re ir a , 21 años, oriental, soltera. 

■ < pedio Arainli, 4G años, franc.' casado, albañil. 

“ Alberto Cabot, 9 años, oriental. 

“ Bernardo Armáldo, 70 años, italiano, casado. 

“ Luis Castro, 25 años, oriental, soltero. 

“ Vicente Den tone, 57 anos, italiano. 

“ María Claren, 45 años, francesa, casada. 

*> Antonio Papo, 52 años, italiano, casado, cocinero. 

“ Miguel Petre, inglés. 

45 Felipe Castellanos, 2o anos, oriental, casado. 

“ Antonio Silvori, 21 años, ital. soltero, jornálelo. 

“ Beltrán Igalade, 55 años, francés, casado. 

“ Pedro Castro, español, soltero, jornalero. 

“ Felipe Esquenine, 50 años, itai.- casado, changado!. 
“ Daniel N. . . . francés, soltero, jornalero. 

“ lia rea na Jauregüi , 50 años, francesa, casada. 

“ Dolores Marta,' 50 años, española, casada. 

“ Juan Soffron, 42 años, franc. casado, talabartero. 

■ ‘ Dolores Isaña, 8 años, oriental. 

¡¡ Bernardo Qniroga, 46 años, oriental, soltero. 

• < j u an M. Nin. 58 años, orient, casado, comerciante. 

1 Elias Navasiel, 14 años, oriental. 

‘ 11 Un cadáver, italiano. 

1 “ Juan Dañero, italiano, soltero, peón. 

1 14 Rosario Ycira, 5o años, italiana, viuda. 

‘ “ Agustín Vázquez, 16' años, oriental, soltero. 

* “ Paula Cabot, o años, italiana. 

1 11 Ana Moor, 5 años, inglesa. 

< “ Juan F. Perez, 50 años, españ, soltero, cómico. 

1 “ Cora Fccher, 24 años, francesa, casada. 

‘ “ Antonio Lombardo, 8 años, italiano, 

o.j “ Luisa Valle, 58 años, italiana, casada. 

■f “ Alejo Llovera, 25 id. español, casado, comerciante. 



/ 



— m 



14 Francisco Monteyerde, 28 id* i tal. soltero, zapatero. 
Afc Tomás Iguetuburru, 24 id, españ, casado, zapatero. 
4Í Prudencio Soria* 39 id. oriental, soltero, celador. 
4 4 Lázaro Salustíen, 50 id* franc* casado, carpintero. 
44 Antonio Castigione, 70 id. alemán* mendigo. 

44 Francisco Acosta, 56 id. ita!. soltero, ojalá tero. 

“ Irenon Zorais, 50 id. español, soltero, comerciante. 
44 José Roncablido, 58 id. italiano, casado, zapatero. 

15 Juana Nuñez de Monteagudo, 65 id. oricnt. viuda. 

4 4 Margarita Al vara, 26 id. francesa, soltera. 

44 Graciano Caloge, 48 id. franc. casado, zapatero. 
í4 Pedro Jau regia , 52 años, francés, viudo, tonelero,, 

£f Luis Layerta, 27 años, francés, c asa do, dependiente. 
*' Magdalena Dupico, 44 anos* española, casada. 

44 Petrona Lavaba, 5 años, oriental. 

Graciosa Ancerena, 50 anos, francesa, casada. 

41 Margarita Rrugo, 55 años, italiana, viuda. 

“ José Muñoz, 50 años, italiano, viudo. 

“ Francisco Casan!, italiano, militar. 

“ Saturnino Clarioga, 54 años, español, casado. 

P José Tomas Arme, 40 anos, oriental, casado, 

“ Dolores Baleares, Sanos, oriental, 

1 rancisco Agrillen to, 46 anos, crien t* casado, impresor* 
Eugenio Dele, 18 años, francés, soltero, tapicero. 
Francisco de Paula Espino, 22 anos, bras il ^sol t . s as tre . 
eí Juan Lola, 20 años, francés, soltero, carpintero. 

£t Antonio Lcuchaisc, trances. 

16 Sebastian Pettaningto,50 anos, ital. casado, marinero. 
!* Rosa Beguería, 27 años, francesa, casada, 

44 Ramón Cachet, 19 años, francés, soltero, jornalero* 
Pedro Chcvcrci, 22 años, francos. 

Bernardo Bordes, 19 años, franc. soltero, carpintero. 
Julia Yilor, 19 31105, inglesa, soltera- 



— 127 — 



día 16 Juan P>- Bonnaud, 44 años, francés, casado. 

“ 11 losé Allol, francés, viudo, barbero. 

.. - Luis Maóroni, 50 años, italiano, casado. 

.. .. Alejandro Santos, 52 años, oriental, soltero, sereno. 

Constantino Prato, 25 años, italiano, casado: 

.< tuan B* Soto, 17 años, oriental, soltero. 

„ . . p e dro Andrado, 26 años, argentino, sol tero, panadero, 

t í Federico Cabot, 21 años, argentino, soltero. 

U .. Rosa Cabot, 15 anos, oriental, soltera. 

.. .. Rendo Bañero, 26 años, italiano, casado, acercad Pr 
.. - Picolas Y a reía, 45 años, español, soltero, acerrador. 

.. 17 Agustín Dasso, 59 años, italiano, casado, zapatero. 

.< •« Juan Miillo, 20 años, francés, soltero, zapatero 

• , Mateff Escalada, 45 años, oriental, casado, militar . 

' .< José Sanoleti, 55 años, italiano, soltero, zapatero. 

, t ,, María C. Buret, 64 años, francesa, casada. 

« Angel Rolf. - . 46 id. italiano, casado, herrero. 

.« Domingo Ichular, 20 id. francés, soltero. 

“ ■« Domingo Aranguro, 48 id. francés, casa o, ve uo. 

u .1 Francisco Esteva*, 23 id. español, soltero. _ 

« 18 Manuel Gradin, 58 id. español, casado, coercíante. 
.. .« Carlos Pudeo, 40 id. italiano, viudo, 
ti tt José Besano, 40 id. italiano, casado. 

¿s Pedro'Bordé, li id* oriental* , * 

t. Joan Luis Pacheco, 3Ó id. oriental , soltero empleado. 
.. .. José Rochelle, 26 id. francés, soltero, confitero. 

« José Rico, 27 id. español, soltero. 

“ «< N. Gov eneche, 2 id. , . 

« tt Lorenzo Melcnali, 50 id. italiano, casado, músico. 

.t i< Pedro María, 54 id. faances, viudo, comerciante. 

.. Clemente Ricardo, 27 id. francés, soltero, carpmter . 
- < * Pedro Mora , 52 id . español , presbítero . 

.. Nicolás de Mecelcs, 50 id. italiano, casado. 



128 



í£ (í Domingo Peralta, 65 id. italiano, casado. 

4i u Pedro Bonillo, 17 id. italiano, soltero, carnicero. 

&í £< Pedro Clavely* 22 id. italiano, soltero, zapatero. 

££ Luis Caleagno,(*) 22 id, italiano, soltero, comercian te. 
I£ 19 Dolores Rigtb; 40 id, alemana-, soltera. 

** Mena Lasul, 53 id, francesa, casada, 
u íl Maria Andemeche, 55 id. francesa, casada, 

££ ££ Beitran Catalina, 40 id. Trances, casado, herrero, 

££ “ Benigna Chandes, 50 id, española, casada, ' 
i£ “ Mariana Casara gan, 54 id* francesa, viuda. 

££ £í Luciano 31, Aguila, 40 id. oriental, casado, 

Pedro Aguireche, 45 id, es pan. casado, jornalero, 
í£ ££ Juan Echepaii, 10 id. oriental, 

£í £í José M. Ara i n ti, 16 id. Trances. 
if ¿£ LuisLánglois, 5 id. oriental, 

¿i *í Martin Etizal te, 28 id. Trances, soltero, zapatero, 

£í ££ Juan Lapfáee, 22 id. Trances, soltero, peón, 

José Bcrsasto, 25 id- Trances, soltero, peón, 

Paulina Ayeardi, 52 id, italiana, viuda. 

Juan B, Larigote, 2(> id. i tal. soltero, jornalero, 
Mateo Poulfan, (*) 52 id. Trances, soltero, zapatero. 
il 20 Graciana Qalunge, 60 id, francesa, viuda, 

£t Bernardo Errecakic, 4(i id. franc. casado, peón. 
Cárlos Lechín, 28 id. franc, soltero, jornalero. 
í£ í£ Juan Noguet, 45 id, franc. casado, jornalero. 
í£ “-Aña Jauregui, 70 id. franc. casada. 
í£ í£ Gabriela Purgo, 26 id. francesa casada. 

££ £í Benigna Ireugptila, 6 id, oriental, 

£í Salvadora C. de Vílar, española, casada, 

Giacomo Bocea, 40 id, ital. casado, guadañero. 

É£ ££ Luis Olivera, 28 id. españ. soltero, zapatero. 

“ í£ Gregorio Brown de Pestaña, 74 id. orient. viuda. 

\ ícente Gutiérrez, 55 id. argent. soltero, peón. 



— 129 — 



* c £< Un cadáver. 

- i< Vicente Sefiümws, 23 tinos, español : soltero; peen. 

■' ** Un cadáver, italiano* 

“ Pablo Escobeilo.j 25 id, espaií, soltero, otnijuno. 

£i Angel lioso, 18 id. italiano, soltero. 

*< 21 Domingo Pilavcrle , ,$$ id. ira u oes, viudo. 

| << María d.c Cosario, 58 id. francesa, casada. 

; £i Dolores Márquez, 8 id, oriental. 

*■"< 4i Damián Vivas, 19 id. oriental, soltero, 

M María Asiavia, 58 id. francesa, casada. 

** it Juana ELisaguerry, 25 id. iraneesa, soltera* 

*/ '/ Dominga Drussain, 54 id. íraucesa, casada. 

'■ t( Ana Forrera, 16 id. italiana, soltera. 

*• *• Mariana Mane, 40 'id, africana, soltera. ^ 

.>*■* Francisca González, 24 id. española, casada. 

<f “ Faustino Bclmudez, 50 id, orient. soltero, nn Sitar. 
í( t£ Antonio Bardi,.5o id. i tal* casado, carpintero, 

*1 22 José Bruñó* G5 id* italiano, casado, 

“ £t Juan Aguerm, 54 id. francos, casado* 
e< M Juana Samartim, 28 id. italiana casada. 

*í 41 Ramón Al ves te, 27 kl españ. casado, confitero, 
t¿ N. Njolet, 53 id* francés, casado, sastre* 
v “ Felipe Prego,. 50 id. oriental, soltero, comerciante- 
“ Catalina Cbaudar, 14 id* francesa, soltera. 

“ Juana Uqngoeíos, 25 id. francesa, casada. 

■* - £ Sebastiana Arbonui, 57 id. española, casada. 

4£ “ Justina Duful, 28id. francesa, casada* 
fí fí 'Francisca fiuiíjorme, 11 id. francesa* 

■ f f í José .Gcrtrudez, 55 id. francés, casado, zapatero* 

£í José M. Reyes, 24 id* español, soltero, changador, 
; £í ..." Ernesto Royinol, 58 id, fmnq, cacado, carpintero. 

. Si <f Juan Rusearro, 10 id italiano. 

^ u Manuel Rosendo, 23 id* oriental ,--solicr ’o. 
t£ £í Dmcadiver. 



17 




r>i.\ 23 Bárbara An tonina, 56 auos t española, viuda. 

“ “ (frislóbat Hernández, 14 id. oriental. 

" " Un cadáver de mujer. 

" Catalina Vidar, 35 años, francesa, casada. 

41 14 Santiago Bresune, 50 id. i tal. soltero, jornalero. 

41 José Guaregui, 65 id. francés, casado. 

Guillermo Bedouret, 27 id, franc, casado, panadero* 
Antonio A rancho, 25 id, oricnt soltero, jornalero. 
Cheric Chantal, oO id. francesa, casada. 

Miguel Mangin, 40 id. francés, casado. 

Benito Piris, 50 id. españ, soltero, jornalero. 

Bertrán San Romain, 24 id, franc. soltero, jornalero. 
Josefa Sedu, 43 id. francesa, viuda. 

24 Saturnina de Anncsto, 35 id. oriental, casada, 

■Tuan Mercapide, 52 id. franc, soltero, retratista. 
Juana Aurelio, 16 id, oriental, soltera. 
te Joaquín Buceta, 26 id, españ. casado, jornalero. 
f Camila Nunez, 56 id. oriental, soltera, 

Alejandro Vaitlant,*, 40 id.franc, casado, sombrerero. 
José Griffo, 70 id. italiano, casado, lanchonero, 

4 4 4 4 María Lansani, H id, oriental 

** María Larragíe, 24 id. francesa, casada. 
íl Guillermo López, 64 id. franc. casado, 

** Mari a Liscut, 40 id, francesa, casada, 

“ f< Casimiro Mttbeite, 24 id. italiano, soltero* 

* * Francisco Bardiñas, 22 id. español, soltero. 

" José Ierran, 18 id. español, soltero, jornalero- 
“ Catalina Otoneiíe, 49 id. italiana, viuda. 

benito N*... 2o id* italiano, soltero, marinero, 

1 * Un cadáver de hombre. 

‘‘ m José Besan^on, 28 anos, francés, easado, carpintero, 
Catalina Granduen, 8 id, italiana, 

“ María Ordoy, 50 id, francesa, casada. 

Carmen Lebrón, 45 id, oriental, soltera. 



25 Santiago Mondo, id. italiano, soltero, comeré, 
11 Ana Gaste! i, 57 id. francesa, casada. 

44 Mariana Musno, 45 iil. francesa, casada, 

44 Juan Calan, 20 id. francés, soltero, carnicero. 

4í Pedro Cisne, 30 id, francés, casado, jornalero. 

44 Alejandro Leal, 28 id, orient/ casado, militar. 

“ Santiago Basaragai, 15 id. 

4 * Pedro llamos. \ 34 id. oriental, casado, abogado. 
44 Francisco Milla, español, casado, zapatero. 

11 Emilia L. Calderón, 2 id. oriental, 
ft Santiago Echegaray, 13 id. francés. 

“ Bernardo Jauregui, 15 id. francés. 

** Domingo Garatcgui, 43 id, fránces* casado. 

<f Luis Sárracolch, 22 id, fránc. soltero, carpintero. 
14 Carlos Jacobo, 30 id, prusiano, casado, ebanista. 
11 Josefa Sodas, 43 id, francesa, viuda. 

44 Eugenio Devie, 16 id. francés, soltero. 

Domingo Lastre, 69 id. franc, soltero, carpintero 
44 Pedro Ciceros, 50 id. paraguayo» soltero, celador 
44 Juan Carliari, 5o id, francés, soltero, jornalero, 

4 4 Clemente Irumet, 22 id, francos; osado, 

26 José Larras, 25 id, español, casado, pescador. 

14 Clara Gal linares; 10 id, oriental. 

44 Juan Lamare* 14 id. oriental. 

44 Ana Dupuy,35 id. francesa, casada. 

44 Luisa Acosta, 54 id. oriental, viuda, 

14 Manuela Rodríguez, 28 id. española» casada. 

4 4 Romana Franco, 70 id. oriental, soliera. 

44 Gerónimo Arrecarte, 42 id. francos, 

4 4 María Olaborda, francesa, 

4f Pedro Bedagen, 28 id, francos, soltero, herrero, 

4 4 Rosa Pichilino, 16 id, italiana» soltera. 

44 JoséDaglio, 40 id, italiano, casado, cocinero. 

44 Antonio María Rocha, 60 id. español, casado. 



132 — 



líiA 27 Francisco Maca, 43 id* italiano* casado 
“ lt N. Presan ti, SOitL italiano* 

44 í£ Bal tazar Caaessa, 30 id* italiano, jornalero;; 
tl “ Cármen Costa 22 id. oriental, soltera. 
í4 ‘ ' Angela Cilio. 

íf c£ Teresa Bota de Sanguinctti, 40 id. italiana casada. 
w " Catalina Barrí nía, 36 id. italiana* 

¿í Andrés Casiaguur, 60 id* soltero, jornalero* ‘ 

“ 4¿ Aieibiiules Fernandez, 19 id- óríéiil; soltero, .comore* 
“ lí Felicia Mordió, 12 id. oriental. 

. 44 Pedro Dargáin, 31 id. francés, casado, albañil. 

44 4f Lorenzo Pernee, 17 id. español, cigarrero. 

“ tfc Juan Lurligm-s, 60 id. francés, soBcro* 

* ‘ “ Pedro Zapómíi, 20 id- frailees, soltero, jornalero 

4Í w mm MoliíVari, 34 id, italiano, ¿asado, guadañen). 

, María Vi la, 60 id,, italiana, viuda. 

* s ; // Pascual Pastolongo, 34 id* itaL solí, guadañero* 

" " Juan Langlois, 2-1/2 id* oriental. 

l * 44 Nicolasa Ponee dcNarizano, 45 id* oriental*, viuda, 

í( ÍÉ Pedro Coll, 28 id. español, casado, carpintero* 

“ Juan Cavano, 60 id* francos, casado, sastre. 

£ * fí Juan J, Bowers, 10. id. oriental* 

M 44 Angel Garabcnda, 18 id, italiano, soltero, changadme. 
“ Sí Luis Devi lie, 42 id. francés, soltero, carpintero. 

“ i£ Agustín Rubio, 25 id. italiano, soltero ¿ marinero. 
tf 44 Joaquín A rancho, 45 id* oriental, soltero, .militar. 

Enriqueta Hidecímip, 60 uL alemana, soltera. 

44 £i N. Casenave, francés. 

14 Juan Douton, 27 anos, francos; soltero, carnicero. 
i£ Joaquín Rama, 24 id. español, soltero, herrero. 

“ 41 JosáCavali. 35 id. italiano, casado. 

“ 28 Jmm EguL 36 id. frunces, casado. 

*"* bt Aut.ofii.na Bellos, 22 id. Argentina, soltera. 




# 



” 135 — 

DIA 28 María Rau, 62 i(l. francesa, soltera. 

” “ Augusto Premons, 51 id. francos, soltero, pintor. 

“ " Anacleta Ponce Nariano, 48 id. francesa, casada. 

« “ Juan GasiarusarU 22 id. francés, soltero, zapatero. 

“ “ Juan Arrict, 25 id. francés, soltero, curtidor. 

,[ tt Francisco Oliche, 12 id. oriental. 

“ “ Mariana Andrómina, 18 id. francesa, soltera. 

11 Juan Durant, 54 id. francés, casado, carpintero. 

<i “ Nicolás Manugnon, 24 id. ital. casado, i ancho ñero. 
“ “ Dionisio Lapit, 49 id. francesa, viuda. 

“ “ María Ujaldocbart, 40 id. francesa, viuda. 

“ " Virginia Sirisola, 50 id, italiana, soltera; 

“ “ Natividad Párodi, 40 id. oriental, viuda. 

“ ft Andrés Cabo, 50 id. italiano, casado, peón. 

“ « Natalia- Aiijer, 55 id. italiana, casada. 

* ! t! Luis Alemani, 22 id. italiano, soltero, contornante, 
“ Juan Pallara, 30 id. italiano, casado, peón. 
t! “ Ana Batll, 55 id. española, casada. 

“ “ Juan Bonome, 50 id. italiano, sollero. comcrciainc. 

“ “ José Berengo, 30 id. italiano, soltero. 

a << francisco Coria, 4/ id* -italiano, casado. 

<< “ Oscar D u tari, 12 id. francés. 

“ <■ - lianto n González, 47 id- español, casado, labrador. 

“ 111 Margarita Arvara, 65 id. italiana, viuda. 

<<■ “ Pedro Autol, 21 id. francés, soltero, jornalero. 

“ 29 Maria P. y Barreiro, 50 id. oriental, soltera. 

“ “ Juan Olivier, 72 id. francés, casado, lotero. 

11 Juan Cabot, 28 id. italiano, soltero, jornalero. 

»» •< Ignacio Patun, 50 id. español, casado, pescadoi. 

“ “ Pablo Poggc, 25 id. italiano, soltero, comer cían te. 

“ “ Claudio Monson, 58 id. italiano, soltero. 

“ “ Demetrio Illa, 19 id. oriental, soltero. 

“ “ Augusto Ricpiet, 42 id- francés, casado, barbe i o, 

“ Juana Yolino, 70 id, italiana, viada, 




2ít Juana Gracine, 53 id. francesa, soltera. 

" domingo Agitifre, 50 id. oriental, soltero, peón. 
Tomas Racamendi, 11 id. oriental. 

Manuel Sosa, 45 id, portugués, soltero. 

“ Vicente Piloyes, 42 id. italiano, soltero, carpintero 
Manuel Bruson, 41 id. italiano, casado, jornalero. 

“ Juan P. Mover, 27 id. francos, viudo, 

Mariana Casafon, 20 id. francesa, soltera. 

Un cadáver, español. 

J‘ Juan Daulio, 51 años, francés, soltero, cocinero. 

50 Catalina Elchavarni, 21 id. francesa, soltera. 

José Dujoul, 52 id. francés, viudo, zapatero. 

“ Mari a Duvouil, 67 id. francesa, soltera. 

Francisco Cuiistrotc, 41 id. español, casado, 
Celedonio Esnao.*, 49 id. español, viudo. 

Egerton Cleeve, 30 id. ingles, comerciante. 

“ Ei’uno Bal ai, 50 id. argentino, soltero, jornalero. 

“ Manuel, Grucínto, 7 id. oriental. 

“ Juan Muían, 50 id. italiano, soltero, jornalero. 
Santiago Cascnclli, 42 id. italiano, casado, marinero. 
Antonio Prado, 68 id. italiano, casado, changador, 
Juan B. Casavode, 58 id. francés, soltero, herrero! 
José Moglio, 55 id. italiano, casado, changador. 

José Amespils, 32 id. francés, soltero, zapatero. 

“ ,Tnaft Estueta (*) 29, id. francés, casado, helTcro. 

9Iayo de 185? 

1" Miguel Pecoche, 19 años, francés. 

Dolores Salvat, 22 id. oriental, soltera. 

‘ Juan Leseo t, 8 id. oriental. 

Celestino Real, 16 id. oriental. 

' Agustina V. de Giró, 6 id. oriental. 

Santiago Inverso, 46 id, italiano, casado, comeré. 



— 135 — 



DjA.l" Juan Bastan, 54 i ti. francés, soltero, carpintero. 

“ “ Jos/: Turro, 22 id. italiano, soltero, peón. 

“ “ Luis Dcleme, 41 id. francés, casado. 

" 2 Martin Auto anena, 22 id. francés, zapatero. 

*«* “ Miguel N., 50 id. francés, soltero, albañil. 
lf “ Santiago Bornes, 40 id. italiano, soltero., jornalero. 
“ “ Domingo Zambrano, 52 id. oriental, casado, militar. 
“ “ Francisco Benvenuto, 22 id. italiano, casado. 

“ 5 Juan Calgulioccn, 42 id, ingles, soltero. 

“ “ Miguel Anguel Eanó, 75 id. frane. viudo, carpintero. 
“ “ Manuel Pórtela, 51 id. español, casada, sereno. 

. *< “ Pedro Graciano, 54 id. francés, soltero, labrador. 

“ “ Severina Maciel, 46 id. oriental, soltera. 

“ 4 Juan Cuartíno, 58 id. italiano, militar. 

“ “ Antonio Satburs, 50 id. francés, soltero, sastre. 

“ ■“ Juan Devale, 23 id. italiano, soltero, 

, <<• “ Francisco Tuzo, 80 id. italiano, viudo, bronccro. 

“ “ Luis Ghanrrere, 56 id. francés, casado, zapatero. 

“ “ Longo a. Saint -Hilairc, 46 id. frane. soltero, jornalero. 
11 “ Lorenzo Granero, 45 id. italiano, casado, comerc. 

11 “ Juan El i s aval, 40 id. francés, soltero, peón. 

“ “Un cadáver. 

“ 5 Francisca Micbe, 32 id. francesa, casada. 

“ “ Félix Echevcrri, 68 id. francés, soltero, jornalero. 

“ “ Domingo Abadía, 48 id, francés, soltero, panadero. 
“ “ Lorenzo Su sen a, 55 id. italiano, casado, acerrador. 

“ 6 Podro Fcrraro, 24 id. italiano, soltero, jornalero. 

“ “ Lorenzo Vi bul, 4 id. francés. 

“ >■ Leontina Guillard, 44 id. francesa, soltera. 

“ “ Josefa Zub ¡llaga de Farias, 70 id. oriental casada, 

“ “ P.onifacia Callordadc Dios, 63 id. oriental, casada. 

“ “ Bernardo Casan ano, 23 id. frane. soltero, panadero. 

“ <■*' ¡Sicasio Porez, 10 id. oriental. 

“ “ Martin Eslicli¿ 48 id. francés, zapatero. 




— 136 — 



vía 7. Bernardo Marlirena. 45 id. -frunce casado, herrero. 

ÍÉr £4 Enrique N., 40 id. francés, casado. 

£í Isábel Fabian ¿ 50 id; francesa, casada. 

M “ Amonio Aberlina, 52 id, españ. soltero, comerc. 
fí [í Vicenta E* dePereíra, 45 id, oriental, viuda, 
p M -José Pcreira, 25 id, oriental, soltero, impresor. 

? • Alejandro Bonuver, 40 id, italiano, casado. 
íf 8 Juarj Ayzuguiy 36 id. español, soltero., comerciante, 
£¿ " Antonia Piano; 34 id. italiana, viuda. 

Juan Ftfsu, ‘íS.-.’íd^íVances, soltero, velero. 

Justa Hernández de Torihio/ 56 id. oríejit* cacada. 
Do m i n go ha Idu n v id e , 54 id, íranc , sol tero t jornal. 
Diego Granja, 40 id, ítah soltero, jornalero. 

Miguel Anjel Gallardo, 40 id, italiano viudo, 

Miguel Vilardobó, 40 id. orlen tj casado, numere. 
Manuel Sicar di, 45 íd. ital. soltero, dependiente, 
lose Benito Lamas, 70 id. oríent. Vicario Apostólico. 
“ ••CárlosXedtiCi 46 id. franc. casado, militar, 

Santiago Gadet, 2o íd. fraue. soliere^, jornalero. 

1 José Vidal de Ginesta; 48 id español, viudo, 

Mariana Bastan, 18 id. Iraneesa, soltera. 

£í Francisco' Irígaray, 21 id, franc. soltero, zapatero. 
Nicolás Bou orne, 56 id, italiano; soltero, carrero. 
Diego Desaso, 18 id. español, soltero, barbero, 
fí Joseía Graviota, 16 id, italiana, soltera, 

,V -PasciialiiiaLarnia, 57 id. francesa, casada, 

44 Ana P, JLacroix, Afi id, francesa, casada. 

“ Angel Martínez, 29 íd. españ, soltero, comerciante, 
Pedro Yagaliena, 3 id. oricntah 
Manuel Novas, 28 id. español, casado, 

£ % 'VBarlolonié Podes, 72id, i tai. casado, zapatero. 

^ José Larodl, 30 id, ital soltero, jornalero, 

Benito Silva, 56 id, empañó], casado, jornalero. 

36 José Bula >; 28 id, español, soltero, pulpero. 



i O María Locha, 25 años italiana, casada. 

“ .losé Posada, 48 id. español, casado, comerciante. 

“ Juana Hitatcgui, 14 i<l. oriental, soltera. 
m Santos Rossi , 25 id. ilal. soltero, aprobado eu exú. 

[meo general de derecho. 

“ Antonio Clemente, 56 id ilal. soltero, jornalero. 

“ José lloco. 48 id. italiano, soltero, puestero. 

“ Alejandro Bambaul, 25 id. franc soltero, sombrero. 
* ' Jesús Roséndi, 19 id. española, soltera. 

“ Violante Segundo. 

“ José Jamini, 44 id. italiano, soltero. 

« Bernardo Canobio, 50 id. ilal. soltero, guadañero. 

“ Fidel Curto. 28 id. italiano, solLero. 

“ José García, 55 id. espan. casado. 

11 Adolfo Masson, ,31 id. l’rauc. casado, comerciante, 
<< pedio Constan Roselin, 43 id. franc, cas. , carpiutei o. 
“ Juan Ilognon,46 id. ilal. casado, .jornálelo. 

“ Bíviana Segundo, 58 id. italiana, casada. 

“ José Bortio, 40 id. italiano, casado, zapatero, 



“ Joaquín Brun, 2 id. oriental. 

“ W. Pucisgur, 2 id. dances. 

•«. Ambrosio Santurtlur, 22 id. espan, soltero, depend. 
“ Carlota Sasen de la Masa, 47 id, oriental, viuda. 

*« Roseto Prospero, 28 id. italiano, soltero, sastre. 

2 Pedro Epiché, 25 id, francés, soltero. 

“ María Guesoi, 16 id. francesa, soltera. 



“ Anjcla Craviota, 10 id. italiana. 

“ María Eehaverne, 31 id. francesa, casada. 

“ Manuel Rivas, 17 id espaü. soltero, comerciante. 

15 Domingo Alonso, 52 id. español, soltero, comeré. 

“ Augusto Saint-Scrnin,-17 id. franc- soltero, zapatero. 
« Bcrnard Maguan, 71 id. francés, casado, sastre. 

Fermina Cruzado, 60 id. oriental, casada, 

“ Manuela Oso rio, 30 id. oriental, soltera, sirvienta. 

18 



— m — 



oía 1 d Cándido lionseñor, 5 años, oriental. 

“ “ María Barbi, 52 id. italiana, casada. 

“ “ Santiago Ma ¡atesta, 47 id. italiano, soltero. 

" “ í-eger Dhayerinas, 32 id, francés, soltero, jornalero, 
.'uan B. Podestá 22 id. italiano, soltero, jornalero. 
14 .luán Zanoleti, 62 id. italiano, casado, zapatero. 

“ “ Juana de la llosa, 26 id. orienta!, casada. 

“ “ Carlos Saníni, 50 id. italiano, casado. 

“ “ Juan Coniat, 50 id. ir anees, casado, panadero. 

“ “ Juan Butin, 64 id. italiano, jornalero. 

“lo Susana, Picut, 44 id. francesa , casada. 

" Beatriz Escobar, 26 id. oriental, casada. 

“ 16 Maria de León, 40 id. española, casada, 

Manuel Ana vitante, 58 id. oriental, casado, militar. 

“ ' “ ' I,ian Beeraiiger, 32 id. trances, casado, carpintero, 
“19 Rita Gínois; 16 id. oriental, soltera. 

20 .luán Benitos, 40 id. italiano, casado, mendigo. 

“ 21 Leonardo Caraba jal, 18 id. oriental, soltera." 

Pilar Falcon, 57 id. española, casada. 

22 Benjamín Conrado, 19 id. oriental, soltero, jornalero. 

Amaro Dabat, 22 id. francés, soltero, panadero. 

2o Manuel Yerga i, 22 id. oriental, soltero, agrimensor. 
“ “ Juan P ti gen, 15 id. oriental, 

‘ 24 Jaime Lúes, 2 id, oriental. 

“ “ Josefina Maturins, 49 id, francesa, casada. 

“ 2o Juana líastov, 50 id. francesa, viuda. 

Adelaida Sofia llernard, 6 1/2 id. francesa. 

“ " J«an Bartelemi, 26 id, francés, casado, panadero. 

“ 26 Juan Martin, 45 años, español, presbítero, 

“ Maria Guias lo na, 47 años, francesa, soltera. 

“ 27 Felipe García, 12 años, oriental. 

“ 28 Josefa Gabu, 5 años, oriental. 

29 Domingo Mogardino, 31 años, ¡tal. solí, jornalero. 

■>i’ Bernardo Pelin, 42 años, francés, casado, bastonero. 




día 30 Celestino Male, 35 años, italiano, casado, peón. 

** “ José Desfor, 37 años, español, viudo, carpintero, 

fí “ Bruna Acuña, 6o años, oriental, viuda . 

44 ¡í Rosa Villademoros, 67. años, oriental, casada. 
í£ £í Felipa Pueta, 52 años, francesa, casada. 

“ “ José Pote, 3d anos, italiano, soltero, changador. 

“ “ Juan B. Falcon, oO años, oríent. casado contércianíe. 

“ “ Margarita Casava, 28 años, francesa, viuda. 

“ 51 Emilio Gornaloza, 2 años, oriental. 

M í£ Margarita Jaurcgui, 28 años, francesa, casada* 

£í 44 Cornelia Ludneña, 42 años, oriental, viuda. 

«fuiiin de £85# 

di a i José S ca r o ni , 54 años, i tal ia n o , casado - 
“ 44 José Herrero, 23 años, español, soltero, jornalero. 

4£ Paulino Tricoma, 18 años, francos, soltero. 

(í -2 Lorenzo Larras, 25 anos, español, jornalero - 
“ 14 Catalina O'Ganad, 29 años, francesa, casada. 
íV í4 Pedro Gallardo, 40 años, español, casado, sastre. 

4i £ - Gentil Juarónu, 10 años, oriental. 

“ 5 Francisco Croq.\ 70 años, francés, casado, jornalero,. 
“ íf Luis Dentón, 18 años, italiano soltero, carpintero. 

“ 4 Carlos Rosígasela, 23 años, ital. soltero, jornalero. 

, “ 5 Nicolás Nieto, 65 años, oriental; viudo. 
í( “ Pablo Emilio Baile, 27 años, fran. soltero comerciante 
4 4 44 Luis Duease, 20 años, lances, soltero, panadero. 

4 4 6 Níseta Guiilot, 18 años, francesa, soltera. 

“ íc Manuela Ferez, 49 años, española* viuda. 

rc 7 Adolfo Germán, 22 años, aloman, soltero, tornero. 

<£ 9 Augusto Joubel, 48 años, franc, casado, peluquero. 
r ** 44 Pedro Trujillo, S años, oriental. 

fí 15 Felipe Pugcn, 18 años, oriental, soltero, carpintero. 



día 15 CArlos C&rpa, 50 anos, aloman, casado, 

“ 16 Miguel Farnez, 51 anos, español, casado, 
ie 24 Matilde Quifotoj 25 años, italiana, casada, 

“ 25 Antonio Aules¿\ 56 años, español, soltero, pianista. 



Según la lista precedente , lian fallecido de la epidemia c i> 



Montevideo y sus alrededores— 

En Marzo . .1 80 

En Abril 555 

En Máyo 152 

En Junio * . , : 25 



Suma total. . . . 888 



No nos hacemos solidarios de la exactitud numérica ni 
ortográfica de esta lista ; solo respondemos de su conformi- 
dad con los libros do la policía, que nos fueron facilitados y 
de donde fu hemos copiado. Sin embargo, cu aquel depar- 
lamento se nos ha asegurado que ella es exacta, salvo una 
que otra omisión indispensable en semejantes casos. 

No existiendo otra fuente mas verídica que ki policía pa 
ra averiguar la suma de la mortalidad, desde que sin su pa- 
peleta no se sepulta ningún cadáver, creemos que sus libros 
deben dar aquella exncta,— En caso contrario, está por de- 
mas decir que hacemos las de Pílalos. 



EPÍLOGO 

j Mime, Ttatücel, riiwres í 

La epidemia ha terminado; y después de tres meses de 
existencia, aun no se ha conseguido averiguar las verdade- 
ras causas que produjeron su desarrollo. En último resultado, 
se ha creído generalmente que son del todo locales. 

Húse fijado la vista en los focos de infección de la ciudad, 
en ios estanques de material podredumbre: pero nadie la 
ha alzado mas arriba!.... 

Y sin embargo, si penetraseis en las esferas morales, en 
la región del espíritu, hallaríais tal vez mas tango que en 
aquellos !.... hallaríais tal vez la causa providencial y verda- 

itera tic esc ftnjelo terrible!*,.. 

Na nos creáis fanáticos por eso. hs necesario ser ateo pa- 
ra no ver en ese azóte una influencia misteriosa, algo de 
equitativo y espía tono, que se escapa al escalpelo de la 
ciencia al practicar la anatomía del cadáver* porque existe 
en el espíritu* 

Si! la causa verdadera la encontrareis esplicadu en la 
corrupción moral, antes que en la corrupción material de 
nuestra atmósfera: en nuestro indiferentismo religioso, ori- 
gen de todos nuestros males; en nuestras guerras civdes, en 
nuestra mala política!..-. 

Tended la vista al pasado. 

¿Qué veis en él?.... 

¡Ignominia!:... Veinte y siete años de independencia, y 
veinte y cinco de ellos de discordia sacrilega y sangrienta ! 

Los principios de órden, de moral y religión arrastrados 
por el fango, parodiados por el caudillaje, pisoteados pol- 
los trenes de contiendas intestinas!,.^. 



No busquéis en ótra parle la causa. Ahí está ella palpi- 
tante de elocuencia. ííc oprobio y de corrupción ! 

Ahí esta ella incitando la cólera divina, el fulminante rayo 
de su justicia tremenda! 

Ahí está nuestro ¡ Mane, Thec/il Pitares ! 




Recorred los anales de la historia; buscad el origen de 
las terribles epidemias que han azotado á las naciones; echad 
la vista al pueblo hebreo: y veréis en cada una de aquellas 
calamidades ¡a punición terrífica del cielo, el castigo de la 
providencia ! 

N.o nos bagamos ilusiones. No busquemos en la tierra lo 
que tiene su orijen mas arriba. — Saniíiquemos el corazón y 
el espíritu, —que el suelo es fértil y sano, y la atmósfera 
rientc y despejada. Esos miasmas deletéreos que la pueblan 
de súbito y nos ahogan, no son mas que las turbias bocana- 
das de nuestras cínicas orgías. 

Pongamos término ai caos. 

Constituyamos la sociedad: consolidemos el orden, la re- 
ligión, la familia. 

Reconstruyamos el- templo del Señor: vivifiquemos las 
creencias, acatemos la moral del evangelio ! 

1 Postrémonos de rodillas, y doblemos nuestra insolente ca- 
beza con el peso de la contnccíou y el urrepen ti míen lo, an- 
te c! encono manifiesto de la divinidad ultrajada, que casti- 
ga con tan tremenda punición nuestra impiedad y escepti- 
cismo ! 

Solo así estaremos libres de los azotes epidémicos con que 
depura la corrupción de los pudrios la justiciera mano del 
Señor, 







APÉNDICE 



Hr* II* C. &tCMlio (Barón de Vid-Castel) 

Mi induljeiHísimp amigo: Las palabras amistosas coa que 
Y. se lia dignado anunciar la próxima aparición de mi folie- 
lo— Montevideo bajo el azote epidémico— e n los números del 
Comerció del Piala correspondientes al 10 y de Junio, me 
i leñan de con fusión. 

Francamente, amigo mió: aparte la gratitud profundísima 
que la indulgencia de esas palabras me merece, me disgus- 
ta el considerar que sus conceptos encomiásticos pueden 
llevar anticipadamente ai público una idea muy equivocada 
de mi humildísimo trabajo. 

Al hablar de él, antes de ver la luz pública, V. se ha de- 
jado arrastrar por su bondoso corazón , por la deferencia de 
que me ha dado ya mas de un público testimonio, sín pen- 
sar que podría ocasionarme la menor contrariedad; pero 
esa idea equivocada de que le hablo, me obliga a dirigir á 
Y. , y á las personas que hayan leído sus palabras, esta car» 
la: pues sentiría que se pudiera interpretar mi silencio como 
la aceptación de conceptos que nunca he merecido, y que 
estoy muy lejos de merecer con mi última producción. Im- 
pórtame, pues, desvanecer las erróneas suposiciones qu« 
puedan haber formado respecto á ésta los lectores del Co- 
mercio . 

Como lo digo en el prólogo, jamas he pretendido escribir 
la historia de la epidemia; es decir, la historia con todos 
sus importantes detalles, con sus apreciaciones científicas y 
filosóficas: esto está muy arriba de mi alcance. — Mi propó- 
sito nunca fescedió los límites de un opúsculo, de unos apun- 




— ÍU — 



tes ligeros y substanciales, do una r o vista, fugaz de esa so- 
berbia tragedia de que hemos sido espectadores, y en la que 
liemos visto luchar heroicamente los mas nobles sentimientos 
contra su atroz protagonista,— el flajelo! 

Mi objeto, — también lo digo en el prólogo, — se concreta á 
salvar del olvido esos bellos recuerdos, confundidos con las 
lágrimas del pueblo como gotas divinas de consuelo en su 
cáliz de amargura* —Éste pensamiento me pareció digno de 
realización; y aunque fuera yo el menos á propósito para lle- 
varlo á cabo, sus exhortaciones y las de otros tan indulgen- 
tes amigos á quienes lo manifesté, me decidieron á empren- 
der una tarea de que tal vez tendré que a rrep cutirme , aun- 
que agena de toda pretensión* 

Como si no fueran bastante mi insuficiencia y la pobreza 
de mis aptitudes para responder déla mediocridad de la obra, 
una catástrofe domestica vino á agriar mí corazón y á enlu- 
tar mi alma en medio del trabajo, influyendo para su mayor 
imperfección ! * * .. . 

Por consecuencia, espero que V. se dignará hacer de esta 
carta el uso qué me propongo, y sobre todo, que cumplirá 
oportunamente con 3á mayor severidad la promesa que hace 
al publico en el penúltimo párrafo de su artículo del sábado. 

Sin mas, tengo el gusto de repetirme su afectísimo servi- 
dor" y obsecuente amigo: 

.. V ; _. • . 

; r limadlo C* Fajardo. 

i f s ^mUftVulco, 27 tic jumo de ít¡57 



A MI I1SRMSA 

Da. Estefanía F§ai'd# (le Gúuco 

En oi correr de esa época de luto 
Cuyo solo recuerdo inspira horror, 

Tú también has pagado tu tributo, 
Hermana i de dolor í 

Tú también has vertido gota á gota 
Tu corazón en ligrimas do hiel; 

También has visto tu ventura rota 
Eu la existencia de ¿11 - . 

Tú también has bebido la cicuta 
De ese solemne y fúnebre festín ! * , * 
También la muerte con su mano hirsuta 
Puso ú tu dicha fin! 

Tus inocentes, párvulos quedaron 
Sin el apoyo del paterno amor ! . . - 
Ay ! solo aquellos que cual tú le amaron 
Comprenden tu dolor!,*. 

IVu lo dirá mi labio, hermana mía! 

Oh! no temas lo llegúe á profanar!*** 
Es para mí sagrado en demasía 
Tu corazón, — su altar. 



pero enjuga,' querida, enjuga el llanto 
Que devora tus párpados así! 

Aun , descorrido del futuro oí manto, 

Hav dicha para tu 



19 



— 146 — 



Esos frutos viciosos de tu sobo. 

Esos áage&s bellos de tu amor. 

Promesas son de un porvenir ameno, 
YeiUuras cu albor* 

Oh ! piensa, hermana, en su futuro; piensa 
En fjue, pasada su fugaz niñez. 

Ellos serán la dulce recompensa 
De tu precoz viudez. 

T ú sab e $ por demás, h e r nía na mí a , 

Que si el nombre de padre les % faltó ; 

Otros seres íc prueban á porfía 
Que la ternura, no ! n * . . 

Enjuga pues tus lagrimas, hermana ! 

Harto has llorado, desdichada, ya! *. P , 
Busca consuelos en la fe cristiana, 

Que pródiga los dá. 

Reemplaza el tierno conyugal afecto 
Por el sublime maternal amor, 

Y haz el maní no del deber perfecto 
Yunciendo tu dolor! , . * * 

Dios prueba así los ánimos que elijo 
Para bañarlos, en celeste luz * . * * 

Grandes dolores la justicia exijo 
Del que vuurió en la cruz! 

ÍL C, "F, 

Monlcvidco, 10 de Julio de 1857* 



SOCOmSOS A JIOA^KVIIMEO 

A mas de las cantidades enumeradas en el artículo espe- 
cial de este folleto, se lian recibido en Montevideo algunas 
otras donaciones en socorro de las clases ncccsUadas heri- 
das por el ilajelo , y se continúan recibiendo á la hora de 
salir á luz este opúsculo. 

Asi, el Sr. Gcfe Político de Tacuarembó ha puesto en 
manos del Presidente de la . .Sociedad de Beneficencia, con 
aquel objeto, dos mil cíenlo sesenta y nueve pesos, seis reales, 
producto de una suscricion levantada en su departamento. 

El de Minas remitió ú la misma Sociedad de Beneficencia, 
la cantidad de séscicnios cuarenta y tres pesos, ciento sesenta 
reís, por conducto del Ministerio de Gobierno. 

Las Sras- D 1 Ana J. de Suarcz y D a Dolores I>. de Aston* 
go enviaron á la Sociedad Filantrópica' óchenla y cinco pesos 
neis cíenlos cuarenta reis, producto de una suscricion levanta- 
da por eiias entre sus relaciones del Paso del Molino. 

El Cónsul Oriental en Buenos Aires, nuestro amigo D. 
Alejandro Magariños Cervantes, según el Nacional , ha remi- 
tido también últimamente una cantidad, que sentimos no 
recordar, como saldo de las suscriciones promovidas en 
aquella capital en auxilio de la nuestra. 



No debemos omitir aquí la suscricion iniciada en Monte- 
video por el Sr. I). Mateo Martínez para la construcción de 
50 carros destinados á la limpieza de las calles ; suscricion 
que ha tenido el mejor éxito y cuyos benéficos resultados 

esperamos se liarán sentir muy pronto* 

El Sr. Martínez so ha hecho también con este paso aci ce- 
do r ul reconocimiento de nuestros compatr iotas * 



US — 



Muchos otros nombres debieron! os recomendar al aprecio 
público por su conducta modesta y generosa en la época del 
flajelo ; pero por la milésima y última vez tenemos que Ja. 
mentarnos de Ja estrechez de un opúsculo, que no nos per- 
mite hacerlo. 

Sentimos ignorar d de un señor italiano que tiene pul- 
pería en Ja calle ele las Piedras, y que nos consta cerraba á 
cada paso su casa para ir en persona a asistir ú los indi- 
gentes que sabía eran heridos por la epidemia, 

Rasgos de abnegación como los de este hombre nos so- 
brarían para llenar tantas paginas como las que tiene este 
folleto. 



t 






ÍNDICE 



Al Si, 0, Juan Ramón Gómez ........... 

Esplicacíou ;. . - 

Adioses del placer 

El azote - . . 

Pánioo.-^Fuga ..... . . . . ■ . 

El Hospital de Caridad.- 

Los ángeles del consuelo . . . . 

Los médicos 

La relijion y sus ministrosj 

Las sociedades masónicas. . . . 

La Junta Económico- Administráis va . . ... 

Socorros á Montevideo 

Gratitud al pueblo de Buenos Aires ( poesía ) . . 

Espíritu de la prensa 

Los Mártires del Debek 



x 

, Vi! 

. 9 

. 12 
. 15 

. 18 
. 22 
. 29 

. 52 

. 34 
. 42 

. 49 

. 55 
. 58 



í— Ei0r. 0. Teodoro M. Viiardebó OI 

n-MSl Dr. 0. Max* rni ¡ ¡ano RymaM&wicz ...... 68 

IB— Su S“ Rustrí sima'^ Rev 1 0. José Benito Sarnas . 71 



Los Mártires del Egoísmo 



Federico y Jiosa Cubot 

Preámbulo 

1 • 

H 

DI ■ 

IV - • 

V 

Vi . - . 

VII 



. . 79 

. . SI 

. . Id. 

. . 83 

. . 86 
. . 88 
. . 90 
. . 93 




Epílogo 

Un padre sin corazón ( poesía ) . . . . 

Funerales de los hermanos Cabot. . 

Estadística mortuoria, ó lista exacta de todas las 
son as fallecidas de la epidemia y 
cementerio de Montevideo, según datos 
Epílogo — ¡Mane, Thceel, Pitares! 



Apéndice 

A C. Stenio (Barón de Viel-Castél 
A l) a Estefanía F. de Cuneo. 
Socorros ú Montevideo, &a. 



NOMINA 



De lw> personas que se han 



HOMBRES EJEMPLARES 



Julio Mendevilie. . 1 

Carolina Je Memleville , * 1 

Manuel Diago , , 1 

Julio Buero , -* , , , , * * 1 

Pedro Aldeéoa 1 

Bartolomé OdicinL , , , » 4 

Ramón Mora, i 

Florencio Madero . , , , .1 

Salvador Ton i 

Pedro Las t arria Vi 

Pedro Tuboras. . „ * * , 1 

Ignacio Re iba ud, . * , ,v 1 



Domingo Fernandez, , , . 1 
bies López de Regules , « 1 
Indalecio Bengochea* , , . 1 
Luis Golzier, * * ,V * * * 1 



José Marios , : . „ , . , , 1 
Adolfo D. Cabrejo. , , , v 1 

Juan P. Yila - , V 1 

G. Taborda 

losé Cu rb ello. . . .V, , 14 
José M. Paez i 

Juan Pedro Goyencclie , , 1 

José Codesido 1 

M, F, P. 2 

F. J, Paúlier. *.**,,, 1 
Domingo Y, González . . , 9 
PabloJCasanave, hijo . , , 1 

Ramón Escarsa 1 

Francisco Janreguy , , * 1 
Manuel Sastre . - , , , . , 1 



suscrito á esta ,obra antes de Mr 



NOMBRES EJEMPLARES 



Luis Bonon 2 

José M. Árbolella . , > . , 1 
Pilar Cuebas de Rósete . . 3 
Cárlos Narizano, , ( .*^T 
Pablo Goycna 1 

Juan Sania María 1 

José Ferreira Godino , , , 1 
E* D, Caminada 1 

Ildefonso Garda Lagos . , 1 
Santiago Villegas , * V . . f 

José C, Bustamauie, , . , 4 

Antonio Rodríguez, *... 4 

Leandro Gómez J . , . ,2 

José E Azaróla í 

Víctor Olave, . 1 

Federico Mundial , , / , ' * 1 

Nicolás Pozolo, . 4 

Teodoro Silva . V i 

Marcelino Mezquita, . . . 1 
Lorenzo Fernandez , * . .1 
Luís G, Arboleda 
Estovan Arnolfi i 

Martín Pallares 1 

José Marino . . , 4 

Antonio Díaz {hijo} * , , , 4 

Manuel Rubio 1 

Luis Morona tí, 4 

Eugenio Braun 1 

B, Vázquez ♦ , . i 

Félix Ibarra i 



José Vázquez Sagas turne . 1 



la luz pública. 



' Vicente Segundo , . , . f i 

M. Carreras, , : \ 

José M. Cruz. . , , .. . * i 
Jaime Castelís. . .‘ / , , 1 
Barnardo Molían , , . , , í 
Cál men García de Albístur 4 

-Juan E. Home 1 

Carlos Fjerreira ........ I 

Juan Blandí et. . É , . , i 

José M, Echeverri .... 'i 

Juan Tímele i 

Ramiro dé' las Carreras , i 
Leopoldo Machado . . í, j 
■L M. Somalo. .V . * . í 
Luís Antuiia. . . . i 

José M. BurneL i 

Sinlronio Magariños. r , i 
Fernando íiuart. i 



Rafael Gallego . . . . i 

Ceferino Nieto 2 

Anjela Suero , , , . . • i 

Martin Reirey, / . 2 

Bartolomé Noce . V V ", í 
Juan J # Copien sóro . / , i 
Juan O’Léan . .J . , . . % 
Luis Magannos Corvan ji$s i 
Juan Madera , . i 2 

Manuel Siiarcz. V i 

Adolfo Lárigaénbejín * . i 



Adobo Bnmel i 

José Benito Cruzo s , . . . 5 
Pedro de Ir asunta . . , . t 
\ José B, Gomensoro. , , . 2 

Francisco Acosta 1 

Antonio Freire 1 

José Alaría Reyes. . . * . í 
Julio , Reyes 4 

César Reyes. . . V* , 1 
Timoteo H. Rodríguez. * 4 
Francisco A* de Fig aerea í 
Enrique Gradin ...... 4 

Saturnino A. Calo , , a , l 
Adolfo Yaiiíant 
Pedro Ximcno. 4 

Febrero Eslevcjs; ..... i 

Enrique Cosía* 

Hilario Rolal í 

losé A. Maciel r , . . . . 5 
•Gárlós h Maciel ..... 4 

Lino Maciel . . _ . . , . , :t 

N. 0>er . . . . . 4 

Servando Pagóla , i 

Jaime Iba, hijo ...... 4 

Tubo Poidson . i 

Juan S, Bardou . , , .. . i 
Joaquín H„ Moreno , , . . i 
Pedro Yiladecants. * ... 2 



Francisco Grindou . , . E 1 








ADVERTENCIA 



Para las personas inscriptas en la. lista publícala al fin 
de este folleto, su precio será un patacón, corno se anun- 
ció antes de ver la luz pública. 

A los que no se hayan suscrito en aquel período, costara 

DOCE REALES* 

Se ha hecho este pequeño aumento en el preció, por el 
que se dio á !a obra insertando en eHá la es tensa nómina de 
todas las víctimas de la epidemia, en vez de una breve es- 
tadística mortuoria como su autor se proponía al anunciar 
eJ folleto. . 

Comprado por docena, se hará una rebaja pro porción al 
en el preció* En este caso hay que entenderse con el au- 
tor directamente.